Dos huevos, harina leudante, aceite y una taza de leche. Con eso y un par de cuidados en el horno sale un bizcochuelo húmedo, liviano y listo para la merienda.
Con dos huevos, una taza de leche, una de azúcar y dos de harina leudante se arma un bizcochuelo. simple que se puede hacer en casa. No lleva manteca ni batidora eléctrica, y la miga sale tierna igual.
Es el que se hacía para la merienda de los domingos, el que se partía al medio para rellenar con dulce de leche o el que terminaba siendo la base de la torta de cumpleaños.La clave está en el aceite. En lugar de la manteca, que endurece cuando el bizcochuelo se enfría, el aceite mantiene la humedad durante días. Y la harina leudante hace el resto: no hace falta batir las claras a nieve ni separar los huevos para conseguir una miga aireada.
La base admite casi cualquier cambio. Se puede perfumar con ralladura de limón o de naranja, o reforzar la vainilla, y también sumarle chips de chocolate, frutos secos o cacao a la mezcla. Algunas versiones reemplazan parte de la leche por jugo de naranja, que suma humedad y un sabor más cítrico.
Frío y cortado al medio, funciona como base de tortas rellenas con crema, dulce de leche o mermelada. Solo, con mate, también.