Con pocos ingredientes y en simples pasos, una preparación casera para aprovechar el tomate de estación en su versión más dulce y natural.
Cuando el tomate está en temporada no hay excusas. Rojo intenso, perfume fresco, piel firme y pulpa jugosa. Es el momento ideal para llevarlo a la cocina y sacarlo del clásico lugar de ensaladas y salsas. Porque sí: el tomate también puede convertirse en un postre inolvidable.
En Argentina estamos acostumbrados a usarlo en preparaciones saladas, pero su dulzor natural —cuando está bien maduro— permite transformarlo en una receta distinta, económica y rendidora. Ideal para acompañar tostadas, sumar a una tabla de quesos o incluso rellenar una tarta dulce.
Hablamos del dulce de tomate casero. Una preparación simple, de esas que se hacen sin demasiada técnica y con ingredientes que seguro ya están en casa.
Como en casi todas las recetas nobles, todo empieza por el producto. Elegí tomates bien maduros, de estación, preferentemente perita o redondos carnosos. Cuanto más rojos y fragantes, mejor resultado vas a tener.
No hace falta que sean perfectos de verdulería boutique. Si están apenas marcados o muy maduros, incluso mejor: concentran más azúcar natural y eso ayuda a lograr textura y sabor.
1 kilo de tomates maduros
500 gramos de azúcar
Jugo de medio limón
Opcional: una chaucha de vainilla o un clavo de olor
Nada más. Así de simple.
Primero, lavá bien los tomates. Haceles un pequeño corte en cruz en la base y escaldalos en agua hirviendo durante uno o dos minutos. Después pasalos a un recipiente con agua fría. Este paso facilita pelarlos sin esfuerzo.
Una vez pelados, retirales las semillas si querés una textura más fina, aunque no es obligatorio. Cortalos en cubos pequeños.
Colocalos en una olla amplia junto con el azúcar y el jugo de limón. Mezclá y dejá reposar unos 20 o 30 minutos para que el tomate largue su jugo y el azúcar comience a disolverse.
Llevá la olla a fuego medio y comenzá la cocción. Al principio va a parecer muy líquido, pero con el correr de los minutos el preparado va a espesar. Revolvé cada tanto para evitar que se pegue.
Si decidís sumar vainilla o clavo de olor, este es el momento.
La cocción puede tardar entre 45 minutos y una hora, dependiendo del contenido de agua del tomate. Sabés que está listo cuando la preparación toma consistencia de mermelada y, al pasar la cuchara por el fondo, podés ver el metal unos segundos antes de que el dulce vuelva a unirse.
Retirá del fuego y, si querés una textura más lisa, podés procesarlo apenas con mixer. No es obligatorio: el encanto del dulce casero también está en sus pequeñas irregularidades.
Si lo vas a consumir en pocos días, simplemente guardalo en un frasco limpio en la heladera. Dura perfectamente una semana.
Si querés conservarlo por más tiempo, esterilizá los frascos y envasá el dulce aún caliente. Cerrá bien y colocalos boca abajo hasta que enfríen. Eso ayuda a generar vacío natural.
El dulce de tomate combina increíble con queso cremoso, pategrás o un buen queso de cabra. También es un gran aliado para rellenar facturas caseras o untar en una tostada de pan de campo con manteca.
Otra opción interesante es usarlo como base para una tarta dulce rústica, acompañado de frutos secos. Incluso puede convertirse en un regalo casero, de esos que tienen más valor que cualquier producto industrial.
Hay algo en las recetas de olla y cuchara de madera que conecta con otra época. El dulce de tomate tiene ese aire de cocina de abuela, de verano largo y sobremesas eternas.
En tiempos donde buscamos volver a lo simple y aprovechar lo que da la estación, este tipo de preparaciones recupera protagonismo. No requiere técnicas complejas ni utensilios sofisticados. Solo tiempo, paciencia y buenos tomates.
La próxima vez que pases por la verdulería y veas esos cajones rojos explotando de color, acordate: el tomate no es solo salsa y ensalada. También puede ser postre. Y uno muy rico.