Pera caramelizada en sartén: el postre simple que celebra la cosecha del Alto Valle
Con manteca, canela y un toque cítrico, esta receta exprés transforma una pera madura en un postre tibio, aromático y bien patagónico.
La pera es una de las grandes protagonistas productivas de nuestra región. Río Negro y Neuquén concentran buena parte de la producción nacional y, cuando llega la cosecha, la fruta aparece en verdulerías, ferias y mercados con una calidad difícil de igualar. Consumirla en temporada no solo es más económico: también es más sabroso.
Pero además de comerla fresca, recién lavada y crocante, hay mil maneras de disfrutarla. Una de las más simples —y efectivas— es dorarla apenas en sartén y convertirla en un postre tibio, aromático y elegante, ideal para cerrar una comida sin complicaciones.
Atravesamos febrero como una flecha y en las chacras del Alto Valle la escena se repite: cajones que se llenan, manos que cosechan y peras que explotan de madurez en los árboles. Es tiempo de fruta fresca, jugosa, fragante. Y si hay una manera noble y deliciosa de acompañar ese momento, es llevándola a la cocina.
Antes de meternos en la receta, vale la pena detenerse un segundo en sus características. La pera es una fruta rica en agua (más del 80% de su composición), lo que la hace liviana y refrescante. Aporta fibra —sobre todo en la piel—, vitamina C, potasio y antioxidantes naturales. Es digestiva, suave al paladar y versátil: funciona tanto en preparaciones dulces como saladas. Va bien en ensaladas con hojas amargas, en tartas, en compotas, en chutneys para carnes o, como en este caso, en un postre rápido que resalta su dulzor natural.
Otro dato importante: la pera no siempre madura en el árbol. Muchas veces se cosecha apenas firme y termina de madurar fuera, por eso es clave elegirlas bien. ¿Cómo saber si está lista? Presionando suavemente el cuello, cerca del cabito. Si cede apenas, está en su punto justo.
Ahora sí, vamos a la cocina.
Ingredientes para la pera caramelizada
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1 pera grande y madura
1 cucharadita de manteca
Canela en polvo, a gusto
Ralladura de limón
1 cucharada de crema (puede reemplazarse por yogur natural)
1 cucharada de queso mascarpone
1 ramita de tomillo fresco o unas hojitas de menta
Paso a paso
Lavar muy bien la pera. Si es de producción agroecológica o de confianza, podés dejarle la piel: ahí está buena parte de la fibra y el sabor. Cortarla en gajos, retirando las semillas.
Calentar una sartén a fuego medio y agregar la manteca. Cuando se derrita, incorporar los gajos de pera. Dejarlos quietos unos minutos hasta que se doren de un lado. La idea no es que se desarmen, sino que se caramelicen levemente con sus propios azúcares naturales. Dar vuelta y repetir del otro lado. Una vez dorados, apagar el fuego y reservar.
En un bowl, batir a medio punto la crema junto con el mascarpone hasta lograr una textura aireada pero firme. Si usás yogur natural, el resultado será más fresco y liviano, ideal para días de calor.
Para el emplatado, disponer los gajos tibios en un plato. Agregar por encima un poco de ralladura de limón para aportar frescura y contraste. Sumar una cucharada generosa de la mezcla de crema y queso. Espolvorear con canela y terminar con una hojita de menta o un pequeño brote de tomillo fresco.
Y listo. En pocos minutos, una fruta de estación se transforma en un postre delicado, aromático y con identidad regional.
La magia está en la combinación: el dulzor natural de la pera caliente, el perfume especiado de la canela, la frescura del limón y la cremosidad del mascarpone. Si querés ir un paso más allá, podés agregar unas nueces tostadas picadas o un hilo de miel.
Cocinar con fruta de estación es, también, una forma de contar quiénes somos. En el Alto Valle, la pera no es solo un cultivo: es paisaje, es trabajo, es economía regional y es cultura gastronómica. Y a veces, alcanza con una sartén, un poco de manteca y cinco minutos para celebrarla como se merece.
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