Fuego fuerte para la entraña, fuego medio para el queso y nada de apuro con la provoletera. Cómo lograr carne jugosa y cómo obtener una provoleta con costra.
La entraña se hace en seis minutos y la provoleta en menos de diez. Por eso es la dupla que resuelve un asado de último momento: no hace falta prender el fuego dos horas antes ni planificar cortes que piden cocción larga. Mientras el queso burbujea en la provoletera y se reparte con pan, la carne pasa por la parrilla y llega a la mesa casi al mismo tiempo.
Es un corte fino y fibroso que sale del diafragma de la vaca, con sabor intenso y bastante grasa infiltrada. Se defiende sola con sal: no pide marinados largos ni adobos pesados. Funciona en parrilla, plancha, sartén o chapa, y en todos los casos la regla es la misma: fuego fuerte y tiempo corto.
La entraña tiene una telita, la membrana, en uno de sus lados. Hay quienes la dejan y quienes la sacan.
Si cuesta sacarla en casa, el carnicero la deja lista en un minuto.
Ingredientes:
Cocción:
El error más común es dejarla de más “por las dudas”. Pasada, la entraña se seca y se vuelve chiclosa.
Siempre contra la fibra, en tiras finas y en diagonal. Al cortar las fibras largas del músculo, incluso una entraña más firme se siente tierna en el bocado.
Es lo primero que sale de la parrilla y lo que junta a todos alrededor del fuego con un pedazo de pan en la mano, mientras la carne todavía se está haciendo.
Lo más importante es no moverla. Hay que dejarla quieta hasta que haga costra abajo y burbujee arriba.
Para una versión más completa y más fresca, ideal para los días de calor:
Para que la entraña con provoleta sea una comida completa: