Una masa simple, hecha en casa, y tres rellenos que sirven para cualquier día de la semana.
La tarta es de esas comidas que están siempre a mano en cualquier casa argentina. Rinde, es rápida y sirve lo mismo para el almuerzo de un martes que para una cena sin muchas pretensiones.Lo que cambia todo, en general, es la masa. Hacerla vos mismo no es difícil, y tiene una ventaja concreta: elegís qué le ponés y la ajustás como más te guste.
Una masa casera bien hecha queda crocante afuera y tierna adentro, algo que casi nunca consiguen las que vienen listas, después está el juego de siempre: cambiar la harina, sumar integral, poner más o menos grasa según si la querés más liviana, más hojaldrada o directamente rústica.
Con estos ingredientes alcanza para una masa fácil de manejar, que sirve tanto para tartas saladas simples como para versiones más elaboradas.
Arrancá poniendo la harina y la sal en un bol grande. Sumá la manteca fría y desarmala con las manos o con un cornet, hasta que quede integrada con la harina pero sin derretirse. Tiene que quedar como arenosa: eso es lo que después da la textura crocante.
Agregá el huevo y seguí mezclando hasta que la masa empiece a tomar forma. Si ves que queda seca, sumá agua fría de a cucharadas, hasta lograr una masa suave que no se pegue en las manos.
Después, sacala del bol y amasá apenas, lo justo para unir todo. No conviene pasarse acá, porque si se trabaja de más pierde esa ternura. Formá un bollo, envolvelo en film y dejalo descansar en la heladera unos 30 minutos.
Con la masa fría, estirala sobre la mesada enharinada hasta el tamaño del molde. Acomodá bien los bordes y, antes de meterla al horno, pinchá el fondo varias veces con un tenedor para que no se infle.
Si el relleno que pensás usar es húmedo o lleva poca cocción, conviene prehornear la base. Se cubre con papel aluminio y algo de peso —legumbres secas o bolitas de cerámica sirven— y va a horno precalentado a 180 °C entre 10 y 12 minutos. Se saca el peso y se deja 5 minutos más, hasta que dore un poco.
Con la masa lista, ahí empieza lo divertido. Van tres opciones que rinden para distintos momentos de la semana.
Es la combinación de la que nadie se queja. Sirve para salir del paso cualquier día.
Ingredientes:
Preparación: sobre la masa ya prehorneada, poné primero el jamón y el queso en fetas. Arriba, los tomates en rodajas. Espolvoreá orégano y un chorrito de aceite de oliva, y llevá al horno hasta que el queso funda y la masa quede bien dorada.
Más liviana, va bien con una ensalada al lado.
Ingredientes:
Preparación: mezclá la espinaca picada con la ricota, el huevo y el queso rallado. Condimentá con sal, pimienta y un poco de nuez moscada. Rellená la masa con esto y horneá a 180 °C unos 30 minutos, hasta que esté firme y dorada.
Para cuando querés algo un poco distinto, con ese contraste entre dulce y salado.
Ingredientes:
Preparación: caramelizá la cebolla a fuego bajo con sal y azúcar. Cuando esté dorada, desglasá con el vino blanco y cociná hasta que se evapore el líquido. Repartila sobre la masa y desmenuzá el queso de cabra encima. Horneá unos 20 minutos más, hasta que los bordes queden crocantes.