Crocantes, sabrosas y distintas, estas milanesas de gírgolas son fáciles de hacer y una gran opción para sumar vegetales con mucho sabor.
Hay recetas que aparecen para romper la rutina. Para correr un poco el eje sin complicarse y seguir comiendo rico. Las milanesas de gírgolas van por ese camino: conocidas, pero diferentes.
Porque mantienen todo lo que funciona de una milanesa —crocancia, textura, ese ida y vuelta con el pan— pero cambian el protagonista. Y ahí es donde pasa algo interesante.
Las gírgolas tienen carácter, absorben bien los sabores y responden perfecto a la fritura. El resultado es un bocado liviano, sabroso y con identidad propia, comprobalo en esta receta .
En un recipiente, colocar el pan rallado y sumar la ralladura para darle un plus de aroma.
Por otro lado, picar el ajo y el perejil bien chico, mezclarlos con los huevos y condimentar con sal y pimienta.
Pasar las gírgolas por la mezcla de huevo y luego empanarlas. Reservar.
Hidratar los tomates secos en agua caliente hasta que estén blandos. Después procesarlos con un poco de ajo, perejil y aceite de oliva hasta obtener una salsa.
Calentar aceite en una sartén y freír las milanesas. Cuando estén doradas de un lado, darlas vuelta. Retirar y llevar a papel absorbente.
Armar el sándwich: pan, mayonesa, hojas verdes, la milanesa y la salsa. Cerrar y servir.
La clave está en no sobrecargar las gírgolas. Son delicadas, así que el empanado tiene que acompañar sin tapar.
También podés jugar con el pan rallado: sumar panko o copos triturados para darle más textura.
Las gírgolas generan curiosidad. Están ahí, en la verdulería o el mercado, pero muchas veces no sabemos qué hacer con ellas. Y eso hace que queden afuera de la cocina cotidiana.
Sin embargo, son versátiles, sabrosas y fáciles de trabajar. En formato milanesa, entran directo en el repertorio clásico, pero con una vuelta distinta.
Y ahí aparece lo interesante: cocinar algo conocido, pero con otro lenguaje.