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Pasta frola de membrillo: la receta clásica argentina para la merienda de siempre

Masa quebrada con limón y vainilla, relleno de membrillo y el clásico enrejado: la pasta frola de siempre, la que nunca falla en la merienda.

La pasta frola de mebrillo lleva una masa arenosa con perfume a limón y vainilla, un relleno de dulce de membrillo y ese enrejado de tiras cruzadas que la distingue de cualquier otra tarta dulce. Ningún ingrediente es difícil de conseguir y, sin embargo, hay pocas recetas donde el detalle en la ejecución se note tanto como en esta.

La pasta frola llegó a estas costas con la inmigración italiana de fines del siglo XIX, como una adaptación de la crostata. Los inmigrantes trajeron la técnica —masa quebrada, relleno de fruta, tiras cruzadas por encima— y acá se terminó de arraigar con un ingrediente bien nuestro: el dulce de membrillo, que en Italia no existía de la misma forma. Con el tiempo dejó de ser un postre "de inmigrantes" para convertirse en uno de los íconos de la merienda argentina, el que aparece en cualquier panadería de barrio junto al pan dulce y las facturas, y el que no falta en casa de abuela un domingo a la tarde.

Fácil y deliciosa esta receta de pasta frola.

Cómo hacer una pasta frola de membrillo

Ingredientes

Para la masa:

  • 500 gramos de harina 0000
  • 200 gramos de manteca fría
  • 150 gramos de azúcar
  • 2 huevos
  • Ralladura de 1 limón
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 pizca de sal

Para el relleno:

  • 500 gramos de dulce de membrillo
  • 1/4 taza de agua o jugo de naranja

La masa

Mezclo la harina, el azúcar y la sal en un bowl grande. Incorporo la manteca fría cortada en cubos y la trabajo con la punta de los dedos, sin apretar de más, hasta lograr una textura arenosa, como de migas gruesas. Este paso es el que define si la masa queda tierna o dura: cuanto menos se calienta la manteca con las manos, mejor.

Sumo los huevos, la ralladura de limón y la esencia de vainilla, y uno todo lo justo y necesario para que tome forma de bollo. Nada de amasar de más: la pasta frola no necesita desarrollar gluten, al contrario, cuanto menos se trabaja, más se desarma en la boca. Envuelvo el bollo y lo llevo a la heladera un mínimo de 30 minutos. Ese descanso relaja la masa y hace que después sea mucho más fácil de estirar sin que se rompa.

El relleno

Mientras la masa descansa, preparo el relleno. Corto el dulce de membrillo en cubos y lo cocino a fuego bajo con el agua o el jugo de naranja, revolviendo cada tanto, hasta que se deshaga y quede una consistencia cremosa, fácil de untar. El toque cítrico no es un capricho: corta un poco el dulzor del membrillo y le da más profundidad de sabor a todo el relleno. Si el dulce ya viene bastante blando, con dos o tres minutos de cocción alcanza; si está muy compacto, conviene darle más tiempo a fuego bajo para que no queden trozos duros dentro de la tarta.

El armado y la cocción

Divido la masa fría en dos porciones, una más grande que la otra. Con la porción grande forro la base y los bordes de un molde enmantecado, presionando bien para que no queden espacios de aire. Distribuyo el relleno de membrillo de manera pareja sobre toda la superficie.

Con la porción más chica de masa armo el enrejado clásico: tiras parejas, cruzadas en diagonal, que dejan ver el relleno entre los espacios. Es el paso que más tiempo lleva, pero también el que le da identidad a la tarta, así que vale la pena tomárselo con calma en vez de apurarlo. No hace falta que el enrejado sea perfecto ni que las tiras midan exactamente lo mismo: la pasta frola casera se reconoce justamente por esa imperfección, muy distinta del enrejado industrial parejo de las que se compran hechas.

Llevo la pasta frola al horno precalentado a 180°C durante 30 a 35 minutos, hasta que la masa tome un dorado parejo, tanto en el enrejado como en los bordes. La dejo enfriar completamente antes de cortarla: si se corta caliente, el relleno todavía está líquido y se desarma todo.

Por qué sigue siendo un clásico

No hace falta reinventar la pasta frola para que funcione. La combinación de masa quebrada, cítricos y membrillo ya está resuelta hace más de un siglo, y cambiarla demasiado es perder lo que la hace reconocible en cualquier mesa. Lo único que realmente importa es respetar los tiempos: manteca fría, masa poco trabajada, buen descanso en la heladera.

En casa la sirvo tibia, apenas salida del horno, o directamente al día siguiente, que es cuando el relleno terminó de asentar y los sabores se mezclaron mejor. Se conserva perfectamente bien tapada, a temperatura ambiente, durante tres o cuatro días, así que conviene hacer una entera y no una porción para una sola merienda. Con mate o con café, a la tarde, sigue siendo de las meriendas que más se piden, y de las pocas recetas caseras que se mantienen prácticamente iguales desde que llegaron a este lado del océano.

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