Con las primeras frutillas de la temporada llegan las combinaciones más simples. Qué aporta cada ingrediente y cómo prepararlos.
Una taza de frutillas tiene más vitamina C que una naranja mediana, poca azúcar y bastante fibra. Con eso alcanza para justificar que aparezcan en la licuadora apenas empieza el calor, sin necesidad de prometer milagros. En el Alto Valle la temporada se estira desde fines de la primavera hasta entrado el verano, y es el momento en que están más baratas, más dulces y más maduras.
Durante años estas preparaciones se vendieron como “jugos detox”, capaces de eliminar toxinas y depurar el cuerpo. Esa función ya la cumplen el hígado y los riñones, y ningún vaso de fruta la reemplaza ni la acelera. Lo que sí hace un licuado bien armado es otra cosa, más modesta y más real: hidrata, suma fruta y verdura a la dieta y, a diferencia de un jugo colado, conserva la fibra.
Esa diferencia importa. Un jugo exprimido o colado deja el azúcar de la fruta y se queda sin la parte que da saciedad. El licuado entero mantiene la pulpa y por eso llena más.
Las frutillas se lavan con el cabito puesto y recién después se les saca. Si se cortan antes, absorben agua y pierden sabor. Si están muy maduras, mejor: son las más dulces y permiten no agregar nada.
Un truco que sirve para las tres recetas: congelar las frutillas cortadas de antemano y usarlas en lugar del hielo. El licuado queda frío y más espeso, sin aguarse.
El más liviano de los tres. El pepino es casi todo agua y le da al vaso una frescura vegetal que funciona muy bien en los días de mucho calor.
Rinde: 1 vaso grande
Ingredientes
Preparación
El secreto: la menta va también adentro de la licuadora, dos o tres hojas. Arriba decora; adentro perfuma.
La acidez de la manzana verde equilibra el dulzor de la frutilla, y el jengibre agrega un picor que despierta. Funciona bien a la mañana.
Rinde: 1 vaso grande
Ingredientes
Preparación
El secreto: el jengibre se mide de a poco. Un centímetro es una referencia; conviene empezar con menos, probar y agregar.
El agua de coco suma potasio y un fondo dulce, pero el agua común funciona igual de bien y sale bastante más barata.
El más espeso y el de color más intenso. La zanahoria aporta betacaroteno, que el cuerpo transforma en vitamina A, y la naranja refuerza la vitamina C de la frutilla.
Rinde: 1 vaso grande
Ingredientes
Preparación
El secreto: la zanahoria cruda es dura y muchas licuadoras hogareñas no la terminan de deshacer. Rallada, el licuado queda liso y sin hilachas.
Los tres se toman recién hechos. Con el paso de las horas la fruta se oxida, el color se apaga y la vitamina C se pierde de a poco. Si sobra, va a la heladera en un frasco bien cerrado y conviene tomarlo en el día.
Un licuado puede ser un desayuno liviano, una colación a media tarde o algo fresco para después de una caminata. No reemplaza una comida ni una alimentación variada. Es, sobre todo, una buena manera de aprovechar la fruta de estación cuando está en su mejor momento.