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La Mañana

El «Malevo» Ferreyra se suicidó frente a las cámaras de televisión

El ex comisario tucumano estaba cercado por Gendarmería y se disparó mientras daba una entrevista a un canal de cable. Lo buscaban por crímenes de lesa humanidad.
El Comfer realizará una denuncia por la transmisión de las imágenes televisivas durante el horario de protección al menor.

San Miguel de Tucumán (NA) > El ex comisario Mario «Malevo» Ferreyra se quitó la vida ayer delante de las cámaras de televisión en Tucumán, cuando estaba por ser apresado por personal de Gendarmería Nacional, acusado por delitos contra los derechos humanos durante la última dictadura militar.
Ferreyra tomó la drástica determinación en una plataforma ubicada en el jardín de su domicilio en la localidad tucumana de San Andrés, luego de haber dado una entrevista y declarado que era «inocente» en el marco del proceso que se desarrolla en su contra.
En un reportaje con Crónica TV, el «Malevo» subrayó que no iba a aceptar que lo arrestaran y, tras despedirse de su mujer, se disparó en la cabeza ante el estupor de todos los que se encontraban en la vivienda. Las imágenes fueron reproducidas por la señal de cable.
«Hasta siempre, María», fueron las últimas palabras del ex comisario, sobre quien pesaba una orden de detención dictada por los magistrados federales Daniel Bejas y Alicia Noli, por delitos de lesa humanidad cometidos en 1976.

Atrincherado
El episodio se produjo a las 17, luego de que Ferreyra pasara la noche atrincherado en su casa, y advirtiera que la Justicia intentaba «involucrarlo en una causa, sin pruebas».
Inmediatamente después de efectuarse el disparo, el «Malevo», que tenía puesta una camisa negra y su sombrero distintivo, fue atendido en la torre por un médico de Gendarmería, quien constató que aún continuaba con vida.
El hecho causó una inmediata conmoción entre los que se encontraban en la casa, quienes reclamaron la llegada de una ambulancia para que lo trasladara a un centro de salud.
Luego de bajar el cuerpo de la plataforma, las autoridades llevaron de urgencia al ex comisario a un centro asistencial de la zona, pero llegó sin vida.
Ferreyra, quien se hizo conocido tras asumir como jefe de la Brigada de Investigaciones y liderar acuartelamientos policiales entre 1989 y 1990, se encontraba prófugo en la megacausa por el funcionamiento de un centro clandestino de detención en el ex Arsenal.

Enojo en el Comfer
Por su parte, el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) anunció anoche que concurrirá "en lo inmediato a la Justicia", solicitando que se garantice el horario de protección al menor, a raíz de "la retransmión de las imágenes televisivas" del suicidio del "Malevo" Ferreyra.
El titular del Comfer, Gabriel Mariotto, sostuvo que "podemos actuar después del proceso administrativo" por eso " le pedimos a la Justicia que garantice el horario de protección al menor". 

Opinión
El show de la muerte

Por ROBERTO AGUIRRE

La foto ya es conocida. Una niña famélica, erguida sobre la tierra y con las costillas marcadas en la piel, es acechada por un buitre. Del otro lado del lente, el fotógrafo Kevin Carter esperó durante 20 minutos que el animal se arrojara sobre la víctima. Finalmente, hastiado por el calor de Sudán, el hombre se marchó. A un kilómetro de allí había un puesto de asistencia de la ONU.
Días más tarde, el New York Times publicó la foto en su portada y poco tiempo después Carter ganó el prestigioso premio Pulitzer. Pasaron dos meses y el fotógrafo se suicidó. “Estoy cansado de que la gente me pregunte: ¿por qué no hiciste nada después de haber sacado la foto?”, les dijo a sus amigos horas antes de tomar la decisión.
Años más tarde, un canal de televisión argentino muestra en vivo la muerte del barón tucumano “Malevo” Ferreyra. Minutos antes, el ex comisario le contaba a la cronista que se quitaría la vida, que tenía un arma, que estaba preparado para hacerlo.
La versión inmaculada del periodismo afirma que los medios son el reflejo de lo real. El “Malevo”, la bala, la sangre, estaban ahí, y las cámaras no hicieron más que reflejarlos. El cronista no debe jamás intervenir en la escena, sólo le corresponde registrarla para que miles de personas se conmuevan con el hecho.
Pero detrás de la cámara y el micrófono hay una mano y detrás de la mano un sujeto pensante y obrante que no tiene excusas para no hacerse parte de la acción. Un periodista –un ser humano- no puede ser nunca un testigo privilegiado de la escena donde una niña se muere de hambre o un hombre advierte que se pegará un tiro sin intervenir en la misma.
Pero no. Hay que teatralizar la muerte. Hay que convertirla en un fetiche para los voraces espectadores, aún cuando eso implique enterrar la moral unos cuantos metros bajo tierra.
Quizás estemos a horas de que la humanidad asista a su propia muerte desde el sillón del living, en un televisor de marca japonesa y con el control remoto en la mano: hay que estar atentos para cambiar de canal cuando arranque el programa de Marcelo Tinelli.

Un abultado prontuario

Buenos Aires (NA) > Varios acuartelamientos y una fuga cinematográfica tras ser condenado a prisión perpetua por triple homicidio le concedieron al ex comisario Mario «Malevo» Ferreyra una fuerte notoriedad pública a principios de la década pasada.
Sin embargo, su actuación en la fuerza se remonta a la época de la represión ilegal, en la que cometió delitos de lesa humanidad bajo las órdenes del general gobernador Antonio Bussi, según determinó la Justicia.
El «Malevo» había comenzado a ser reconocido tras asumir como jefe de la Brigada de Investigaciones de Tucumán y liderar una serie de acuartelamientos policiales entre 1989 y 1990.
Luego, una denuncia por corrupción que formuló en 1991 contra toda la cúpula de la institución policial local logró que se incrementara su notoriedad, aunque también le costó su separación de la fuerza y un juicio oral y público por irregularidades y triple homicidio.
Dos años más tarde, la Justicia lo condenó a prisión perpetua por esas tres muertes, producidas cuando estaba al frente de la Brigada de Investigaciones tucumana.
En esa oportunidad, horas más tarde de conocer la sentencia, el ex comisario protagonizó una fuga de película, que incluyó diferentes amenazas con una granada de guerra en la mano. Finalmente, fue encontrado y se le concedió la libertad condicional.
Actualmente se lo buscaba por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura.