La casa de Hernán Drago en Nordelta: el diseño que recibió un reconocimiento internacional por integrar arquitectura, agua y naturaleza.
La casa de Hernán Drago en Nordelta volvió a captar la atención por su propuesta arquitectónica, una obra que combina diseño contemporáneo, funcionalidad y una fuerte conexión con el entorno natural. La propiedad, conocida como Casa Cudich Drago, obtuvo una mención honorífica en los premios internacionales Architecture MasterPrize, dentro de la categoría de Arquitectura Unifamiliar Residencial, gracias al proyecto desarrollado por el estudio argentino ATV Arquitectos.
Con una superficie de 510 metros cuadrados distribuidos en dos plantas, la vivienda fue construida sobre un lote de aproximadamente 1.000 metros cuadrados, con el privilegio de estar rodeada por agua en dos de sus lados. Aunque no obtuvo el máximo galardón del certamen, la distinción puso en valor una propuesta que prioriza la relación entre la arquitectura y el paisaje. El proyecto comenzó a desarrollarse en 2016 y concluyó en 2019. Desde su concepción, la casa fue pensada para responder a las necesidades de una familia con hijos de distintas edades, buscando equilibrar los espacios destinados a la vida en común con sectores privados y áreas para el trabajo.
Uno de los rasgos más llamativos de la residencia es la piscina, diseñada para aprovechar el desnivel natural del terreno. Desde ciertos puntos de vista, el espejo de agua genera un efecto visual que parece prolongarse hasta la laguna, difuminando los límites entre la propiedad y el paisaje. Lejos de ser un elemento independiente del jardín, la pileta se integra con el living, el quincho semicubierto y el exterior, generando una continuidad visual y funcional entre los distintos ambientes de la casa y el entorno natural.
En la planta baja, las amplias carpinterías permiten abrir casi por completo los espacios interiores. Así, el living, el comedor, la cocina y la galería pueden transformarse en un único ambiente conectado, protegido parcialmente por las losas de hormigón que caracterizan la construcción. La cocina, equipada con una isla central y mobiliario de madera, también fue concebida para aprovechar la iluminación natural. Los grandes ventanales favorecen el ingreso de luz durante todo el día y mantienen una vista abierta hacia el jardín y la laguna.
Otro de los ejes del proyecto es un patio interno que organiza toda la vivienda. Más que un simple espacio vacío, funciona como el corazón de la casa, conectando ambos niveles y estableciendo una transición gradual entre las áreas sociales y las privadas. En la planta superior, este patio sirve como referencia para la suite principal, otras dos suites y un estar íntimo utilizado como espacio de trabajo. De acuerdo con los arquitectos, el objetivo fue evitar que cada ambiente terminara en sus propios límites físicos, permitiendo que las visuales y la experiencia espacial se proyectaran hacia el exterior.
La estructura combina grandes tabiques y losas de hormigón visto con la calidez de la madera presente en revestimientos, carpinterías, muebles y distintos detalles interiores. Precisamente, esa integración entre materiales, paisaje y funcionalidad fue uno de los aspectos destacados por el jurado internacional, que reconoció la manera en que el proyecto articula el agua, la topografía y la vida familiar mediante el patio central y la piscina como elementos protagonistas.