Habrá segunda vuelta el 25 de octubre. El resultado definirá comercio, tipo de cambio real y vínculo político con Argentina.
Brasil va al balotaje. Con el 90% de las mesas escrutadas este domingo, Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), obtiene el 48,03% de los votos frente al 43,99% del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Ninguno alcanzó el 50% más uno necesario para evitar una segunda vuelta, que quedó confirmada para el 25 de octubre. Los números preliminares muestran un resultado más favorable para Bolsonaro hijo que el que anticipaban las encuestas, aunque los porcentajes pueden modificarse con el escrutinio restante.
Lo que decida Brasil en estas semanas tendrá consecuencias directas sobre la Argentina. El país vecino es el principal socio comercial de la Argentina y la evolución de su economía —el nivel de actividad, las tasas de interés y la cotización del real— impacta de manera directa sobre el comercio bilateral, la competitividad industrial y las inversiones.
"Lo que decidan en Brasilia y San Pablo tiene implicancias directas para Buenos Aires. Lo último que necesita la economía argentina es un frenazo de la economía brasileña", advirtió Federico Vaccarezza, especialista en economía internacional y relaciones Brasil-Argentina, en declaraciones a Ámbito.
Las diferencias entre los dos candidatos que se medirán el 25 de octubre no son de modelo, sino de velocidad y mecanismo. Flávio Bolsonaro propone una consolidación fiscal acelerada: regla vinculada a la deuda/PBI, mayor restricción del gasto, privatizaciones y reducción de la estructura estatal.
Su programa implicaría un enfriamiento mayor de la economía brasileña durante el primer año, pero con potencial de recuperación más rápida si logra respaldo político y credibilidad en los mercados.
Lula, en cambio, apuesta por una consolidación gradual: preservar programas sociales e inversión pública, apoyarse más en mayores ingresos y revisión de beneficios tributarios. El riesgo de ese camino es que alivie las cuentas sin resolver el crecimiento estructural del gasto.
Gustavo Pérego, director de ABECEB, fue directo: "En cualquiera de los dos casos, la economía brasileña se enfriará, aunque la magnitud de esa desaceleración dependerá del resultado electoral".
Para la Argentina, el impacto se transmite por dos canales principales. El primero es la demanda brasileña: cuando la actividad se desacelera, cae la capacidad de compra de productos argentinos, con efecto especialmente visible en automóviles, acero y trigo. El segundo es el tipo de cambio real bilateral: un real más débil abarata los bienes industriales brasileños y encarece las pick-ups argentinas en su principal mercado de exportación; un real más fuerte mejora la competitividad local. "El dilema para la Argentina está en si Brasil crece o no y si devalúa o no", sintetizó Vaccarezza.
En el plano comercial, la diferencia más sensible para la Argentina pasa por el sector automotriz, que explica cerca del 40% del intercambio bilateral.
Flávio podría mostrarse más receptivo a una apertura del ACE 14, el acuerdo que rige el comercio automotriz entre ambos países y que tiene previsto avanzar hacia libre comercio pleno en 2029. Esa apertura aumentaría la competencia y dejaría más expuesto al autopartismo argentino.
En materia de inversiones, tanto Joao Alfredo Nyegray como Pérego coinciden en que las empresas brasileñas seguirán evaluando principalmente las condiciones locales: estabilidad cambiaria, acceso al mercado de