ver más

De Bolivia a Plottier: la historia de Primitiva y su chacra que enseña a producir fruta fina

Una productora abrió las puertas de su chacra para que estudiantes del Puesto de Plottier puedan conocer la producción que aprenden.

En una chacra de Plottier, entre hileras de frutillas, moras y frambuesas de distintos colores, el aprendizaje no se da solo en el aula. Esta semana, estudiantes del Centro de Formación Profesional Agropecuaria (CFPA) N° 1 cambiaron los apuntes por la tierra y visitaron la producción de Primitiva Vilca, una mujer que hace siete años apostó por la fruta fina y hoy vive de lo que cultiva.

La escena tiene algo de simple y potente a la vez: manos que cosechan, otras que observan, preguntas que van y vienen y una productora que, sin vueltas, comparte lo que sabe. “Esta tierra es buena, da mucha fruta”, contó Primitiva, mientras recorre su plantación de cuatro hectáreas.

Su historia no empezó ahí. Llegó desde Bolivia y, como muchos en la región, fue construyendo su camino con trabajo. “Yo trabajaba antes en otra cosa, pero después me fui metiendo en esto”, dijo. Hoy, su chacra combina frutilla, mora y frambuesas, estas últimas con distintas variedades: algunas rojas intensas, otras más oscuras y hasta amarillas.

fruta fina el puesto de plottier

Estudiantes del Puesto de Plottier conocen una plantación de fruta fina.

El suelo, explicó, tiene su secreto. “Antes esto era avícola, entonces tiene mucho potasio. Eso ayuda, por eso da bastante fruta”, detalló, con el conocimiento que dan los años de práctica.

La producción es familiar. Trabaja junto a sus hijos y, en épocas de mayor demanda, suman alguna ayuda extra. Lo que cosechan no se queda solo en Plottier: intermediarios y comerciantes llegan hasta su chacra y cargan la fruta con destino a ciudades como Bariloche, San Martín de los Andes e incluso Mendoza.

“Yo vendo acá, vienen y se llevan”, resumió, describiendo una dinámica común entre pequeños productores de la zona.

Aprender en territorio

La visita de los estudiantes forma parte del taller de fruta fina que impulsa el Centro de Formación Profesional Agropecuario (CFPA) N° 1, más conocido como El Puesto de Plottier, una capacitación que busca no solo transmitir conocimientos técnicos, sino también vincular a los alumnos con experiencias reales de producción.

fruta fina el puesto de plottier

Para muchos de los participantes, el contacto directo con una chacra en funcionamiento permite dimensionar el trabajo que hay detrás de cada cultivo y conocer de primera mano los desafíos y oportunidades del sector.

Primitiva, por su parte, se sorprendió con el grupo. “Me habían dicho que venían estudiantes, pero pensé que eran más chicos”, contó entre risas. Igual, no dudó en abrir las tranqueras de su lugar. “Está bueno que aprendan”, dijo, convencida.

La capacitación “Fruta fina: producción de frutillas, frambuesas y moras” comenzó el jueves 26 de febrero y se dicta de manera gratuita en El Puesto de Plottier, ubicado en Ruta 22, a la altura del kilómetro 1232.

Una actividad que crece

La experiencia en la chacra de Primitiva refleja un fenómeno más amplio: el crecimiento sostenido de la fruta fina en la región. En el área de Plottier y alrededores ya se estiman entre 80 y 100 hectáreas destinadas a estos cultivos, con más de 40 productores involucrados.

fruta fina el puesto de plottier

El coordinador del CFPA N° 1, Juan Carlos Santangelo, explicó en una gacetilla de prensa que la propuesta surgió a partir del crecimiento sostenido de esta actividad en la zona.

Según precisó, esta producción mayormente es llevada adelante por familias. “Las producciones más pequeñas tienen entre una y dos hectáreas, mientras que otras alcanzan entre tres y cinco. Con ese cálculo estimamos que son más de 40 productores dedicados actualmente a este cultivo”, señaló.

En ese contexto, las capacitaciones cobran un rol clave para mejorar la producción, incorporar conocimientos y acompañar a quienes buscan iniciarse en una actividad que combina escala familiar, mercado en expansión y posibilidades de agregado de valor.

Mientras tanto, en su chacra, Primitiva sigue haciendo lo de siempre: trabajar la tierra. A sus 45 años, con cuatro hijos y una vida armada en Neuquén, lo tiene claro. “Yo ya no me voy. Me quedo acá”, dijo. Y en ese “acá” también hay futuro para quienes hoy empiezan a aprender.

Te puede interesar