De las burlas en la infancia a convertirse en el primer abogado hipoacúsico de Neuquén

El logro académico de Esteban Fontana fue reconocido por la Legislatura para dar visibilidad a las barreras que enfrentan las personas con discapacidad.

Esteban Fontana tenía ocho años cuando sintió que ya no podía más. Había nacido con una discapacidad auditiva profunda y desde muy chico había tenido que aprender algo que para otros niños ocurría naturalmente: encontrar la manera de comunicarse con el mundo que lo rodeaba.

Pero además de aprender a escuchar de otra manera, tuvo que aprender a soportar las burlas, los golpes, el aislamiento y las miradas de quienes no entendían su discapacidad. En la escuela y en el barrio, las dificultades para comunicarse se transformaron muchas veces en motivo de discriminación.

Aquel niño no sabía todavía que muchos años después su historia iba a llegar a la Legislatura de Neuquén. Tampoco podía imaginar que terminaría convertido en abogado y que su recorrido sería reconocido como un hito de inclusión educativa y profesional.

La Legislatura neuquina declaró de interés legislativo el logro académico de Fontana, a partir de una iniciativa presentada por el diputado Gerardo Gutiérrez. La declaración lo reconoció como el primer abogado hipoacúsico de Neuquén y de la región patagónica y destacó tanto su trayectoria académica como personal. El documento también planteó la necesidad de eliminar las barreras físicas, comunicacionales y pedagógicas que todavía enfrentan las personas con discapacidad.

Esteban tiene 41 años y nació en Neuquén con sordera profunda. Sus padres recibieron el diagnóstico cuando todavía era un bebé. No había antecedentes de discapacidad auditiva en la familia, por lo que aquella noticia significó para ellos el comienzo de un camino difícil.

Lejos de resignarse, sus padres buscaron ayuda y encontraron a un fonoaudiólogo que lo acompañó durante unos 20 años. Con él aprendió a leer, modular y hablar. También aprendió a leer los labios, una herramienta que terminó siendo fundamental para desenvolverse en una sociedad en la que la mayoría de las personas se comunica a través de la voz.

Esteban Fontana en la Legislatura.

“Gracias a ese esfuerzo, aprendí a leer, a modular, a hablar, a construir palabra por palabra un puente hacia el mundo”, escribió Esteban al reconstruir su historia para este reconocimiento que acaba de recibir.

Dura infancia

Esteban contó a LM Neuquén que desde los cinco años sufrió burlas y situaciones de violencia. Algunos chicos se reían de él, lo empujaban, lo golpeaban y lo aislaban. En la escuela llegó incluso a recibir como castigo un cuaderno rojo por “portarse mal”, algo que, según recordó, lo hacía acular todavía más bronca y tristeza.

No entendía por qué tenía que atravesar todo eso. No había elegido nacer sordo y, sin embargo, durante mucho tiempo sintió que la vida lo castigaba por algo que no había decidido.

Recordó que en la escuela primaria tuvo que acostumbrarse a las diferentes formas de hablar de las personas que lo rodeaban y desarrollar estrategias propias para poder seguir las conversaciones. Con el tiempo fue encontrando herramientas para integrarse y comunicarse.

También hubo personas que fueron importantes en ese recorrido. La declaración legislativa destacó particularmente el acompañamiento de su familia y el papel de una docente que, durante los primeros años de escolaridad, supo darle confianza y contención.

Pero hubo una persona que tuvo un papel decisivo en uno de los momentos más difíciles de su infancia: su hermana Noelia.

A los ocho años, la soledad y el dolor llegaron a un límite. Esteban contó que una tarde, en su casa, tomó un cuchillo con la intención de terminar con su vida.

Fue entonces cuando apareció Noelia. Su hermana le preguntó qué estaba haciendo y él pudo contarle lo que le pasaba. Noelia lo abrazó y le dijo una frase que Esteban nunca olvidó: “Esperá, porque en el futuro te esperan cosas muy lindas”. Esteban dejó el cuchillo.

Aquella frase quedó guardada como una especie de promesa. No sabía qué cosas lindas podían esperarlo, pero decidió esperar para descubrirlas. Con los años, esa decisión se transformó en una forma de mirar su propia vida. Las dificultades no desaparecieron, pero Esteban empezó a convencerse de que no iban a ser ellas las que determinaran hasta dónde podía llegar.

“Me prometí que no importara cuánto sufriera, iba a superar las barreras y demostrar que podía ser alguien valioso”, aseguró. Su recorrido escolar continuó en Neuquén. Hizo la primaria en una escuela del barrio Copol, comenzó la secundaria en el colegio Piaget y luego terminó sus estudios en el Centro 12.

Cada etapa implicó nuevos aprendizajes. No solamente académicos. También tuvo que seguir encontrando formas de comunicarse, de comprender a quienes le hablaban y de hacerse comprender.

El desafío de llegar a la universidad

El siguiente gran desafío fue estudiar una carrera universitaria. Esteban eligió Derecho en la Universidad Siglo 21. Fueron seis años de cursada y, una vez más, tuvo que enfrentarse a obstáculos vinculados con la accesibilidad y la comunicación.

En las aulas muchas veces no podía seguir con facilidad lo que decían los docentes. Necesitaba que hablaran más despacio, recurría a sus compañeros y estudiaba por su cuenta para completar aquello que no había podido comprender durante las clases.

La propia declaración legislativa señaló que, ante la falta de aulas y herramientas adaptadas, Fontana debió sostener parte de su formación mediante el estudio autodidacta y el acompañamiento de sus compañeros. Los fundamentos remarcaron que esa situación expone una problemática que excede su caso individual: el mérito académico de una persona con discapacidad no debería depender de su capacidad para compensar por sí misma las barreras que existen en las instituciones.

En su caso, además, hubo un momento especialmente difícil: la tesis final. Esteban recordó que fue uno de los desafíos más grandes de toda la carrera. Pero nuevamente apareció su familia.

Una de sus hermanas viajó especialmente para acompañarlo durante ese proceso. La presencia familiar le permitió recuperar una confianza que había empezado a perder y volver a concentrarse en el objetivo. Finalmente llegó el día de la defensa.

Su trabajo final fue sobre “La Maternidad en el Servicio Penitenciario”. En aquella instancia pidió a los profesores que hablaran despacio porque escuchaba poco. Expuso su investigación y esperó el resultado. La devolución fue una calificación sobresaliente. Y con ese resultado consiguió el título que había perseguido durante seis años.

La documentación legislativa destacó justamente ese momento: señaló que Fontana culminó sus estudios con honores y obtuvo una calificación sobresaliente en la defensa de su trabajo final. Y no era solamente un título universitario.

Para Esteban significó haber llegado a un lugar que durante muchos años había parecido demasiado lejos.

“Ninguna discapacidad tiene que determinar el destino de una persona”

Hoy Esteban tiene 41 años, es padre de una niña y trabaja en el Banco Provincia del Neuquén. También ejerce la profesión de manera particular y acompaña algunos casos de personas con discapacidad. La llegada de su hija terminó de darle otra dimensión a todo el camino recorrido.

“Cada vez que ella me abraza o me llama papá recuerdo todo el camino recorrido”, contó emocionado. Y entonces aparecen las imágenes de aquel niño que no entendía por qué era diferente, de las burlas, de las peleas, de los años de tratamiento, de las horas de estudio y de aquella tarde en la que su hermana le pidió que esperara.

Ahora sabe qué era eso que Noelia le había prometido. “Cada fracaso, cada vez que me caigo y cada obstáculo valía la pena”, dijo.

Su experiencia también modificó la manera en que mira su profesión. Además de trabajar como abogado, busca compartir lo aprendido con otras personas que atraviesan situaciones similares.

La declaración aprobada por la Legislatura no se limita a reconocer el título. Planteó que la trayectoria de Fontana debe servir para visibilizar la necesidad de eliminar las barreras físicas, comunicacionales y pedagógicas que enfrentan las personas con discapacidad y la presenta como un hito de inclusión socioeducativa.

Su historia también había sido contada por LM Neuquén cuando, en 2019, se recibió de abogado. En aquel momento relató las dificultades que había tenido para comprender las clases y los exámenes y contó cómo sus hermanas Noelia y Carolina lo ayudaban a prepararse. También recordó la emoción de obtener un 9 en la defensa de su tesis.

Esteban no habló de su historia solamente para contar que consiguió recibirse. Quiere que pueda servirle a alguien que hoy está atravesando una dificultad parecida a la que él atravesó cuando era chico. A alguien que siente que una discapacidad, una discriminación o un fracaso puede cerrar para siempre una puerta.

Él decidió que no fuera así. Por eso, cuando habla de lo que le pasó, no se queda solamente con el dolor. Destacó la fuerza que le trasmitieron las personas que estuvieron ahí: sus padres, sus hermanas, aquella docente de sus primeros años, sus compañeros de universidad y quienes lo ayudaron a seguir cuando las dificultades parecían demasiado grandes.

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