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Familiares de desaparecidos denunciaron la falta de actuación que tuvieron el juez y el fiscal durante la dictadura y que están siendo juzgados por delitos de lesa humanidad.
“Pensábamos que iba a aparecer, que lo íbamos a ver”, expresó Gladys Durán, esposa de Carlos Chávez, un trabajador de YPF que tenía 24 años cuando fue secuestrado la madrugada del 14 de junio de 1976 en Cutral Co por fuerzas represivas y desde entonces está desaparecido. La mujer declaró este viernes ante el Tribunal Oral Federal 1 de Neuquén en una nueva audiencia del juicio “Escuelita VIII” en la que están acusados el ex juez federal Pedro Laurentino Duarte y el ex fiscal federal Víctor Marcelo Ortiz, por crímenes de lesa humanidad cometidos en la región durante la última dictadura cívico militar.
Ambos ex funcionarios judiciales son investigados por su accionar como representantes del fuero Federal en Neuquén durante la última dictadura cívico-militar. Están imputados por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 22 personas, de las cuales 14 permanecen desaparecidas y hay un bebé apropiado. Duarte era miembro del Ejército y se había desempeñado como jefe de la sección Justicia de la VI Brigada de Infantería de Montaña de Neuquén con el grado de Mayor hasta pocos días antes de ser designado a cargo del Juzgado Federal de Primera Instancia de Neuquén el 2 de agosto de 1976, cargo que ocupó hasta el 30 de septiembre de 1984. Ortiz era secretario de ese juzgado cuando fue nombrado fiscal federal el 23 de septiembre de 1976 y se mantuvo en el cargo hasta el 1 de abril de 1985.
La mujer contó que el 14 de junio de 1976, un grupo de personas con uniformes policiales y militares irrumpió en la vivienda de sus padres, donde la pareja se había quedado a dormir con su hija de apenas dos meses. Recordó que cuando sonó el timbre de la casa ella misma abrió la puerta y vio la cara de una persona conocida. Era Mario Fuentes, un vecino de la zona. “Yo me levanté, vi por la mirilla la cara de angustia de Fuentes. Cuando abrí se metieron todos en la casa, mi hermano pensó que eran ladrones y se fue encima de uno, que le pegó un culatazo”, precisó. “Mi marido estaba durmiendo, al escuchar que habían entrado intentó salir por una puerta lateral pero lo agarraron de inmediato. Yo lo primero que hice fue ir a la habitación y proteger a mi beba de dos meses. Luego nos encerraron a mí con la beba, a mi hermano y hermanas en una habitación”, relató.
Esa fue la última vez que Gladys vio a su marido con quien se había casado dos años antes. “No supimos nunca más nada de él, se lo tragó la tierra”, sostuvo la mujer que describió ante los jueces las distintas presentaciones que hicieron con su suegra para conocer el paradero de Carlos. “Después del secuestro fuimos a la Comisaría de Cutral Co pero nos dijeron que no estaba ahí, también estuvimos en Neuquén con el obispo Jaime de Nevares quien nos consiguió una entrevista con (Oscar) Reinhold sin obtener ninguna respuesta”, relató la mujer al referirse a quien por ese entonces era jefe de Inteligencia del Comando de la VI Brigada de Montaña.
Contó que Noemí Labrune, fundadora de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), la asesoró para que presentara un habeas corpus en el Juzgado Federal de Neuquén, en ese momento a cargo del juez Duarte, uno de los acusados en esta causa. “Vinimos con Angélica, la mamá de Carlos, y presentamos el habeas corpus en la mesa de entradas del Juzgado”, señaló. “Lo hicimos con mucho temor, y luego de la presentación nos quedamos con mucho miedo por lo que nos podía pasar”, agregó. Además presentaron la denuncia de la desaparición de Chávez ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA que visitó nuestro país en setiembre de 1979. Precisó que “la primera noticia que tuvimos sobre él fue cuando se publicó el listado de los desaparecidos, y ahí estaba su nombre”.
Confesó que su hija, Marta Lorena, cuando era adolescente conoció la verdad de lo ocurrido con su padre. "Mi hija me reprochó mi actitud por ocultarle la verdad. Ella nunca supo lo que era tener un papá. No podía entender por qué la dejó sin papá”, sostuvo. Contó que posteriormente cuando su hija escuchó en los anteriores juicios los testimonios de familiares y sobrevivientes de la dictadura militar “entendió muchas cosas y a partir de entonces se pudo reconciliar con su padre y conmigo también”.
Por último, Gladys, quien ya había brindado su testimonio en el juicio desarrollado en 2021, señaló que con el tiempo y testimonios de sobrevivientes pudieron saber que su marido "estuvo en algunos centros de detención pero su final nunca lo supimos”.
“Mis padres llegaban devastados, desanimados, angustiados”, afirmó Dora Seguel, secuestrada el 14 de junio de 1976, cuando tenía 16 años, en el CPEM 6 de Cutral Co donde cursaba el secundario. Seguel expresó el ánimo con el que sus padres regresaban luego de realizar diversas presentaciones en el Juzgado Federal de Neuquén por la desaparición de su hermana, Arlene, secuestrada el 12 de junio de 1976 y que aún continúa desaparecida.
El mismo día que Dora fue detenida en la escuela, también las fuerzas represivas detuvieron a su hermana Argentina, ambas fueron trasladadas al centro clandestino de detención “La Escuelita” de Bahía Blanca, previo paso por la U9 de la capital neuquina. Tras una semana de cautiverio, en donde sufrieron agresiones físicas y violaciones, las dos fueron liberadas.
En su declaración ante el tribunal conformado por María Paula Marisi, Sebastián Foglia y Alejandro Silva, Dora Seguel señaló que, de alguna manera, su declaración “fue en nombre de mis padres, los recordé y los tuve presentes todo el tiempo que duró mi testimonio”. Comentó que sus padres acudieron a la Policía Federal, al Comando de la Sexta Brigada para conocer el paradero de Arlene. También mantenían reuniones con el obispo Jaime De Nevares. Precisó que presentaron varios habeas corpus en el Juzgado Federal. “Cuando volvían a casa, mis padres llegaban devastados porque no obtenían ninguna respuesta, decían que en el Juzgado no hacían nada y pasaba el tiempo. Pasaba el tiempo y no tenían ninguna respuesta”, describió.
Contó que en 1979 sus padres viajaron a la ciudad de Buenos Aires para hacer la denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA en setiembre de ese año. “Mi papá, como mi mamá, no dejó jamás de buscar a mi hermana”, subrayó.
Comentó que una semana después de su liberación, sus padres se presentaron en el Comando de la VI Brigada, sobre la Avenida Argentina en la capital neuquina, para retirar el documento de Argentina. Allí fueron atendidos por el mayor del Ejército Luis Alberto Farías Barrera, jefe de la División Personal del Comando, quien era el encargado de atender a los familiares que buscaban saber algo de sus seres queridos que habían sido secuestrados y desaparecidos durante esos oscuros años. “Mi hermana le dice a Farías Barrera que en el lugar donde estuvimos secuestradas también estaba Arlene y mencionó los nombres de otras compañeras que estaban en cautiverio en ese lugar. Farías Barrera le dice a mi mamá: ‘Haga callar a su hija o va a correr la misma suerte que su hermana'”. “Con ese antecedente qué iban a hacer mis papás, ¿poner en riesgo a sus otras dos hijas? Ante semejante amenaza nos resguardaron”.
Los padres de Arlene Seguel presentaron habeas corpus por la desaparición de su hija hasta 1979, precisó Dora.