La Escuela Especial 22, en el barrio Confluencia, está de duelo y suspendió las clases. El conmovedor testimonio del equipo directivo a LM Neuquén.
La Escuela Especial 22 amaneció este martes en silencio. No hubo timbres, ni saludos en los pasillos, ni el movimiento habitual de los chicos entrando a las aulas. La noticia de la muerte de Tahiel Herrera, el niño de seis años que falleció tras caer a los piletones del EPAS en el barrio Confluencia, golpeó de lleno a toda la comunidad educativa, que decidió suspender las clases para acompañar a la familia y atravesar el duelo.
"Estamos muy tristes. No lo podemos creer. Estamos todos muy angustiados", dijo con la voz quebrada la directora de la institución, Marcela Fernández, en diálogo con LM Neuquén.
Tahiel asistía todos los días a la escuela. Era uno de esos alumnos que, según describen sus docentes, nunca pasaban desapercibidos.
"Era un niño que se hacía sentir, el más inquieto de todos. Teníamos que estar muy atentos a él porque era muy dinámico, muy disperso. Estábamos siempre pensando cómo canalizar toda esa energía", recordó la directora.
Contó que, aunque sus aprendizajes avanzaban de a poco, cada pequeño logro era celebrado por toda la comunidad educativa. "Iba aprendiendo lentamente, pero siempre había avances. Nosotros buscábamos estrategias para acompañarlo y ayudarlo en ese proceso", recordó.
La escuela se enteró de la tragedia durante la noche del lunes, cuando comenzó a circular un mensaje entre docentes. "Una compañera compartió la información, pero no sabíamos si era verdad. Intentamos comunicarnos con la mamá y no pudimos. Entonces hablamos con la comisaría y ahí nos confirmaron que era cierto", relató Fernández.
A partir de ese momento comenzó una larga madrugada de angustia. "Eran las doce de la noche y estábamos todos conectados, hablando entre nosotros. No queríamos creerlo. Pensábamos que todavía podía haber alguna esperanza", confesó.
Poco después, integrantes del equipo directivo se acercaron hasta el lugar donde trabajaban policías y rescatistas. "A la una de la mañana ya estábamos ahí, esperando noticias, esperando a la mamá o a los abuelos. Fue una noche muy dura", recordó.
Tahiel vivía con su mamá, Gilda, y sus abuelos, muy cerca de los piletones donde ocurrió la tragedia. Desde la escuela recordaron especialmente el vínculo que mantenía con su madre.
"Eran muy apegados. A él le costaba muchísimo separarse de ella cuando llegaba a la escuela", explicó la directora. Incluso contó que para que el niño se disfrazara, para los actos u otras actividades, su mamá se disfrazaba igual para ayudarlo.
Desde la institución también acompañaban de cerca a la familia en otras cuestiones que excedían lo pedagógico. "Gilda es una mamá muy permeable, que siempre pedía ayuda. Tahiel necesitaba medicación y ella iba al hospital, buscaba respuestas, buscaba a la psicóloga. Hacía todo lo que estaba a su alcance y nosotras la ayudábamos en lo que podíamos", afirmó.
Según explicó, el niño no contaba con obra social y muchas veces acceder a tratamientos o acompañamientos especializados resultaba complejo. "No es sencillo para las infancias que dependen únicamente del sistema público. Muchas veces cuesta conseguir los tratamientos o la medicación que necesitan", señaló.
La Escuela Especial 22 que funciona en Boerr 1200, dentro del predio de Nayahue, mantiene una relación muy estrecha con las familias de sus estudiantes. Sus directivos explicaron que el trabajo cotidiano va mucho más allá de las clases.
"Nos involucramos muchísimo con las familias. Les enseñamos rutinas, las acompañamos en distintas situaciones. Muchas mamás son muy jóvenes y la escuela termina siendo también un lugar de contención", explicó y contó que los cumpleaños eran un ejemplo de eso.
Angie Barra, vicedirectora de la escuela contó que las familias de los niños con discapacidad no hacen los cumpleaños de sus hijos en peloteros o salones, sino que los celebran en la escuela. Por eso la muerte de Tahiel no impactó solamente entre sus compañeros de aula. "Son pocos estudiantes y todos nos conocemos mucho. Las familias forman parte de la escuela", dijeron.
Este año Tahiel había comenzado una nueva etapa. Había pasado del turno tarde al turno mañana y, según recordaron las directivas, empezaba a construir nuevas relaciones con sus compañeros.
"Había comenzado a reconocer al otro, a vincularse más. Se comunicaba con palabras por momentos, también señalando. Poco a poco iba logrando establecer esos vínculos", destacaron.
Desde que se confirmó la tragedia, los mensajes no dejaron de llegar. La directora contó que recibieron palabras de acompañamiento de familias, docentes, supervisores y escuelas especiales de toda la provincia.
"Nos escribieron desde ATEN Capital, desde ATEN Provincial, supervisores, compañeros de otras escuelas especiales. Todo el mundo está profundamente conmovido", contaron las directivas, quienes pasaron la jornada en la escuela, atentas a cómo ayudar a la familia.
La directora expresó que en la mañana pudo estrechar los brazos de la mamá de Tahiel y admitió que no pudo contener el llanto.
La intención de toda la comunidad educativa es acompañar a la familia también durante el velorio y acercarle un presente institucional en nombre de todos los que compartieron estos años con el pequeño.