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El Presidente intenta sentar las bases para una nueva nación, pero no para una nueva República.
Luego del mega decreto de necesidad y urgencia (DNU), mediante el cual Javier Milei exageró las facultades delegadas del Presidente para modificar un sinnúmero de reglas, impuestos y recortes en los gigantes gastos estatales, estallaron las críticas y comentarios de todo el arco político opositor, a lo que Milei, con tono picarón, respondió “les aviso que hay más”.
Y vaya si había mucho más. Esta semana, el flamante Presidente, presentó un ultra proyecto de ley al que denominó "Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos", haciendo una clara emulación al título del texto, mediante el cual Juan Bautista Alberdi anticipaba la constitución Nacional de 1853, denominado “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”.
Los títulos son muy elocuentes. Alberdi proponía una organización política para la conformación de una República que aún estaba en pañales. Milei simplemente propone libertad, pero extrae el componente republicano, lo que significa una contradicción conceptual. República y libertad van de la mano, tiranía y libertad, no.
La primera democracia representativa moderna de la historia, fue la de los Estados Unidos, cuya lógica fundacional luego se extendió en la mayoría de las naciones democráticas, incluyendo la argentina. Todas ellas conformaron un esquema constitucional con el principal objetivo de particionar el poder que antes estaba concentrado en una sola persona: El rey. Para ello, tomaron la representación territorial-parlamentara inglesa y la combinaron con la división de poderes de Montesquieu.
El resultado es que el pueblo no gobierna sino a través de sus representantes, en un sistema de pesos y contra pesos, donde ninguna provincia, persona o poder del Estado predomina sobre los demás, dotando así de cierta estabilidad al rumbo de la nación y previniendo las tiranías.
Es cierto que Argentina enfrenta una crisis sin precedentes y es necesario cambiar el rumbo. La mayoría de los argentinos lo eligió a Javier Milei, para llevar adelante un contundente programa de reformas que incluye fuertes recortes fiscales que permitan eliminar la inflación de una vez por todas. La voluntad popular se respeta. Pero también es cierto que las facultades que Milei posee como líder del Poder Ejecutivo, junto a las facultades delegadas, más las mayorías parlamentarias que pudiera lograr en base al acuerdo, son más que suficientes para llevar adelante dicho programa.
¿Era necesario ignorar el sistema republicano con tanta soltura?
En el mejor de los casos, si Milei fuera exitoso en cumplir los objetivos de su DNU y de su Ley mediante un plebiscito y la economía nacional lograra despegar de una vez por todas sin el acoso inflacionario, ¿qué impide que el día de mañana otro presidente manipule a la opinión pública y realice reformas en un sentido totalmente opuesto con la sola firma de su lapicera? Lograr los cambios necesarios y el éxito mediante los mecanismos republicanos, garantiza la durabilidad de los mismos. En cambio, el éxito mediante una democracia directa, como propone Milei, ignorando a las provincias y a los demás poderes del Estado, puede devenir en populismo a la inversa y el futuro corre el riesgo de un fatal destino pendular.
Dicho sea de paso, Alberdi no era tan liberal como sus actuales interpretes lo hacen parecer. Milei tampoco lo es.
Precisamente en las “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, Alberdi proponía -literal- un “Rey disfrazado de presidente”. Es decir, un primer mandatario con poderes exagerados, un cuasi tirano, capaz de combatir y eliminar a los salvajes caudillos de las provincias, como en ese entonces se requería, para instalar un sistema basado en el comercio y la propiedad privada. Milei en sus “Bases y puntos de partida para la libertad” propone enormes subas de impuestos y retenciones para financiar al Estado, por lo cual, al menos en el aspecto económico no impone libertad, sino todo lo contrario.