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Llegó a Neuquén sin nada y pidió una carpa para dormir en la calle: dos años después abre su propia rotisería

En febrero de 2024, Alan Banegas dormía en la calle y buscaba trabajo después de llegar a Neuquén a dedo. Hoy abre “La Fonda”, su propio local gastronómico.

Hace poco más de dos años y medio, Ezequiel Banegas llegó a Neuquén solo con la ropa que llevaba puesta y una esperanza: encontrar trabajo y empezar de nuevo. Había viajado desde Azul, en la provincia de Buenos Aires, a dedo y tardó dos días en llegar a la capital neuquina.

No tenía familiares que pudieran recibirlo ni un lugar donde dormir. Durante sus primeros días pasó las noches en la calle y llegó a pedir ayuda en un grupo de Facebook para conseguir una carpa que le permitiera soportar el frío.

Su publicación llamó la atención de los vecinos y también de LM Neuquén, que en febrero de 2024 contó su historia. Entonces, Ezequiel tenía 33 años, había llegado apenas nueve días antes a la ciudad y buscaba desesperadamente una oportunidad laboral.

Un vecino llamado Raúl respondió a su pedido y le donó una carpa, una almohada y un acolchado. Recibió aquella ayuda con una promesa: cuando estuviera mejor, esperaba poder devolver el gesto ayudando a otra persona que atravesara una situación similar.

Dos años y medio después, la vida de Ezequiel es completamente diferente. A los 36 años ya no duerme en la calle ni espera que alguien responda un currículum. Después de pedir asilo en un refugio, conseguir distintos trabajos, aprender sobre ventas y animarse a emprender con una cocina de dos hornallas, está a punto de abrir su propio negocio gastronómico.

La rotisería se llama La Fonda y está ubicada en Mitre y Correntoso, del barrio Mariano Moreno. Allí ofrecerá hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas, burritos y, más adelante, comidas para el mediodía.

Para Ezequiel, sin embargo, el nuevo local es mucho más que un emprendimiento comercial. Es la prueba de un camino que comenzó en uno de los momentos más difíciles de su vida.

De la calle a un refugio y una nueva oportunidad

“Ya hace casi tres años que estoy en Neuquén. Yo había hecho una publicación en Facebook y ustedes la vieron y me hicieron la nota. En ese momento llegué desde Azul, provincia de Buenos Aires, a dedo. Tardé dos días en llegar y llegué en situación de calle, buscando oportunidades”, recordó.

Durante dos o tres meses atravesó esa situación hasta que encontró un lugar en un refugio ubicado sobre calle Belgrano al 2500, donde recibió acompañamiento para poder reorganizar su vida.

“Me ayudaron muchísimo. La verdad que es un espectáculo ese lugar porque te ayudan mucho a reintegrarte a la sociedad. Me sirvió para salir adelante”, aseguró.

Ese período también fue un momento de reflexión. El hombre entendió que necesitaba cambiar el rumbo y aprovechar las oportunidades que aparecieran.

Ezequiel emocionado con el vecino que le donó la carpa con la que empezó en Neuquén.

El primer trabajo estable que consiguió fue en OCA, en el área de mantenimiento. Después surgió otra oportunidad laboral en un corralón de Cipolletti. Allí comenzó como vendedor y con el tiempo llegó a ocupar el puesto de jefe de ventas. Más allá del salario, contó que esa experiencia fue fundamental para aprender herramientas que luego utilizaría en su propio emprendimiento.

“Ese lugar me ayudó a crecer en el tema de las ventas, porque me enseñaron mucho y les estoy muy agradecido”, destacó.

Una cocina de dos hornallas y un proyecto propio

La decisión de dejar su empleo y apostar por la gastronomía no apareció de un día para el otro. Ezequiel aseguró que siempre le gustó la cocina y que, después de visitar a su familia en Carmen de Patagones, regresó a Neuquén con una decisión tomada.

“Ya quería lo mío. Quería intentar con lo mío, que era la cocina, porque me gusta mucho”, explicó. El comienzo fue humilde. Su cocina tenía solamente dos hornallas, el horno no funcionaba y contaba con una pequeña heladera.

Primero cocinó tortas fritas, rosquitas, bolas de fraile y chipá. Salía a venderlos en el Paseo de la Costa y también comenzó a utilizar las redes sociales para ofrecer sus productos. La experiencia le permitió comprobar que había una oportunidad.

Mientras todavía trabajaba en el corralón, intentó combinar ambos caminos. Pero cuando vio que la venta de comida comenzaba a crecer, tomó una decisión que no fue sencilla: dejar el empleo estable y dedicarse completamente a su emprendimiento gastronómico.

En la previa de la apertura de la Fonda.

“Vi cómo funcionaba y dije: ‘Listo, me meto por acá’. Dejé el corralón y me dediqué a la cocina al cien por ciento”, recordó. Después llegaron las pizzas para hornear. Más tarde incorporó empanadas, hamburguesas y otros productos.

Cada nuevo plato fue sumándose de manera gradual, en la medida en que podía invertir y responder a la demanda de sus clientes.

Las redes sociales se transformaron en una herramienta fundamental. Ezequiel comenzó con apenas 15 seguidores en Instagram y actualmente está cerca de alcanzar los mil. Además, aseguró que logró construir una cartera de alrededor de 500 clientes. “Creció mucho todo en tan poco tiempo, eso es lo que me sorprende”, reconoció.

Un año de ahorro para abrir La Fonda

El crecimiento de los pedidos hizo que su casa comenzara a quedarle chica. Fue entonces cuando comenzó a pensar en un local propio. La posibilidad apareció a metros de su vivienda. El espacio que ahora ocupará La Fonda quedó disponible y este cocinero decidió aprovechar la oportunidad.

Tener el local al lado de su casa también representa una ventaja para la organización diaria. Después de trabajar durante años desde espacios improvisados, ahora podrá concentrar gran parte de su actividad en un lugar destinado exclusivamente al emprendimiento.

Pero llegar hasta allí implicó planificación y esfuerzo. Ezequiel contó que durante aproximadamente un año estuvo ahorrando para poder poner en marcha el negocio.

“Todos los meses trataba de guardar algo. Me privé de muchas cosas”, relató. Reconoció que el contexto económico no facilitó el proyecto y que todavía hay equipamiento y mejoras que espera incorporar con el tiempo. Sin embargo, decidió no esperar a tener todo perfecto para comenzar.

La comida como una forma de devolver lo recibido

Durante su tiempo en situación de calle, Ezequiel recibió ayuda de personas a las que ni siquiera conocía. La carpa, la almohada y el acolchado que le entregó aquel vecino fueron algunos de los gestos que recordó. Pero hubo muchos más.

Con el tiempo, cuando logró estabilizarse, intentó hacer lo mismo por otras personas. En distintos momentos preparó comida y ayudó a personas que estaban viviendo en la calle. También encontró acompañamiento en amigos, clientes y miembros de una comunidad religiosa a la que asiste en Neuquén.

Para él, ayudar a otros fue una manera de cerrar un círculo. “A mí me ayudaron en su momento y yo aproveché a ayudar también cuando podía. Esto es una cadena”, explicó.

Ahora, con la apertura del local y las exigencias que implica poner en marcha el nuevo emprendimiento, reconoció que tiene menos tiempo para realizar esas actividades, aunque no descarta retomarlas más adelante.

Por el momento, su principal desafío es hacer crecer La Fonda. El local funcionará al mediodía, de 12 a 15, y por la noche, de 20 a 23.30. Abrirá de lunes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo. Los martes serán para descansar.

Entre las opciones que ofrecerá habrá hamburguesas estilo americano, con abundante cheddar y queso, además de lomos completos, empanadas, pizzas, tartas y burritos. Su intención es incorporar también un menú diario para quienes buscan una comida al mediodía, ya sea durante su jornada laboral o para llevar a casa.

Un sueño que todavía continúa

Alan no considera que abrir La Fonda sea el punto final de su historia. Para él, es apenas otro paso. Tiene un sueño que todavía mantiene intacto: abrir algún día su propio bodegón.

La idea es crear un lugar con platos abundantes y precios accesibles, pensado especialmente para las familias. “Mi sueño es abrirme un bodegón. Pero vamos de a poquito, paso por paso. Esto no se da de un día para el otro”, aseguró.

Mientras tanto, se concentra en esta nueva etapa y en una idea que repite cuando habla de su manera de cocinar: quiere que quienes entren a su local puedan sentir la dedicación que puso para llegar hasta allí.

“Lo que quiero que la gente vea es la dedicación y el amor que le entrego a todo esto. Lo hago con mucho amor porque a mí me costó mucho. Quiero que mis clientes cuando vengan a comprar acá sienta eso”, concluyó.

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