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Perdió su trabajo en la pandemia y creó Florece Natural, un emprendimiento neuquino de cosmética vibracional

El rubro en el que trabajaba fue uno de los más golpeados por la pandemia, lo que la llevó a replantearse su camino y apostar por un proyecto propio.

En tiempos donde el ritmo cotidiano muchas veces deja en segundo plano el bienestar personal, cada vez más personas buscan alternativas para reconectar consigo mismas. En ese contexto, los emprendimientos ligados a lo natural y lo holístico comienzan a ganar protagonismo.

Celeste Pérez Montes, es una emprendedora neuquina de 38 años que encontró una forma de reinventarse a través de su emprendimiento personal. Es licenciada en Turismo, formación que desarrolló en la Universidad Nacional del Comahue, y especialista en marketing, algo que hoy aplica en su marca.

Durante varios años trabajó en el sector turístico, hotelero y en distintos espacios vinculados al marketing, atravesando jornadas laborales intensas y exigentes que marcaron gran parte de su recorrido profesional.

Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a interesarse cada vez más por el bienestar integral y las terapias alternativas, un camino que, aunque en ese momento no lo sabía, terminaría siendo clave en su vida. “Creo que todo lo que fui haciendo antes tenía un sentido. Hoy veo que cada experiencia terminó aportando a lo que es mi emprendimiento”, reflexiona.

Los inicios del proyecto

El año 2020 fue un punto de inflexión para muchos sectores y cientos de personas se vieron en la necesidad de buscar nuevas alternativas para subsistir. En el caso de Celeste, la paralización del turismo, a causa de la pandemia, impactó de lleno en su trabajo y el despido de la empresa en la cual se desempeñaba la llevó a replantearse su futuro laboral.

Fue en ese contexto que Celeste decidió apostar por un camino propio. Con conocimientos previos en terapias holísticas como Reiki y Flores de Bach, comenzó a pensar en la posibilidad de transformar ese saber en una fuente de ingresos.

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“Ya venía trabajando con terapias, pero en ese momento dije: ‘voy a crear un producto’”, recuerda. Así fue como empezó a dar forma a lo que hoy es Florece Natural – Cosmética Vibracional.

Los primeros pasos fueron de a poco. Las brumas terapéuticas fueron el puntapié inicial de un proyecto que comenzó desde cero y que fue creciendo con el tiempo. Pero crear productos propios implicaba mucho más que el conocimiento previo en terapias.

Para eso, Celeste se volcó de lleno a la formación: estudió cosmética natural, aromaterapia y sumó también cursos de masajes y meditación. A eso se sumó el aprendizaje de herramientas administrativas, de gestión y financieras necesarias para llevar adelante una marca propia, desde fijar precios hasta organizar proveedores y planificar el crecimiento del proyecto. Cada nuevo conocimiento que incorporaba encontraba su lugar dentro de la propuesta que estaba construyendo.

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En esos primeros años, el esfuerzo fue constante. Participó en ferias, eventos y espacios de emprendedores, donde no solo comercializaba sus productos, sino que también daba a conocer la marca y construía un vínculo directo con el público.

Mucho más que cosmética

Con el crecimiento del proyecto, la propuesta fue ampliándose y ganando identidad propia. Lo que comenzó con un producto puntual hoy se consolidó como una marca que combina distintas herramientas orientadas al bienestar integral.

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Actualmente, además de las brumas, ofrecen aceites para masajes, roll on, cremas y sales de baño, elaborados a partir de aromaterapia y pensados para acompañar tanto el bienestar físico como emocional.

A su vez, el proyecto se complementa con la realización de terapias como Reiki, Flores de Bach, meditación y masajes, generando espacios donde las personas pueden reconectar consigo mismas y encontrar momentos de pausa en la rutina diaria.

Este crecimiento también se vio acompañado por la conformación de un equipo de trabajo que la respalda en distintas áreas. Un ejemplo de ello es Rocío, quien se sumó al proyecto para acompañar la parte comercial. Para Celeste, encontrar a alguien que pudiera representar la marca no fue tarea sencilla: se trata de productos tan específicos que requieren de alguien que los entienda y se comprometa genuinamente con la propuesta. Además, otras colaboradoras se ocupan del diseño gráfico y la comunicación, áreas clave para seguir proyectando la marca.

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Esta integración entre productos y servicios le permitió a Celeste construir una propuesta más completa, en la que cada elemento responde a un mismo objetivo: acercar herramientas concretas para mejorar la calidad de vida.

Neuquén, un lugar de oportunidades

En ese camino de crecimiento, el acompañamiento institucional también fue un factor importante. A lo largo de los años, Celeste recibió apoyo tanto del municipio como de la Provincia de Neuquén, a través de distintas herramientas orientadas a fortalecer emprendimientos locales.

Celeste destaca el valor de las capacitaciones que recibió a través de estas instituciones, especialmente por el acceso a formadores especializados que de otra manera hubieran sido difíciles de alcanzar.

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Además, la posibilidad de participar en ferias y eventos organizados en la ciudad fue clave en las primeras etapas del proyecto. Celeste reconoce que esos espacios no solo le permitieron comercializar sus productos, sino también ganar visibilidad y conectar con nuevos públicos. Con el tiempo, el proyecto fue ganando su propia comunidad y ya no necesitó depender tanto de ellos para ser visible.

Orgullosa de sus raíces, también pone en valor el desarrollo local y el potencial emprendedor de la provincia. "Soy neuquina y me gusta que el proyecto haya crecido desde acá. Hay muchísimos emprendimientos que aportan valor y que merecen ser visibilizados", asegura.

Los altibajos del proceso

Como ocurre en muchos procesos emprendedores, el camino no estuvo exento de momentos de incertidumbre. A lo largo de estos años, Celeste reconoce que en más de una ocasión pensó en dejar el proyecto, atravesada por el cansancio, la exigencia y las dificultades propias de haber empezado desde cero.

“Hubo momentos en los que no quería seguir, por el desgaste o porque las cosas no siempre salen como uno espera”, admite.

Con el tiempo pudo comprobar que se trata de una etapa casi inevitable en el camino emprendedor. Lo conversó con colegas y compañeros, y encontró que la mayoría había atravesado momentos similares: una instancia en la que todo parece indicar que es mejor soltar, justo antes de que el proyecto empiece a dar sus frutos.

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Sin embargo, cada vez que esa idea aparecía, había algo que la hacía replantearse la decisión: el crecimiento sostenido del proyecto y el vínculo construido con quienes eligen sus productos y terapias. “Por más que a veces te alejes un poco, la gente te sigue buscando. Ahí te das cuenta de que ya creaste algo que no podés soltar”, reflexiona.

Lejos de ser un proceso lineal, define su recorrido como una construcción con altibajos, en la que la constancia y la adaptación fueron claves para sostener y hacer crecer la propuesta.

El bienestar como forma de vida

Más allá del crecimiento de su emprendimiento, hay un aspecto que Celeste considera fundamental: la coherencia entre lo que propone y su propia forma de vida. Lejos de una idea idealizada, asegura que alcanzar ese equilibrio también implicó años de esfuerzo, aprendizaje y organización.

Actualmente, combina su proyecto con un trabajo en relación de dependencia como docente en gestión hotelera para el Consejo de Educación, lo que le permite mantener una estructura laboral estable mientras continúa desarrollando su marca.

"Durante muchos años tuve una vida laboral muy exigente, con mucho estrés y sobrecarga. Hoy estoy en una etapa en la que busco equilibrar más las cosas", explica.

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Para ella, no se trata tan solo de una salida laboral: define el emprendimiento como un proceso de transformación que modificó su forma de ver y transitar el día a día. Organizar sus tiempos, respetar sus propios ritmos y priorizarse a sí misma dejaron de ser una aspiración para convertirse en una práctica cotidiana.

"Emprender también es aprender a vivir con más equilibrio. Al principio es mucho trabajo, pero cuando encontrás tu ritmo, te da muchísimo, sobre todo calidad de vida", sostiene.

Con la mirada puesta en el futuro, asegura que seguirá apostando al proyecto y al desarrollo de nuevas propuestas. Pero más allá de los planes, hay una certeza que ya no necesita demostración: "Florece Natural vino a sanarme, a ordenarme y ayudarme a florecer. Y también a ser un puente para otras personas que necesitan lo mismo."

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