Maximiliano Diederle celebró el día del Sommelier y aseguró que el vino no tiene por qué ser costoso o sólo para entendidos. Su vocación al servicio de rescatar al vino como "bebida nacional".
De una figura exótica y refinada de los restaurantes a un comunicador accesible que tiende puentes entre el vino y el paladar, los sommeliers cambiaron su perfil para ocupar un nuevo lugar en el imaginario colectivo. Con más información disponible y más tecnología en la producción vitivinícola, pero con una pasión inalterable por esta bebida, hoy se reinventan para que el vino siga presente en la mesa de todos los días.
Maximiliano Diederle festejó esta semana el Día del Sommelier. Y aunque hoy su trabajo resulta más conocido, en sus inicios tenía que brindar largas explicaciones cada vez que alguien le preguntaba por su profesión.
"Todavía hay un largo camino para recorrer en términos de educación y comunicación al consumidor", explicó a LM Neuquén. Y aclaró que su rol es precisamente ese: "un Sommelier es en esencia un comunicador que conecta el vino con el consumidor".
Antes, su rol era concebido como un personaje exclusivo de distinguidos restaurantes sólo accesibles a una porción muy pequeña de los consumidores. Hoy, sin embargo, el escenario cambió y, en esa transformación, los sommeliers tienen más oportunidades de inserción.
"Hoy el campo laborar de un Sommelier ya no pasa solamente por el salón del restaurante. En los últimos años, la profesión se a expandido muchísimo, y hay muchos Sommeliers trabajando con diferentes bodegas, distribuidoras de bebidas, importadores y exportadores, asesorando de manera externa a diferentes establecimientos gastronómicos, dando charlas y catas privadas", repasó.
Para él, ser sommelier es ser un contador de historias, un guía que acompaña el viaje al interior de una botella para saber mucho más de la historia de esa bebida. A través de un sorbo de vino consiguen contar mucho más: "Buscamos transmitir la identidad de cada proyecto, cada cepa, cada lugar".
Maximiliano Diederle no puede encontrar la fecha exacta en que inició su interés por el vino. Aseguró que la bebida le gustó desde siempre, pero fue a los 25 años cuando empezó a consumirla con regularidad y acercarse de forma definitiva a un universo que excede un simple descorche.
"Empecé a asistir a catas en vinotecas que en ese entonces, hace 15 años atrás, no abundaban y luego a realizar los primeros cursos de cata de vinos, para profundizar más en la bebida y apreciarla mejor. A principios de 2019, impulsado por mi pareja especialmente, me anoté en la carrera de Sommelier", relató.
"Durante el primer año de la carrera había participado en algunas ferias de vinos, catas y eventos como Sommelier. Y en el segundo año de la carrera en la EAV (Escuela Argentina de Vinos), en plena pandemia, con mi pareja decidimos comenzar un proyecto personal de venta de vinos online, que hoy continua vigente, llamado Fika Wines", relató.
Diederle pasó 12 años trabajando en hotelería de lujo en Puerto Madero, hasta que se convirtió en brand ambassador para Benegas, unas prestigiosa bodega que tiene historia en la Argentina.
"Hacia fines de 2024 dejé mi puesto en Benegas, para poder trabajar con diferentes marcas y distribuidoras, como lo hago actualmente, en especial con Bodega Familia Schoreder, Bodega Vistalba, Finca La Anita y Mosquita Muerta, entre otros", relató.
Hoy, su trabajo tiene un objetivo claro: sostener al bebido como una bebida insignia en la mesa de los argentinos, incluso cuando el consumo de bebidas alcohólicas profundiza su tenfencia a la baja. "Es nuestra bebida nacional y debemos darle el lugar que se merece", afirmó.
Aunque reconoció que cada vez hay más personas que se interesan por aprender sobre el universo vitivinícola y se multiplica el número de inscriptos en los cursos, catas o eventos relacionados, Diederle consideró que el vino sigue siendo una bebida que se insertó en una porción muy acotada de la población.
En ese sentido, consideró que suelen repetirse las consultas sobre aspectos básicos de esta bebida, mientras crece un prejuicio sobre el universo vitivinícola por parte de consumidores que sienten que el vino es demasiado complejo o costoso para ellos.
"Algunas de las consultas más frecuentes siguen siendo sobre el corcho natural y la tapa a rosca; la picada de la botella, que es la concavidad en la base de las botellas, que no siempre se relaciona directamente con la calidad del vino; cómo saber si un vino es o no de guarda, y cómo o dónde conservarlo", dijo y agregó: "También nos preguntan sobre las notas aromáticas que se perciben en los diferentes vinos, si son naturales o agregadas".
Para el sommelier, el propio avance de la tecnología que sofisticó los métodos de producción también amplió una brecha con el consumidor. Por eso, consideró que en las últimas décadas, el vino dejó de ser una compañía de la mesa diaria de los argentinos para pasar a ser un producto más refinado.
"Con la transformación de nuestra industria vitivinícola hubo con un gran salto en calidad de elaboración, tecnologías, conocimientos, y reconocimiento internacional, hemos puesto el foco en un segmento muy alto de vinos, complejizando su comunicación", dijo y agregó: "Eso alejó a un gran numero consumidores que sienten que el vino no es para ellos, que hay que entender de vinos para apreciarlos o hay que pagar grandes sumar para tomar un buen vino".
Para él, sin embargo, esta complejidad es sólo un mito: "La realidad es que en definitiva, como todo en la vida, se trata de si a vos te gusta o no".