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Por Alvaro Nanton - nantona@lmneuquen.com.ar
Carlos tiene 57 años y nunca se hubiese imaginado tener la familia que tiene. Ni en sus años de juventud, cuando los prejuicios le marcaron la cancha por ser homosexual, ni en sus décadas adultas en la ciudad de Buenos Aires. 30 años después se volvió a encontrar con un amor adolescente para formar una familia homoparental en la ciudad de Neuquén.
Marcelo le había enviado un mensaje que quedó archivado durante dos años en la carpeta de pendiente a la espera de que Carlos lo aceptara, como si debieran pedir permiso para hablarse. No se tenían de “amigos” porque esa era la dinámica con que arrancó la relación: ultra secreta.
Los prejuicios hicieron que se perdieran el rastro y quedara silenciado el vínculo durante 30 años. La comunicación junto con la tecnología avanzaron y Marcelo reencontró a Carlos por fotos en Facebook. Pero nada sería igual.
Cada uno había formado su familia. El hombre de 57 años, se había convertido en padre de tres, mientras que Marcelo, de 55, de uno: Mauricio. Más allá del paso del tiempo y de la conformación de las nuevas familias por separado, el reencuentro avivó aquella pasión y apostaron al amor: “Me vine a vivir a Neuquén para formar una nueva familia, nos casamos el 22 noviembre del 2019 y adoptamos a Juan Martín, de 13 años”.
Entre los prejuicios que aún existen y los que Carlos no pudo romper, pide que no se mencione ni se publiquen las fotos de uno de sus hijos porque “en su trabajo son homofóbicos” y no quiere que su historia “lo haga padecer”.
Conocé a esta familia que destrozó los manuales de este Día del Padre.
“¡Cómo me hubiese gustado haber tenido un papá así!”, le exclamó Andrés a Carlos, en medio de una conversación después del trabajo. El joven, que tenía 18 años, venía de una situación complicada en la que se tuvo que ir del interior del país a la Capital Federal para poder trabajar y alimentar al resto de sus hermanos. Ahí fue que conoció a este acompañante terapéutico, que tenía unos 30, y aseguró a LMN: “Tuve mucha afinidad con Andrés dentro y fuera del trabajo, me pedía consejos y yo lo ayudaba mucho”.
Entre la soledad y los problemas que oscilan en la ciudad voraz de Buenos Aires para un chico del interior, apareció la figura de Carlos. Una persona que no era de Capital Federal, que le daba consejos y la relación se volvió más estrecha porque encontró las seguridades y las respuestas en una vida que lo golpeó demasiado. “Después de esas tantas conversaciones, en la que me presentó sus problemas y le intenté aconsejar, me hizo una pregunta…”, desarrolló Carlos, con un tanto de intriga y emoción, mientras sus ojos se cristalizaron.
“Aún lo recuerdo y me emociono”, deslizó, mientras contó que Andrés le preguntó si le podía empezar a decir “papá”… La respuesta de Carlos fue automática: “Claro que sí, hijo”. Esa relación quedó etiquetada como tal, sin papeles, pero “con el compromiso que tiene un padre con su hijo, de ayudarlo, acompañarlo y ser su contención”.
“Como mi papá murió y vos sos mi padrino, ahora pasarías a ser mi papá, ¿no?”, le dijo Gabriela, de once años, a Carlos en el Hospital Muñiz de Buenos Aires. Ahí, ella estaba en tratamiento contra el VIH y Carlos era quien trabajaba con estos pacientes. “Había generado una relación estrecha con ella y con K.A, dos jóvenes de la misma edad que conectamos muy rápido y ya habíamos casi que establecido este vínculo”, agregó.
Las vueltas y los vuelcos de la vida habían hecho que Gabriela estuviera en un hogar de niños y se fuera a hacer los chequeos a ese hospital. “Conectamos, no sé como se puede explicar. Si bien tenía buena relación con todos los chicos, con estas dos personas tuvimos un amor incondicional de entrada”, se sinceró.
“Qué lindo que viniste a verme”, le había dicho K.A. a Carlos, cuando lo fue a visitar al hospital Muñiz. “Ese día entré a trabajar y cuando miré en la planilla de quienes habían ingresado, leí su nombre me fui rápido a la habitación”. Ahí estaba él, solo y tapado con una manta, cuando le fue a preguntar qué era lo que pasaba.
“Se alegró al verme y claro, a él lo habían criado uno de sus abuelos y al morir, quedó solo y cuando la asistencia social del estado detecta este tipos de casos los trae al hospital hasta buscar un hogar”, explicó y describió que K.A. tenía en ese momento 11 años, estaba solo en el mundo y también tenía VIH de nacimiento.
“Recién a los 17 me los pude traer a vivir conmigo por tema de los papeles, yo no podía justificar ningún vínculo familiar para que me den la tenencia. Entonces, cuando cumplieron esa edad, ya se fueron a vivir conmigo”, explicó.
La rutina, como padre monoparental de tres hijos y conviniendo con dos de ellos, venía muy tranquila hasta que un mensaje por Facebook volvió a revolucionar el estado sentimental de Carlos. Entre la suerte y la privacidad de esta red social, estaba en pendiente un mensaje de Marcelo, un usuario que conocía muy bien, pero no lo tenía de “amigo”.
Ese fue el inicio de un reencuentro con 30 años de diferencia y una relación de amor de la juventud que siguió ahí, pausada, que las comunicaciones actuales la volvieron a encender. Marcelo, vivía en Neuquén y recibió a Carlos, que viajó entre la excusa de un cumpleaños y la justificación para verlo.
“Nos empezamos a ver y él había empezado con los trámites para adoptar un pequeño, a lo que cual yo me sumé porque estaba convencido de que quería ser padre con él”, asumió.
Los trámites de adopción llevaron un tiempo largo. En eso, Carlos y Marcelo viajaban 1200 kilómetros para verse, hasta que entre la decisión y la obligación tuvieron que convivir bajo el mismo techo. “Yo renuncié a los trabajos y me vine a Neuquén. Cuando tomé la decisión, senté a mis tres hijos y se los conté. El único que se puso medio celoso o molesto fue K.A.”.
Esa molestia, a las semanas siguientes y ante la inminente partida de Carlos de Buenos Aires, terminó con un: “Papá, yo me voy a Neuquén con vos”.
Así se comenzó a gestar la nueva familia homoparental entre Carlos, Marcelo y su hijo Juan Martín, que estaría por “llegar”, y K.A.. “Estábamos y seguimos muy contentos con los pasos, pero falta que te cuente lo mejor”, dijo sonriendo.
“No lo etiquetaría por géneros a la adopción, sino más bien la adopción en sí es engorrosa”, corrigió Carlos. Al ingresar en el sistema para poder ser papá hay que llenar “miles de papeles y formularios”, y los pasos son un tanto tediosos, pero “cuando querés ser padre, realmente, lo hacés todo sin problemas”.
Juan Martín conoció el 31 de diciembre del 2018 su nuevo hogar en Neuquén, entre carteles y globos. Pero, para llegar en ese momento, Carlos y Marcelo tuvieron que pasar varias instancias: primero, presentar sus perfiles en Neuquén, ser aprobados y buscar un niño que cumpliera con las características en todo el país. Luego, al niño se le pregunta si desea tener dos papás y cuando él acepta, se le muestran las fotos.
“Probamos sacarnos varias veces la fotos que le íbamos a enviar, pero bueno, le mandamos una auténtica porque no tenemos que aparentar nada”, explicó y una vez que el niño aceptó, ahí recién le hicieron llegar la foto de Juan Martín al matrimonio.
Con el okey de ambas partes, recién empezó el proceso de vinculación que generó que Carlos y Marcelo viajaran más seguido a Buenos Aires, ya que Juan Martín estaba en un hogar en el Conurbano. “Este es un proceso que costó un poco en cuanto a lo económico, porque tuvimos que bancarnos casi dos meses allá”, criticó, pero “ser padre no tiene precio y uno lo hace porque realmente lo siente”.
Esta pareja, que ahora tienen 57 y 55 años, filmó la vuelta a casa en avión y registraron cómo iban a hacer los pasos. “Esto lo hacíamos para que Juan Martín mire y no tenga miedo a la hora de venir a casa porque nunca viajó”, contó, pero no fue necesario, ya que el pequeño cuando le tocó volar a Neuquén se durmió todo el vuelo.
Desde los hospitales públicos hasta los propios compañeros. Planillas tachadas en donde pide los nombres del “padre” y de la “madre”. Docentes de vida que fueron un ejemplo rompieron los paradigmas de la educación actual.
“Los niños reproducen lo que escuchan en la casa y para que se genere la discriminación en las aulas tuvo que haber un papá que lo piense así. Si en el hogar de cada uno de sus compañeros nos tratan de `putos´, el niño actuará igual porque los niños son, en parte, la representación de la casa de cada uno”, aseguró Carlos y explicó que Juan Martín no tuvo problemas con la construcción familiar y jamás los juzgó.
Pero los prejuicios se le presentaron en varios momentos y lugares. Hace poco tiempo, llevaron a Juan Martín a hacer un chequeo al hospital en donde la recepcionista “no comprendía que el pequeño tuviera dos papás”. “Más allá de la burocracia, en donde tenemos que tachar mamá para completar los datos, la mujer que estaba ahí no podía comprender que el chico tenía dos papás, ella no lo podía aceptar”, dijo resignado, y detalló que la joven que estaba en el ingreso no se mostró abierta a comprender otras realidades.
“Queremos un hermanito para Juan Martín y ya comenzamos con los trámites”, aseguró la el matrimonio, que buscarán su sexto hijo. Más allá de tenerlos separados entre Neuquén, Mar del Plata y Buenos Aires, “la comunicación es muy buena entre todos” y ahora quieren “ampliar la familia”.
“Hace algunos meses que ya nos presentamos y está avanzando todo rápido, veremos cuándo volveremos a ser papás”, dice, contento, mientras que planifica cómo será su vida con un hijo más, tres nietos y su esposo: “La verdad que nunca imaginé conformar una familia tan linda”.
“No sueño volverme a mi Roca natal, solo quiero estar rodeado de esto hermoso que construimos con Marcelo”, proyectó, mientras deseó que el futuro siga “con el mismo amor e intensidad” con la que está viviendo este presente.
- ¿Qué le dirías a las personas que están buscando adoptar?
Lo mismo que digo siempre, a los que quieren adoptar y a quien están buscando de “forma natural”, por decirlo de alguna manera. Lo central es tener la certeza de querer ser papá, el resto, desde el amor, se soluciona.
- ¿Y aquellos que están buscando ser padres homoparentales?
Es importante que ellos mismos se saquen los prejuicios. De forma general, la vida no es como nos contaron que es y las cosas porque sean así no significa que no puedan ser cambiadas. Cuando yo era joven tenía muchas ganas de ser padre, pero nunca me hubiera imaginado llegar a tener esta familia que tengo ahora.
Con la esperanza de un nuevo hermanito para Juan Martín, Carlos y Marcelo tienen claro que será el último y quieren cerrar con una frase que acompañó toda la entrevista: “Los chicos no tienen en cuenta cómo está formada la familia, solo quieren una porque tienen mucho amor para dar”.
Sin pensarlo de joven, luchando contra los prejuicios de ser homosexual y siendo padre homoparental, Carlos está feliz. Educó a quienes se lo enfrentaron y rodearon, y concluyó con su lógica de vida: “Somos esto y somos una familia feliz, si no te gusta, respetanos”.
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