El pasivo ambiental de la gran cita de la FIFA pasaría factura. El subcampeón del domingo no sería el verdadero perdedor.
La Copa Mundial de la FIFA llega a su fin este domingo. El pitazo final supondrá una gran alegría para los vencedores y todo lo contrario para los subcampeones. El verdadero derrotado, sin embargo, no sería un equipo de fútbol.
El VAR a la huella de carbono del megaevento deportivo, el más grande de la historia, asusta con los detalles que no se ven en la dinámica efervescente del juego. Pero la cita mundialista no solamente está dejando un severo impacto en la contaminación atmosférica, según advirtieron publicaciones especializadas y estudios científicos que ya están disponibles. Véase:
La decisión de la FIFA de organizar la Copa Mundial de Fútbol 2030 de forma fragmentada —celebrando los partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay para conmemorar el centenario del torneo, y trasladando inmediatamente después el resto del evento a España, Portugal y Marruecos— desató ya una ola de alarmas en la comunidad científica.
Especialistas ambientales en eventos deportivos pusieron el grito en el cielo por anticipado y no dudaron en calificar este formato de tres continentes y seis países como una "aberración ecológica".
La huella de carbono base estimada para el próximo mundial, de acuerdo con las proyecciones científicas, generará al menos 6.1 millones de toneladas de CO2 de forma directa. Esto representa un incremento del 29% frente al promedio histórico de los mundiales tradicionales de 32 selecciones (2010-2022).
A excepción de los tres escenarios sudamericanos en la fase de grupos, el resto del mundial se disputará en Europa y el norte africano, que este verano están registrando temperaturas extremas a causa del calentamiento global. El impacto en la salud de jugadores y espectadores, sin duda, no será menor.
Cada cita mundialista se realiza cada cuatro años. Podría pensarse que sería suficiente para morigerar las consecuencias climáticas en ese lapso de tiempo. No parecería ser así. En 2028 se realizarán los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, una cita que se prometió ser de “cero emisiones”, aunque los especialistas ya avisaron que los resultados esperados serán lo opuesto.
Se proyecta que, alrededor del 60% al 66% de esa huella de carbono, será generada por los viajes aéreos de los más de 15.000 atletas y millones de espectadores transcontinentales. Los científicos advirtieron que la organización tiene poco o nulo control sobre las emisiones de la aviación comercial, lo que convierte la "neutralidad" de los juegos en una promesa frágil.