Una familia aseguró ocupar el inmueble desde 1986 y presentó pruebas de mejoras, servicios y pagos. Sin embargo, un juez valoró distintos elementos.
Vivir durante décadas en un terreno, cercarlo, construir y realizar distintas mejoras no alcanza por sí solo para convertirse en propietario. Así lo determinó la Justicia civil de Neuquén al resolver una disputa por un inmueble ubicado en Plottier, donde una familia aseguraba permanecer desde hacía más de 30 años.
El caso giró alrededor de la prescripción adquisitiva, también conocida como usucapión, un mecanismo previsto por la ley que permite adquirir el dominio de una propiedad cuando una persona demuestra haberla poseído como dueño, de manera continua e ininterrumpida, durante al menos 20 años.
En este caso, los ocupantes afirmaron que esa situación había comenzado en diciembre de 1986. Sin embargo, después de analizar la documentación, los testimonios y el resto de las pruebas incorporadas al expediente, el juez Martín Enrique Peliquero consideró que no estaba suficientemente acreditado que la posesión hubiera cumplido todos los requisitos legales durante el tiempo exigido.
La familia explicó durante el proceso que el padre de los actuales ocupantes había encontrado el terreno abandonado a fines de 1986. Según su relato, decidió cerrar el predio con alambre tejido, comenzó a limpiarlo y con el paso de los años realizó diferentes mejoras.
Después de la muerte del hombre, sus hijos continuaron utilizando el inmueble y sostuvieron que esa permanencia prolongada demostraba una posesión ejercida como verdaderos propietarios.
Para respaldar esa versión se incorporaron distintos elementos al expediente. Entre ellos, un informe de la Dirección Provincial de Rentas, que indicaba que el hombre figuraba desde fines de 1986 como responsable del pago correspondiente al inmueble. También fueron presentados antecedentes vinculados con un suministro eléctrico y declararon varios testigos que recordaban la existencia de cercos, construcciones y hasta un quincho levantado en el lugar.
Pese a esos elementos, el juez entendió que las pruebas no alcanzaban para establecer de forma contundente desde qué momento había comenzado la posesión y si se había mantenido de manera continua durante los 20 años requeridos.
Uno de los puntos centrales de la sentencia fue precisamente la necesidad de acreditar con claridad el inicio de la ocupación. Para obtener una propiedad mediante usucapión no basta con demostrar que se vive desde hace muchos años en un lugar o que se realizaron mejoras. Es necesario probar una posesión continua, pública e ininterrumpida y con ánimo de comportarse como dueño durante todo el plazo previsto por la ley.
El magistrado consideró que, en este caso, la documentación y los testimonios mostraban una extensa relación de la familia con el terreno, pero no permitían reconstruir con la precisión necesaria toda la historia de esa posesión. Entre las dificultades detectadas, algunos antecedentes relacionados con los servicios no permitían determinar claramente a cuál de dos lotes contiguos correspondían.
Además, se presentó documentación cuya autenticidad no había podido ser acreditada. Los testimonios, por su parte, permitían confirmar que en diferentes momentos existieron construcciones, cercos y utilización del lugar, pero no resultaban suficientes para demostrar de manera concluyente que esa posesión se había mantenido sin interrupciones durante todo el período alegado.
A esto se sumó otra falencia: no se había presentado el plano requerido para este tipo de procesos judiciales. La combinación de esas circunstancias llevó al juez a rechazar la prescripción adquisitiva planteada por la familia.
La situación de quien reclamaba la devolución del terreno era diferente. Durante el juicio pudo demostrar que había adquirido el inmueble mediante una subasta judicial y que figuraba formalmente como su titular registral.
Frente a la falta de pruebas suficientes para reconocer la usucapión reclamada por los ocupantes, prevaleció entonces el derecho del propietario inscripto y se dispuso la devolución del inmueble.
El fallo deja así una advertencia importante para este tipo de conflictos: el paso del tiempo, por sí solo, no transforma automáticamente a un ocupante en propietario. Quien pretende quedarse con un inmueble a través de la prescripción adquisitiva debe probar de manera sólida no solamente que estuvo allí durante años, sino desde cuándo comenzó esa posesión y que la mantuvo de manera constante y como dueño.
El propietario registral también había solicitado una compensación económica por el período durante el cual aseguró que no había podido utilizar ni disponer libremente del terreno. Ese planteo, sin embargo, tampoco prosperó. La Justicia consideró que no había demostrado qué destino concreto pretendía darle al inmueble ni cuál había sido el beneficio económico que efectivamente dejó de obtener durante ese período.
Por ese motivo, aunque obtuvo una decisión favorable respecto de la recuperación de la propiedad, no consiguió que se reconociera una indemnización por la ocupación del terreno.
El caso de Plottier terminó así con una resolución que diferenció dos cuestiones: por un lado, la falta de pruebas suficientes para que la familia pudiera convertirse en propietaria mediante usucapión y, por otro, la ausencia de elementos que justificaran una reparación económica a favor del titular registral.