La muerte de Brenda, Morena y Lara continúa bajo investigación. Fueron maniatadas, amordazadas, golpeadas, torturadas, apuñaladas y mutiladas.
Este sábado se cumplió un año del triple femicidio que conmocionó al país. Lara Gutiérrez, Morena Verdi y Brenda del Castillo desaparecieron el 19 de septiembre del 2025 y cinco días después sus cuerpos fueron encontrados en el patio de una casa en Florencio Varela.
Eran tres amigas que fueron engañadas creyendo que iban a una fiesta y terminaron maniatadas, amordazadas, golpeadas, torturadas, apuñaladas y mutiladas. La investigación del crimen sigue abierta y hasta el momento cuenta con 16 detenidos y seis prófugos, mientras se busca establecer el móvil y la estructura criminal detrás del crimen.
Lara de 15 años junto a Brenda y Morena de 20 años, se subieron aquel día a las 21:29 horas a una camioneta Chevrolet Tracker blanca que las llevaría a una emboscada mortal. Sus cuerpos fueron encontrados enterrados en un pozo del patio trasero de la vivienda de Chañar 702 en Villa Vatteone.
El caso conmocionó al país y expuso una trama de narcotráfico con ramificaciones dentro y fuera de Argentina. Frente a esta situación, el caso pasó a fuero federal y se realizaron detención tanto en Perú como también en Bolivia. Uno de los principales acusados y detenidos por el triple homicidio es "Pequeño J", Tony Janzen Valverde Victoriano.
En la casa del crimen las autoridades encontraron a Andrés Maximiliano Parra, de 18 años, y Daniela Ibarra de 19, mientras intentaban limpiar rastros dentro de la vivienda. Fueron los primeros detenidos del caso.
La pista siguió y lograron detener en un hotel alojamiento a Miguel Ángel Villanueva Silva, ciudadano peruano de 26 años señalado como uno de los participantes del crimen y a su pareja, Celeste González Guerrero, de 28.
Ella fue la primera en declarar ante los efectivos policiales y revelar que los cuerpos de las tres chicas se encontraban en el patio de la vivienda bajo un tanque de agua.
A un año del triple crimen, los fiscales Adrián Arribas, Diego Rulli y Claudio Fornaro, integrantes de la DDI de La Matanza, hablaron sobre lo que significó la investigación del caso, el rol de Pequeño J y la connotación narco de la muerte de las tres jóvenes.
En diálogo con TN, los fiscales indicaron que rápidamente "tomamos conciencia de la magnitud de la investigación". "No sólo por lo cruento del suceso, sino también por la repercusión que estaba tomando desde un inicio", dijo Fornaro.
"Fue de mucha repercusión por el salvajismo del hecho", sostuvo el fiscal Arribas. Al mismo tiempo, destacó el trabajo en conjunto entre provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires para dar rápido con algunos de los sospechosos.
El caso comenzó siendo investigado por la DDI de La Matanza, pero también habían domicilios y lugares relacionados a la estructura del narcotráfico en villas de CABA, lo que significa que el trabajo en conjunto de las autoridades fue clave. Lo mismo con policía de Bolivia y Policía y Narcotráfico del Perú, donde se llevaron adelante tres detenciones: Pequeño J, Matías Ozorio señalado como su hombre de confianza y a Víctor Sotacuro apodado "El Duro" en Bolivia.
Los investigadores señalan que Brenda, Morena y Lara fueron engañadas y llevadas a una fiesta que sería una trampa mortal. Entre los detenidos hablan de un presunto robo de droga a Sotacuro, entre 30 o 300 kilos, donde una de ellas habría estado involucrada.
"Hubo una organización que era allegada a las chicas pero ellas no tuvieron que ver con el robo de droga. Fueron engañadas para ir a una fiesta y recuperar el cargamento", explicó el fiscal Rulli.
Al mismo tiempo, señaló que hubo ensañamiento y un mecanismo de tortura con las tres. "El mecanismo de muerte fue distinto pero se las sometió a un dolor innecesario", sumó.
Por otra parte Flavio Marino, jefe de la DDI de La Matanza, también habló con TN sobre la investigación que llevó adelante y el duro momento de comunicar el hallazgo a las familias.
"Me toco la peor parte que es darles la noticia de que habia encontrado a las chicas", dijo en un mano a mano con el medio.
"Estuve muchas horas trabajando para poder llegar a esa vivienda. Nos llamo la atención tres chicas juntas que desaparezcan y pudimos acceder a las cámaras que casualmente estaban instaladas donde ellas abordan la famosa camioneta blanca", explicó
Marino fue una de las primeras personas en entrar a la casa donde ocurrieron los asesinatos y describió con lo que se encontraron: "Encontramos un horror. Habian impresiones de manchas hemáticas en las paredes, en los techos, en los pisos, en los baños y también muchos de los muebles estaban fregados. Era evidente que habian querido borrar, limpiar la casa evitando algun tipo de hallazgo de pruebas".
El dato clave para dar con Celeste, la primera detenida que se quebró y confesó, llegó por parte de su madre. El día del allanamiento de la vivienda, la mujer se presentó allí e indicó que su hija le estaba enviando mensajes, pero que "los eliminaba al mismo tiempo".
"En ese momento llega un mensaje de voz para escucharlo una sola vez y dice que ella estaba preocupada, tenía miedo por su vida, que si ella hablaba la iban a matar", recordó Marino.
"Decido hacer una entrevista más profunda con la mamá de Celeste y ahi me dice que ella iba a estar en un hotel. Esta pista los llevo al hotel alojamiento donde efectivamente se encontraba la acusada junto a su pareja, Miguel Ángel Villanueva Silva (27), de nacionalidad peruana.
Según reveló el jefe de la DDI, al momento de ponerle las esposas ven sus manos y confirman que "tenía lesiones en sus manos de alguien que habia utilizado un arma blanca".
Al momento de la detención, Celeste menciona que la tortura fue grababa. Los investigadores presumen que "fue una videollamada por una app encriptada", llamada Zangi, utilizada por grupos criminales y de narcotráfico.
En ese momento, Marino le comentó que la vivienda de Florencio Varela había sido allanada y buscaban a las tres jóvenes, momento en que confesó: "las chicas estaban enterradas en el fondo, abajo de una bomba de agua".
Un año después hay 17 detenidos y varios prófugos con pedido de captura internacional.
Marino sostiene que la organización que ejecutó el crimen fue desarticulada aunque la causa, sin embargo, todavía no terminó.