La expresidenta concedió su primera entrevista a un medio internacional desde su condena. Habló de Milei, Trump y la filosofía china del yin y el yang.
Cristina Fernández de Kirchner concedió una entrevista al diario The Washington Post desde el departamento de San José 1111, donde cumple su prisión domiciliaria, producto de la condena en la causa Vialidad por el direccionamiento de obra pública a empresas vinculadas a Lázaro Báez. La nota fue publicada este lunes 2 de noviembre.
En el reportaje, realizado por la periodista Marina Dias, la expresidenta describió su rutina diaria y dijo sospechar que sus comunicaciones son vigiladas. Pero el centro de la entrevista fue su lectura sobre la justicia argentina y su futuro político.
Según contó en el reportaje, que se publicó este lunes 2, su mundo se reduce al departamento de 200 metros cuadrados. Estableció una rutina: come sano, hace ejercicio cuatro o cinco veces por semana —cinta, step y pesas— y estudia inglés y chino "para que las neuronas no envejezcan". Las tardes las dedica a leer y seguir la actualidad política mundial por televisión, alternando entre canales internacionales.
Cristina Kirchner fue condenada en 2022 en una causa sobre licitaciones de obra pública en la provincia de Santa Cruz durante su presidencia —la llamada causa Vialidad—, que, según los fiscales, benefició al empresario Lázaro Báez. Fue absuelta del cargo de liderar una organización que orquestó sobornos y sobreprecios vinculados a obras viales en la Patagonia. Niega cualquier irregularidad y describe su procesamiento como políticamente motivado.
"Díganme dónde puse el dinero", desafió. "Porque honestamente, si hubiera robado, no estaría en prisión. Estaría libre, porque habría podido comprarle al sistema judicial argentino, porque son corruptos".
Además, afirmó que su encarcelamiento no obedece a los hechos por los que fue condenada, sino a lo que representa políticamente: "Estoy presa por lo que represento, por mi gobierno y por negarme a someterme a los poderes establecidos".
Su abogado, el brasileño Rafael Valim —el mismo que asesoró el caso de Lula—, presentó el caso ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Argumentó que fue privada del debido proceso, que se le atribuyó injustamente la responsabilidad por actos de su jefe de Gabinete y sus ministros, y que su defensa no tuvo acceso a pruebas clave.
El Comité no puede anular fallos nacionales, pero Argentina está obligada a respetar sus estándares como signataria del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. "Si Argentina no cumple", advirtió Valim, "preveo una movilización social irresistible del pueblo argentino."
Cristina tiene 73 años, sigue siendo presidenta del Partido Justicialista y co-líder del Frente de la Patria, el mayor bloque opositor en el Congreso. Según la nota del The Washington Post, las encuestas recientes la muestran con una imagen positiva ligeramente superior a la de Milei, aunque ambos rondan el 30%. Y no descarta volver a competir electoralmente.
"Cuando recupere mis derechos políticos, ¿por qué no?", respondió ante la pregunta directa. El escenario sería 2027, cuando Milei buscaría su reelección.
Para que eso sea posible, el camino pasa por la ONU. La prioridad, según Valim, es restaurar sus derechos políticos y revertir la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
La entrevista se publicó un día antes de las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos. Kirchner fue taxativa: "Paradójicamente, el hombre que hizo todo para ayudar a que los gobiernos de derecha ganen en América Latina va a perder las elecciones en su propio país". Espera que los votantes estadounidenses lancen una ola progresiva.
Pero la reflexión más inesperada de la entrevista llegó con sus lecciones de chino. Kirchner dijo que el estudio del mandarín le dio una nueva forma de pensar la política.
En Occidente, señaló, la lógica dominante es que un lado debe derrotar al otro. La filosofía china, en cambio, plantea que las fuerzas opuestas del yin y el yang coexisten en lugar de buscar eliminarse. "¿Es posible gobernar racionalmente una sociedad en la que el 50% cree que el otro 50% debe desaparecer?", preguntó.