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El descubrimiento se produjo porque uno de los integrantes del grupo se alejó casualmente del lugar. Es el primer reptil de este tipo que aparece en la región.
Científicos del Conicet que participaron de la expedición en la que fue descubierto un cocodrilo fósil de 70 millones de años cerca de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz, revelaron detalles de la investigación y confesó que ni siquiera pensaban lograr semejante hallazgo.
"No estábamos buscando al cocodrilo, la campaña en la estancia era para encontrar otras especies como ranas, aves y plantas", contó Gabriel Lio, paleoartista integrante del equipo que lideró el paleontólogo Fernando Novas.
El hallazgo tuvo lugar en 2020 durante los primeros meses de la pandemia y cobró relevancia pública tras su reciente difusión en el ámbito científico, revela la existencia de un depredador terrestre que cazaba dinosaurios de mediano tamaño para alimentarse.
El fortuito descubrimiento ocurrió en una estancia situada a unos 30 kilómetros de El Calafate. Lio relató que el descubrimiento se dio durante la búsqueda de un compañero que se había alejado del grupo.
Mientras esperaban en el fondo de un valle, el técnico Marcelo Isasi notó una roca con características que le llamaron la atención.
"Marcelo ve una piedra con unas manchas, y ahí surge la impresión de que podía tratarse de algún fósil de animal", contó Lio.
Estaba atardeciendo y ya había poca luz. Lio se acercó y, al observar con detenimiento, exclamó: "¡Mira, Marce!, estos son dientes. Esto es un cráneo".
Era una concreción de roca que había partido el cráneo del animal en cinco fragmentos. Con su conocimiento sobre cocodrilos,Lio reconoció de inmediato de qué se trataba.
"Uno similar apareció en Brasil, pero este que se encontró en Santa Cruz es aún más grande", explicó. La imponente figura del animal, un depredador de unos 4 metros de largo, los dejó "impactados".
"Los cocodrilos son animales que están cercanamente emparentados con los dinosaurios, pero aparecieron antes", explicó Novas, describiéndolos como "más primitivos en su estructura anatómica".
Los científicos remarcaron que reconstrucción del esqueleto no fue sencilla. Isasi descubrió el cráneo incrustado en un bloque de roca.
Los fragmentos, esparcidos en un área de cinco por cinco metros, encajaban unos con otros, revelando las mandíbulas y los dientes puntiagudos de casi cinco centímetros. Posteriormente, hallaron el resto del esqueleto.
Los restos pertenecen a una especie que habitó la región hace más de 70 millones de años, durante el período Maastrichtiano. Se trata del primer ejemplar de este tipo encontrado en la Formación Chorrillo, una formación geológica situada entre el Lago Argentino y el cerro Calafate, clave para entender los últimos capítulos de la era de los dinosaurios.
El reptil habría alcanzado los 3,5 metros de largo y poseía características que lo convertían en un formidable cazador. Sus mandíbulas anchas desarrollaban una gran fuerza de mordida, mientras que sus dientes cónicos con bordes aserrados evidencian una dieta carnívora, presumiblemente basada en dinosaurios de mediano porte.
La expedición que permitió este hallazgo reunió a más de treinta investigadores especializados en distintas disciplinas: paleontólogos, geólogos, sedimentólogos y geofísicos. Incluso especialistas del Museo Nacional de Tokio viajaron hasta la Patagonia para sumarse al proyecto.