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El loro barranquero "invade" ciudades de la Patagonia, pero no por elección: qué explica la ciencia

Investigadores del CONICET dieron a conocer la situación que obliga a la especie a desplazarse. Se los ve más; pero en realidad hay muchos menos.

Al caer la tarde, los cables y postes de varias ciudades de la Patagonia Argentina se llenan de un ruido inconfundible. Bandadas de loros barranqueros ocupan el tendido eléctrico con la misma naturalidad con que antes colonizaban los arbustos del monte.

La escena se repite en lugares como Puerto Madryn, en Chubut, donde en más de una oportunidad hubo oleadas de estos "visitantes" cada vez más numerosos, que llegaron a causar problemas en la red eléctrica y cortes de luz.

Lo cierto es que para muchos vecinos de varios centros urbanos estas aves empiezan poco a poco a formar parte del paisaje.

Lo que pocos saben es que esa presencia no habla de una especie en expansión, sino de una en retirada.

Así lo señalan investigadores del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR–CONICET), que más de dos décadas estudiando al Cyanoliseus patagonus en la región.

Población en caída

Según sus datos, la población total del loro barranquero se redujo cerca de un 40% respecto de su tamaño histórico. Lo que parece una invasión urbana es, en realidad, una concentración forzada.

"No es que haya más loros, sino que ahora están agrupándose donde los vemos más. Antes estaban dispersos a lo largo del monte y hoy están concentrados en pueblos y ciudades, donde encuentran refugio y alimento." Alejandro Gatto, investigador CESIMAR–CONICET

Los loros, del monte a los cables

El loro barranquero es un ave nativa de la diagonal árida argentina, asociada a la ecorregión del monte, con presencia también en puntos específicos de Chile, según puntualizan los investigadores.

Su desplazamiento hacia los centros urbanos responde a un proceso de décadas.

La ampliación de la frontera agropecuaria en el sur de la provincia de Buenos Aires y en la costa de Río Negro, combinada con grandes incendios forestales —especialmente en Chubut—, redujo drásticamente la superficie de monte nativo disponible.

LOROS barranqueros - invasión

El desmonte para la actividad agraria en Buenos Aires y Río Negro, y los incendios forestales de los últimos años en Chubut, obligan a los loros a desplazarse a centros urbanos, explican desde el CENPAT-CONICET.

"Los loros no prefieren estar en las ciudades y en los pueblos; prefieren utilizar sus ambientes naturales nativos", explica Alejandro Gattro, del equipo del CENPAT.

Y continúa: "El problema es que están sufriendo una pérdida de su hábitat muy fuerte. Los cultivos suplantan la vegetación original y a los loros no les queda otra que moverse a donde puedan conseguir refugio y alimento."

En el monte, la especie utiliza grandes matas de arbustos espinosos como dormideros nocturnos. Su condición de espinosas es clave: impiden el acceso de predadores terrestres como zorros y gatos monteses. En la ciudad, esa función la cumplen los postes de alumbrado, el cableado eléctrico y los árboles altos, estructuras que replican —imperfectamente— la altura y el abrigo que el monte les garantizaba.

Una dieta difícil de reemplazar

La alimentación del loro barranquero está estrechamente ligada al monte nativo.

Hojas, brotes y frutos de arbustos autóctonos les proveen fitocompuestos esenciales que explican, según los investigadores, un dato llamativo: no se han detectado parásitos sanguíneos en la especie, algo poco frecuente entre aves silvestres.

Cuando el alimento escasea cerca de las colonias reproductivas, estas aves pueden volar más de 60 kilómetros para conseguirlo y llevarlo a sus pichones.

Cuando ese recurso no está disponible, recurren a plantaciones y cultivos agrícolas. Pero esa alternativa tiene un costo.

"Es como comida rápida o chatarra para ellos, y a largo plazo les hace daño", grafica Gatto.

La dependencia de la dieta nativa hace que la pérdida del monte no sea solo un problema de refugio, sino también de salud poblacional.

Puerto Madryn: corte de luz y pastizales en llamas

La convivencia forzada entre los loros y la infraestructura urbana generó episodios concretos.

En agosto de 2025, una bandada dañó el arco voltaico de las redes de media tensión en la intersección de Lavalle y Piedra Buena, en Puerto Madryn, dejando sin suministro a numerosos barrios.

La cooperativa Servicoop restableció el servicio en pocas horas tras recibir el alerta de un vecino por redes sociales.

"El aviso nos permitió llegar rápidamente al lugar del problema y actuar en consecuencia", destacó la empresa en un comunicado.

Un loro, víctima y causante de un corte de luz en Puerto Madryn

Meses antes, en enero de 2025, un loro se había posado sobre un transformador en la zona de El Doradillo y provocó un cortocircuito y una explosión.

El ave cayó al suelo envuelta en llamas y encendió los pastizales del lugar, iniciando un incendio que debió ser apagado por los bomberos.

Los técnicos de Servicoop explicaron que los loros suelen posarse en las instalaciones eléctricas, aunque raramente generan daños de esa magnitud.

Una convivencia que llegó para quedarse

Los investigadores no descartan que la presencia urbana de la especie disminuya con el tiempo, pero advierten que ese proceso depende de la recuperación del monte afectado por los incendios de los últimos años. No será rápido.

"Es probable que tengamos que convivir bastantes años con los loros. La recuperación de matas que ofrezcan buen alimento y refugio va a llevar tiempo", concluye Gatto, parte de un equipo para el que la situación de los loros en la Patagonia no es novedosa: trabaja el tema desde hace más de 25 años .

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