Fue condenado dos veces a perpetua por tres homicidios. En Paraguay pidieron la extradición para juzgarlo por otros dos. Los crueles métodos que utilizó.
Hace tres semanas, Luis Raúl “El Gusano” Menocchio fue trasladado del penal de Rawson, en la provincia de Chubut, al de Ezeiza, en Buenos Aires.
El traslado de Menocchio, quien se encuentra cumpliendo dos condenas a prisión perpetua por homicidios, fue confirmado por su abogado, Javier Irazusta, después de que la Policía Federal desbarató una red de narcotráfico que el delincuente, también conocido como “el hombre de las mil caras”, conducía desde la cárcel.
Tras el operativo policial que se realizó en Chubut y en provincias del norte argentino, y en el que fueron detenidos los hijos, la esposa actual y la exesposa de Menocchio, se lo sacó de la cárcel de Rawson, donde se cree que actuaba en connivencia con personal del servicio penitenciario.
Cuando el abogado Irazusta informó acerca de la mudanza a Ezeiza, también dio otra noticia: la de la posibilidad de que Netflix llevara a la pantalla la vida del delincuente.
“Estábamos hablando con productoras, estaba por salir un documental de Menocchio”, afirmó el letrado.
Aseguró también que el homicida tendría participación desde prisión y que el proyecto, que contemplaba "incluso la participación del protagonista, con llamados y charlas que se tuvo con él", estaba en disputa entre varias plataformas de entretenimiento.
Si hay algo de lo que no caben dudas es la vida “cinematográfica” del asesino preso.
Nacido en 1959 en Misiones, hijo de un matrimonio adinerado, Luis Raúl Menocchio se convirtió de joven en una especie de playboy, un habitué de la vida nocturna de Posadas.
A fines de la década del 80, cuando por razones que se desconocen se quedó sin dinero, su vida cambió. Migró hacia Paraguay e inició su historia de delincuente.
Al principio se dedicó a estafar con una empresa de TV por cable. Posteriormente puso una transportadora de caudales, en la que perpetraba robos del propio dinero que trasladaba.
Después de ir preso más de una vez, ya instalado en Asunción, empezó a vincularse con el mundo del narcotráfico y con empresarios de la noche.
Uno de estos empresarios recibió a Menocchio el 16 de agosto de 2004. Según testigos, Eduardo Maciel y su novia subieron a la camioneta de Menocchio en lo que pareció ser un encuentro amistoso.
Cuando volvieron a ver al empresario y su pareja, once días después, estaban dentro de tambores de 200 litros sellados con cemento. Así encontró la Policía paraguaya los cadáveres. Menocchio no fue atrapado; había escapado a la Argentina.
Entonces empezaron las “mil caras”: se sometió a cirugías estéticas, se cambió el nombre por el de Hugo Jara y se borró las huellas digitales con ácido. Se hizo pasar por chef y así conoció a otro empresario, Claudio Nozzi, un productor de cine.
En marzo de 2005, tras una salida en yate, Nozzi fue hallado en un banco de arena, con las piernas encadenadas a un ancla.
Menocchio estuvo preso cuatro años por el crimen de Nozzi. En 2010 fue puesto en libertad debido a que se consideró que las pruebas no eran concluyentes.
Un año después cometió el doble homicidio que lo llevaría a prisión hasta el día de hoy.
Manuel Roseo era propietario de miles de hectáreas en Chaco y Formosa. Menocchio le ofreció comprarle tierras y con ese argumento fue a visitarlo, acompañado de dos cómplices.
Entre los tres, asfixiaron con bolsas de plástico hasta la muerte a Roseo y su cuñada, Nélida Bartolomé. Después hizo un boleto de compraventa falso para quedarse con los terrenos.
Un peón de Roseo vio todo y lo delató. Menocchio fue condenado a prisión perpetua en 2014 por los crímenes de Roseo y Bartolomé y también -en otra condena paralela- por el de Nozzi. Por los de Maciel y su novia, en Paraguay esperan una extradición para juzgarlo.