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Ángela había sufrido un accidente provocado por su pareja. Está pendiente un estudio de entomología forense para determinar el Intervalo Post Mortem (IPM).
En el femicidio de Ángela Díaz la única certeza es que fue una muerte violenta en un contexto de extremo abandono. Su cuerpo encontrado el 18 de septiembre estaba en un avanzado estado de descomposición en una cantera y después de sortear la difícil tarea de identificarla, la causa está centrada en la compleja tarea de reconstruir sus últimos días.
Las huellas dactilares parciales levantadas no coincidían con registros públicos, por lo que tras un arduo trabajo forense y judicial que incluyó peritajes y cotejos de ADN con hospitales de la zona, finalmente fue identificada el 30 de septiembre.
La desaparición de Ángela no fue denunciada por nadie. Tras su identificación, doce días después de su hallazgo en el Complejo Ambiental de Neuquén (CAN), el gobierno provincial habló de “un contexto de extrema vulnerabilidad”. Tenía 23 años, la más joven de 10 hermanos, una leve discapacidad asociada a un retraso madurativo. No pudo terminar sus estudios y era madre de dos hijos pequeños, los cuales quedaron a cargo de su mamá.
Cabe recordar que las muertes violentas, no naturales, pueden ser suicidios, accidentes, homicidios, y en el caso de mujeres, se analizan desde el protocolo de femicidio para descartar lo más grave. Si la investigación comenzara al revés, se perdería evidencia.
La autopsia realizada por médicos forenses al cuerpo encontrado en la cantera determinó que la víctima era una mujer de entre 20 y 30 años, que murió por un traumatismo de cráneo, y que el tiempo transcurrido entre su muerte y el hallazgo oscilaba entre cinco y diez días. La identidad no pudo establecerse "por el estado de descomposición del cuerpo".
En la mochila que tenía había un guante de polar, un elemento que no llamó la atención porque es común para quienes se dedican a "cachurear" en aquel sector de la meseta, donde el viento levanta polvo y bolsas de nylon, así como se arrastra la precariedad más absoluta para familias enteras.
El hallazgo fue realizado el 18 de septiembre por el chofer de un camión que fue a buscar piedras para acomodar un camino del CAN a metros de la Autovía Norte y de la Ruta 67. El trabajador indicó que no frecuentaba el lugar desde hacía dos meses. Los informes de la empresa BASSA a cargo del complejo, indicaron que no habían ingresado desde hacía un mes y 23 de días.
Como no existían denuncias de desaparición de una mujer, la punta del ovillo para los investigadores fue que -según la autopsia- la mujer muerta había sido sometida a una cirugía reciente en la rodilla izquierda.
Los relevamientos requeridos por la fiscal para identificar a la víctima contaron con la colaboración de la Red Solidaria, el refugio y parador nocturno para personas en situación de calle y hasta de los Boy Scout. Tuvieron que solicitar informes a todas las provincias de Argentina y sus respectivas divisiones de búsqueda. Nadie reportaba una mujer desaparecida con esas características.
Pidieron información a todos los hospitales de Neuquén, Centenario, Plottier, Cipolletti, Allen y Roca para que cotejaran en las historias clínicas de mujeres operadas en la rodilla recientemente.
En tanto, los rastros de huellas dactilares tomaron varios días en poder ser levantados por el estado cadavérico. Criminalística realizó un trabajo con pocos precedentes al tener que hidratar durante tres días las manos.
Los listados de mujeres con operación en la rodilla izquierda que aportaban los hospitales eran reenviados a Criminalística, para que cotejen rastros con las huellas parciales obtenidas. Cientos de pacientes dieron negativo hasta que el hospital con más intervenciones de este tipo, y el que más tardó en enviar los informes realizados de manera manual, dio positivo. La mujer encontrada en la cantera era neuquina, se llamaba Ángela Díaz.
De acuerdo a la investigación que lleva adelante Guadalupe Inaudi, en representación del Ministerio Público Fiscal (MPF) Ángela supo reciclar basura para sobrevivir e incluso fue parte de la población marginada que vive en el basural de Neuquén, donde las casillas se levantan entre el cúmulo de despojos, sin cámaras de seguridad a las cuales recurrir.
A partir de su identificación, el MPF comenzó el trabajo de relevamiento de entrevistas con testimonios de su entorno familiar, vincular y del Complejo Ambiental de Neuquén que continúa. El objetivo es reconstruir los últimos días de vida previos al hallazgo del cadáver: dónde estuvo, con quiénes, en qué momento la mataron. Una hipótesis es que la muerte de Ángela data mucho más allá de los 10 días.
Aunque Ángela tenía vínculo con aquel lugar, la tarea de ubicarla con datos concretos presentó serios desafíos. En los informes de las entrevistas a quienes frecuentan y habitan el basural, no mencionaban haber visto a la joven.
En tanto, los pocos testigos (que dijeron que vieron a Ángela por última vez en julio; y otros en agosto) atraviesan situaciones muy complejas, atravesadas por problemas de adicciones que dificultan la ubicación espacio temporal, sumada a la poca capacidad de precisión ocasionada por el transcurso del tiempo.
En cuanto a su domicilio, se reconstruyó que un año y media atrás, mientras vivía en el basural cercano a la cantera donde fue hallada muerta, Ángela quedó embarazada y antes de que nazca la bebé intervino un cura de una parroquia, quien impulsó una campaña solidaria que logró la construcción de un monoambiente de material en el terreno de la familia de su pareja, en el barrio Colonia Nueva Esperanza.
El dato más concreto y reciente es que el 12 de junio de 2025 Ángela tuvo un accidente en moto provocado por su pareja y fue trasladada al hospital Castro Rendón por una fractura en una pierna, dato clave para la identificación de su cuerpo.
Luego de que los médicos le dieron el alta en junio hay escasos registros de chequeos en el hospital Heller. A su vez, se pudo reconstruir que Ángela no se estableció en la casita que le habían construido en Colonia Nueva Esperanza, sino que fue pasando por distintos lugares: volvió a la casa de la madre, pasó por la casa de uno de sus nueve hermanos, luego por la casa de una ex pareja hasta que ya nadie la vio más. De todas maneras, nadie se acuerda precisamente cuándo la vio, no hay amigas que aporten datos, ni alguien que haya acudido espontáneamente a la Fiscalía.
Algo en lo que todos los testigos coinciden es que la rodilla de Ángela tenía muy mal aspecto. Incluso manifestaron que estaba infectada y, tras el accidente, quedó renga. Esto coincide con los pocos chequeos posoperatorios registrados.
Por otro parte, del pedido de informes a la Dirección Provincial de protección integral de las violencias, surgió que Ángela había realizado una denuncia por violencia de género en contra de su pareja y padre de su hija en noviembre de 2024 y que al día siguiente la desestimó.
Sin embargo, el hombre quedó prácticamente al margen de la investigación por el femicidio porque, tras provocar el accidente del 12 de junio, fue imputado por una serie de delitos que incluyen amenazas hasta privación ilegítima de la libertad y quedó detenido cumpliendo condena de cinco años de prisión.
En el marco de la ausencia de datos concretos sobre el último domicilio de la víctima y un avanzado estado de descomposición del cuerpo, la abundante fauna cadavérica encontrada en el cuerpo de Ángela, coloca las fichas en el impresionante trabajo de la entomología forense.
Por eso, paralelamente a que se intenta reconstruir días previos, se trabaja en lo criminalístico, con la disciplina científica fundamental para determinar cuáles son los días en los que pudo producirse el femicidio porque estudia insectos presentes en cuerpos en descomposición para determinar datos clave como el Intervalo Post Mortem (IPM), es decir, el tiempo transcurrido desde la muerte hasta el hallazgo.
El objetivo es analizar el desarrollo de moscas, larvas, pupas halladas en el cuerpo, teniendo en cuenta que los insectos son los primeros en detectar que una persona ya no tiene vida, arriban al cadáver y lo colonizan, para luego depositar sus huevos en cavidades, y así comienza el ciclo de vida. En paralelo, la entomóloga evalúa el clima en los días previos al 18 de septiembre para establecer en un complejo cálculo cuánto tiempo tardaron en crecer los bichos encontrados, y así la fecha aproximada de muerte de Ángela.
Por otra parte, desde fiscalía también se solicitaron ampliación de criminalística, como estudios complementarios sobre la lesión en el cráneo, y estudios sobre las prendas de vestir, para determinar si efectivamente la víctima falleció en la cantera o el hecho se produjo en otro sitio.