La víctima describió una relación de más de 30 años atravesada por la violencia de género. El juez Juan Manuel Kees dispuso cuatro meses de investigación.
Una mujer sobreviviente de intento de femicidio estuvo presente durante la audiencia de formulación de cargos a su marido. Dirigiéndose al juez y a todos los presentes, tomó la palabra y reveló: "No es la primera vez que intenta matarme". Su testimonio estuvo atravesado por la angustia, la desesperación e incluso, justificación de la violencia que suele ocurrir en casos de violencia de género.
En este sentido, antes del comienzo de la audiencia del jueves en la Sala 11 la víctima sufrió un ataque de llanto al ver entrar a su marido esposado, por lo que terminó saliendo acompañada de sus familiares a una oficina para seguir la audiencia por videollamada.
Luego, la fiscal Lorena Juárez y el asistente letrado Pablo Jávega, solicitaron al juez de garantías Juan Manuel Kees que A. T. sea imputado por homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género.
"Consideramos que estamos ante una tentativa de homicidio por un ataque tanto físico como subjetivo, porque le dijo: "te voy a matar, morite hija de puta"", sostuvo Juárez y agregó que el imputado tenía intención de causarle la muerte pero no lo logró por cuestiones ajenas a su voluntad.
Así mismo explicó que el legajo llegó desde la Fiscalía de Delitos Sexuales que dispuso la libertad supeditada para el acusado y la prohibición de acercamiento. Pidió que el caso sea considerado de extrema gravedad no solo por la violencia ejercida sino por las condiciones de vulnerabilidad de la víctima: "Hablamos con ella, manifestó que había intentado matarla y que ella no quería denunciar. Es la primera vez que el Estado interviene en más de 30 años de convivencia y violencia".
De acuerdo con la reconstrucción presentada por la Fiscalía, el episodio ocurrió el 26 de octubre, alrededor de las 11.30, en una vivienda ubicada en Albardón al 4000m en el oeste neuquino. La pareja llevaba más de 30 años de convivencia y, según expusieron los investigadores, la relación estaba atravesada por numerosos episodios de violencia verbal y física.
Ese día, A. T. se dirigió a la habitación donde estaba la mujer y comenzó a increparla insultándola para ver si había sido infiel. "Cansada de escenas de celos, ella dijo que sí, después le pregunta si había estado con otro hombre en su cama, responde que no, entonces le da golpes de puño en el rostro", describió la fiscal.
Luego, la escena se vuelve cada vez más violenta y subrayó que con el fin de causarle la muerte le tomó la cabeza y la presionó contra una almohada, al tiempo que le dijo: "Te voy a matar. Morite hija de puta". Ante está situación desesperante, la víctima intentó morderlo y golpó una pared continua.
El vecino que vive en la casa de al lado escuchó los golpes, ruidos de objetos que se rompían y el grito ahogado pidiendo auxilio, algo que nunca había escuchado antes aunque dijo que siempre escucha episodios de violencia. Por eso, se acercó a la casa de su vecino y golpeó la puerta. Entonces, A.T. soltó a la mujer y abrió la puerta.
"No logró consumar el hecho por el vecino que ayudó a la víctima", aseguró Juárez. Cuando A. T. abrió, lo increpó y le dijo que su hija iba a llamar a la Policía. De acuerdo con la reconstrucción fiscal, ese momento permitió que la víctima quedara liberada de la agresión.
"Si no hubiera sido por el vecino mío, me hubiera matado", fue una de las frases que la mujer manifestó posteriormente. En el mismo sentido, el vecino al que se le tomó declaración testimonial indicó: "De no haber intervenido rápidamente podríamos estar lamentando otra situación".
Por su parte, el fiscal Jávega incorporó los testimonios de la víctima y de su hija, del vecino, las intervenciones policiales y los informes médicos. Los efectivos de la Comisaría 21 que llegaron al lugar encontraron a la mujer con golpes en el rostro, un ojo morado, hematomas en el abdomen aunque advirtió que no había lesiones visibles de asfixia, manifestó que había sido asfixiada con ropa de cama.
El personal médico del hospital Heller constató escoriaciones múltiples, lesiones en el abdomen y dolor en la zona lumbar. La evaluación también recomendó atención por guardia de ginecología y salud mental. En tanto, el informe médico forense posterior describió lesiones compatibles con mecanismos de roce y fricción.
Para sostener la calificación legal, Juárez explicó que la ausencia de lesiones externas de mayor gravedad no descartaba la posibilidad de un intento de homicidio. En ese sentido, hizo referencia al protocolo de investigación de muertes violentas de mujeres de la UFEM, que contempla que la violencia ejercida en contextos de dominación puede poner en riesgo la vida aun cuando no deje lesiones visibles o de gravedad.
La fiscal también señaló que el episodio no podía analizarse como un hecho aislado. Según expuso, la relación llevaba más de tres décadas atravesada por situaciones de violencia y era la primera vez que el Estado intervenía penalmente.
Uno de los momentos más sensibles de la audiencia ocurrió cuando el juez Kees le concedió la palabra a la mujer. Con dificultades para hablar por la angustia, pidió que la escucharan y explicó por qué inicialmente había querido retirar la denuncia. Contó que llevaba 35 años de convivencia y que siempre había querido lo mejor para su marido y su hija. Sin embargo, fue contundente al referirse a los episodios de violencia: "No es la primera vez que intenta matarme".
También relató que había sufrido consecuencias físicas, entre ellas un desprendimiento de retina, un desmayo, y que los episodios se producían en un contexto de consumo problemático de cocaína. "Siempre me pega cuando está con consumo. Ve hombres adentro de mí casa. Me busca en páginas pornograficas cuando me encuentro las 24 horas en mi casa en todo momento, yo lo tengo que mantener".
La mujer contó que ya había conversado con su suegra sobre la situación pero le había dicho que también había sufrido al padre del imputado pero le respondía defendiéndose con golpes. En este sentido, la víctima explicó que pidió retirar la denuncia porque atravesaba una situación de vulnerabilidad. Dijo que había sostenido económicamente el hogar con su sueldo como docente y que incluso había tenido que pedirle dinero a su madre para "sobrevivir al fin de mes".
"Es la primera vez que me encuentro con un fiscal", manifestó porque pese a las intervenciones anteriores de la Oficina de la Mujer, a las promesas de protección, no había recibido la asistencia que esperaba. Mencionó que la prohibición de acercamiento no se había sostenido y que tampoco había contado con los rondines policiales que le habían prometido.
"A. fue el hombre de mi vida. Aunque me haya intentado matar, yo siempre...", alcanzó a expresar durante su declaración, antes de continuar relatando el vínculo y las dificultades que atravesaba.
También habló de sus problemas de salud mental, de los ataques de pánico y del tratamiento psicológico y psiquiátrico que estaba realizando lo cual le implicó una licencia en su trabajo. En otro tramo, describió el consumo de drogas que había atravesado la pareja y manifestó que prefería que su marido recibiera un tratamiento de rehabilitación antes que terminara en prisión.
No obstante, dejó en claro que había cambiado su decisión respecto de la denuncia: "Es verdad que le pedí a la fiscal retirar la denuncia porque me encontraba en situación de vulnerabilidad pero quiero declarar que voy a seguir con la causa. No la voy a levantar. Me asesoré". También anunció que se divorciaría y que se había mudado a Cutral Co, donde había conseguido un alquiler. Aseguró que no quería volver a tener contacto con A. T.
Durante la audiencia, la defensa pública a cargo de Matías Gómez presentó una versión diferente de lo ocurrido y cuestionó tanto la calificación legal como el pedido de prisión preventiva que realizó la fiscalía. Para ello, incorporó la declaración de la hija de la pareja, quien describió una relación familiar conflictiva y sostuvo que los episodios de violencia eran recíprocos.
La mujer de 29 años manifestó que había presenciado discusiones durante buena parte de su vida y que, según su percepción, muchas comenzaban por iniciativa de su madre. También habló de situaciones de consumo problemático y aseguró que ambos progenitores tenían conductas violentas.
A partir de ese testimonio, el defensor sostuvo que el 26 de octubre había existido una pelea con golpes, pero negó que A. T. hubiera intentado asfixiar a la mujer con una almohada o que le hubiera dicho que la iba a matar.
"Hubo violencia, pero no la asfixió, no le dijo morite hija de puta", planteó. También cuestionó que la hipótesis de la amenaza de muerte se sostuviera principalmente en el relato de la víctima y argumentó que las lesiones constatadas no demostraban el mecanismo de agresión descripto por la acusación.
La defensa también pidió al juez "apelar a la lógica" porque era "imposible" pensar en un escenario donde la víctima hubiera logrado golpear la pared para pedir ayuda mientras era asfixiada. Solicitó que no se formularan cargos por tentativa de homicidio doblemente agravado y propuso una calificación alternativa por lesiones agravadas por el vínculo. Además, se opuso a la prisión preventiva y planteó que podían establecerse medidas menos gravosas, como una prohibición de contacto.
Al resolver, el juez de garantías Juan Manuel Kees explicó que, durante una formulación de cargos, no debía determinarse si los hechos habían ocurrido exactamente como los describía una de las partes, sino establecer si existía una probabilidad suficiente para habilitar la investigación.
En la misma línea, sostuvo que la falta de lesiones de mayor gravedad no descartaba una tentativa de homicidio y que respecto al agravio del defensor, tampoco resultaba imposible que la víctima hubiera pedido auxilio mientras era asfixiada.
Sobre la declaración de la hija, señaló que sus dichos debían ser valorados, pero que la existencia de conflictos y situaciones de violencia recíproca no justificaba una tentativa de femicidio ni permitía descartar la agravante de violencia de género.
Finalmente, Kees declaró legal la detención en prisión domiciliaria y dio por formulados los cargos contra A. T. por tentativa de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género. Además, fijó un plazo de cuatro meses para la investigación.