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Por Ezequiel Maestú - maestue@lmneuquen.com.ar
Que la pandemia sacó a la gente de lo cotidiano para llevarlo a lo más profundo de su existir, no es ninguna novedad. Sin embargo, a casi cuatro meses del inicio del aislamiento, social, preventivo y obligatorio, la esperanza de poder volver pronto a la normalidad está cada vez más presente en los neuquinos, que confiaron a LM Neuquén lo que más extrañan de la vida antes del coronavirus. Además, contaron cuáles son los nuevos hábitos que han logrado conquistar.
Según un estudio realizado por la consultora Trespuntozero, un 80% de los argentinos extraña algo de la llamada vieja normalidad, mientras que un 19% aseguró que no anhela nada de su vida previa a la pandemia.
Por otro lado, se determinó que el 69,6% prefiere la vida que tenía antes de la cuarentena, a diferencia del 24,3% que elige seguir en la nueva normalidad que está llevando durante el aislamiento.
En ese sentido, neuquinos y neuquinas no están exentos. Según el relevamiento realizado por LMN en las calles céntricas de la ciudad de Neuquén, acorde a las edades se pueden observar distintos tipos de añoranzas. Los jóvenes de hasta 30 años, en su mayoría, extrañan sus salidas habituales, desde la fiesta o la cerveza hasta las caminatas a la orilla del río. Los más grandes piden volver a las reuniones familiares.
“Ahora salis con el tiempo contado y con una increíble paranoia. Extraño, más que nada, poder salir sin tener que mirar el reloj”, admitió Luana, una neuquina de 24 años. “Aunque haga frío, no hay nada más lindo que poder fumar a la orilla del río después de ir pedaleando hasta allá”, agregó.
No fue la única que expresó su nostalgia por el Limay. Los atardeceres reflejados en la corriente fueron reiterados en las respuestas a LMN. Lo simple de la naturaleza se hace lejano y hace que los intereses de la población joven queden se detengan. “Extraño poder salir a tomar mates con mis amigos. Compartir el mate es algo que hoy es imposible”, contó Lautaro.
Extraño poder salir sin tener que mirar el reloj
Muchos de ellos son alumnos universitarios y se refirieron a lo difícil que se hacen las cursadas online: “Lo que más extraño son las clases presenciales. Se hace muy difícil poder llevar un aprendizaje de esta forma”, admitió Gastón, repartidor de Glovo.
Otras respuestas de los jóvenes fueron: el fútbol, la plaza, los recitales, salir a bar y hasta poder salir sin los lentes empañados por el barbijo.
Casi todo parece igual
Pero claro, las preocupaciones también varían según la edad y, la franja etaria de 30 a 50 años aseguró que su vida no ha cambiado tanto con la pandemia. “Las obligaciones laborales siguen estando. Es estar afuera de casa durante en mi turno y después volver a hacer la vida de siempre con mi señora”, admitió un policía que patrulla la Avenida Argentina.
“Lo que sí se extraña son los lugares para poder hacer ejercicio, ya sea salir a caminar o jugar a la pelota con amigos”, agregó el efectivo, que relató que su tareas diarias se mantuvieron similares a los tiempos anteriores al coronavirus.
"Con mi esposa teníamos la costumbre de salir a tomar algo todas las semanas. Poder comer algo rico y festejar el finde. Pero eso se acabó”, se lamentó. ”Lo que sí te puedo decir es que nos hizo poder ahorrar bastante más”, concluyó.
Mariela, de 45 años, contó a LMN que tiene “ganas de que termine para poder acercarme a la gente sin tener miedo. Dejar de tener las manos secas por el alcohol en gel y que no haya más distanciamiento social. Necesitamos estar cerca somo seres humanos”.
Tercera edad y aislamiento
Está claro que quienes más sufrieron el aislamiento social preventivo obligatorio son los neuquinos de la tercera edad. Al ser considerados población de riesgo deben permanecer encerrados, por lo que el virus les arrebató prácticamente su rutina.
Rosita, de unos 80 años, contó a través de WhatsApp a LMN que extraña la libertad de moverme donde y cuando quiera. “No poder abrazarme con la gente, ni darle la mano o charlar cara a cara”, agregó.
De unas 10 mujeres y hombres adultos mayores consultados todos admitieron extrañar a sus nietos y familiares. “Después de tantos años de vida, no tener la libertad de moverme por la salud de la sociedad es algo que se entiende pero una no deja de extrañar ser libre, o al menos sentirlo así”, dijo Susana.
La inevitable cita con uno mismo
Sin embargo, los neuquinos encontraron algo positivo en la cuarentena. Sin diferencia de edades, aprovecharon la pandemia para explorar lo más profundo de su persona. Es por eso que, además de contar lo que extrañan, admitieron que el aislamiento fue una inevitable cita con ellos mismos.
Desde parejas que se divorciaron hasta gente que conoció el vegetarianismo, el encierro dejó nuevas vidas. “Creo que son épocas de una fuerte introspección, algo obligada, pero ya no podemos escapar de nosotros mismos”, dijo Ludmila, de 28 años.
“Creo que tenemos que revisar un montón de la convivencia. El trato que tenemos día a día. Esta pandemia es una señal de que tenemos que mejorar el trato con el medioambiente”, contó Mónica.
En tanto, Gonzalo de 23 años, admitió: “No es casualidad que esta enfermedad haya venido de comernos un animal. Es un buen momento para revisar los hábitos alimenticios que tenemos y entender que comer animales, y toda la cadena de productividad que no es para nada natural, nos trae sus consecuencias”.
La pandemia vino, está acá y nadie duda en poner su grano de arena para que se vaya. Sin embargo, su marca imborrable quedará para siempre. En la tarea de la que nadie puede escapar, la gente se obliga a revisarse a sí misma y a sus pares. Ya ningún ojo ve como antes.
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Un 80% de los argentinos extraña al menos un aspecto de la vida anterior a la pandemia