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Mientras los acuerdos y desacuerdos se suceden de manera vertiginosa, la Cámara Baja va asumiendo una nueva fisonomía.
Con la llegada de Javier Milei a la presidencia de la Argentina el Congreso Nacional renueva su conformación tanto en la Cámara de Senadores como en la Cámara de Diputados, donde las idas y venidas en términos de alianzas y acuerdo plantean un escenario complejo a la hora de definir cómo quedarán definidos los bloques de las diferentes fuerzas políticas.
En las elecciones del 22 de octubre pasado la Cámara Baja renovó 130 bancas. El método de reparto de los sillones en el recito se rige por el sistema D’Hont, algo más complejo que el que regula la distribución de cargos en el Senado. A partir de los resultados obtenidos en las urnas, Unión por la Patria consiguió 58 bancas y tendrá 10 menos que en la actualidad; La Libertad Avanza logró 35 y alcanzará 38 escaños; y Juntos por el Cambio obtuvo 32, lo que significa la pérdida de 27 bancas.
También sumarán bancas el Interbloque Federal, que logró 4 lugares y contará con 8 a partir del 10 de diciembre, y la izquierda, que totalizará 4 diputados a partir de la inroporación de un nuevo representante.
Así las cosas, para el próximo período parlamentario Unión por la Patria mantendrá la condición de primera minoría en la Cámara de Diputados, con 108 bancas, seguido por Juntos por el Cambio, que suma 94; y La Libertad Avanza, que llega a la presidencia de la Nación con el respaldo de 38 legisladores. El cuerpo lo completan el interbloque Federal (8 bancas), los 2 bloques de izquierda (5 en total), y otros 4 diputados provenientes del bloques del interior.
Sin embargo, a partir de esta distribución formal de los espacios de poder en la cámara baja, el gran interrogante recae sobre las alianzas, acuerdo, desacuerdos y pactos que establezcan las distintas fuerzas, en un ida y vuelta que transforma en una tarea casi imposible definir una conformación definitiva del cuerpo.
Tal como está dado el panorama al presente, todo hace presumir que La Libertad Avanza conformará un interbloque con 38 diputados nacionales, que tendrá que ser aumentado en su cantidad a partir de negociaciones con otras fuerzas para poder sacar adelante las leyes que envié el Poder Ejecutivo.
En ese sentido, el bloque que podría aportar los votos para generar el apoyo necesario a las iniciativas del oficialismo es el PRO, que viene manteniendo una unidad condicional, conseguida en base a grandes esfuerzos. No obstante, los últimos movimientos indican que los tres grupos en los que a grandes rasgos se divide la fuerza amarilla (bullrichismo, macrismo y larretismo) se van a mantener unidos bajo la presidencia de Cristian Ritondo.
Fue precisamente Ritondo quien comunicó que "41 o 42 diputados" seguirán en el Frente PRO, aunque el número real está sujeto a la decisión de los legisladores que acepten pasar a ser parte del nuevo bloque denominado Cambio Federal que articula Emilio Monzó y que presidirá Miguel Ángel Pichetto.
Aún así, cabe esperar tensiones repetidas a la hora de delinear la orientación política del bloque, que se debate incesantemente entre quienes pretenden instrumentar un "apoyo crítico" y una colaboración al cambio que expresa el Gobierno de Javier Milei, y quienes dentro del mismo partido se niegan a ser el furgón de cola de una expresión que identifican con la ultraderecha.
Por su parte, la Unión Cívica Radical ratificó una tregua entre el sector de 23 legisladores que promovía a Rodrigo De Loredo como presidente de bloque y los 12 que proponían a Facundo Manes para el mismo puesto; un pacto de no agresión que incluye la reabsorción del bloque Evolución Radical, escindido en diciembre de 2021, dentro de la bancada de la UCR.
En este juego de ajedrez político, la Coalición Cívica fue el primer bloque que se había declarado en libertad de acción tras la derrota electoral de Juntos por el Cambio, el nombre que tuvo la alianza entre el 2019 y la actualidad, y que cada día parece significar menos. En todo caso, crece la posibilidad de que el radicalismo se acerque a la CC, a los sectores más moderados del PRO representados por el "larretismo" y el "vidalismo" y a Cambio Federal.
En este último caso, a aquello que fue Encuentro Federal, proyecto del cual quedarán en pie Emilio Monzó y Margarita Stolbizer, se sumarían Miguel Ángel Pichetto, e ex presidente del bloque del PRO en Diputados Nicolás Massot, el líder de Republicanos Unidos, Ricardo López Murphy, y otros diputados de distintas provincias que ingresaron en las listas de Juntos por el Cambio.
Por último, pero tal vez de lo más importante, cabe señalar que Unión por la Patria será la principal y más nítida fuerza de oposición, tanto por la cantidad de miembros (al menos un centenar) como por el perfil de oposición. Resta en todo caso saber si se mantendrá como un bloque uniforme o si se reconfigurará en una dinámica de interbloque.
Por ahora, varios movimientos en pos de poner distancia con el kirchnerismo fueron desactivados, lo cual no quiere decir que el impulso no siga latente, si bien la cantidad de legisladores que se atreverían a dar el salto no pasaría de tres diputados que responden al gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, quien venía siendo un sólido aliado de Sergio Massa.
El resto de las fuerzas de la Cámara baja son Interbloque Federal (8); Provincias Unidas (6); Ser Santa Cruz (2) y la Izquierda (4).