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Un grupo de empleados del centro médico de Eslovenia que descubrieron el engaño a finales de diciembre (cuando el hombre, cuya situación económica era precaria, intentaba recibir una octava dosis) se quejó porque quienes le pagaron para que se vacunara por ellos hayan recibido castigos más leves. El condenado recibió las siete vacunas en diversos centros médicos del país, dos veces con documentación propia y cinco veces con la de otros.
El personal sanitario considera injusto que la sentencia haya sido más severa con la persona que cometió el delito bajo la presión de sus graves problemas sociales y económicos que con quienes se aprovecharon de su situación. Esos trabajadores sanitarios argumentan que quienes le pagaron no solo lo incitaron a cometer un fraude por pagos muy pequeños, sino que pusieron en riesgo su salud.