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Primavera. Muchas ganas de almorzar una ensalada fresca. En la cocina había poco pero cuando lo que hay combina muy bien entre si, es un montón.
Con poco mucho. Con la mínima, algo super rico, fresco y natural. Le gusta desde el más sibarita del mundo hasta el hombre de piedra. Lo amargo de la rúcula con la belleza de la pera, mezcla dulce y ácida que mantiene viva la lengua. El queso de a pedacitos, azul, no tan cremoso, ciento por ciento leche de vaca, sacude todo y la lluvia de semillas de quinoa tostadas hacen de un platito una fiesta.
Fundamental aceite de oliva rico.
Para replicarla entre semana o en las juntadas. Para comer desde la ensaladera.
1 atado de rúcula
1 pera
200 g queso sangre azul o algún azul
puñado semillas de quinoa tostadas (receta al pie)
sal
oliva
Lavar y secar la rúcula. Cortarle los cabitos y disponerla en un plato. Cortar la pera en láminas finas y sumar a la rúcula, sumar pedacitos de queso azul y tirar una lluvia de semillas. Sumar sal y aceite de oliva. Pueden reemplazar las semillas por frutos secos.
Para tostar las semillas de quinoa lo primero que hacemos es hidratarlas. Las dejaremos en remojo con agua por 20 minutos. Las escurrimos y las pasamos por debajo de la canilla lavándolas bastante y luego dejamos escurrirlas.
Ponemos una sartén al fuego y ponemos unas gotitas de aceite.
Sumamos toda la quinoa escurrida de agua y la vamos moviendo durante 20 minutos, sin que se queme. En el medio algunas semillas van a explotar. La idea es que no se zarpen de tostado.
Si te sobran vas a poder guardarlas en un frasco. Son maravillosas.