El cuerpo hecho palabra
Neuquén > Maximiliano Guerra, el notable bailarín y coreógrafo, enfrenta un desafío: condensar en cuarenta minutos la vida de un zar ruso del 1500, “Iván el Terrible”, y en esta puesta que traerá el jueves a las 20 en el predio del Portal de la Patagonia (Ruta 22) es, además de primer intérprete, el responsable de la coreografía junto a Gabriela Pucci y trabajó en la dramaturgia a cargo de Manuel Callau. La pieza es parte de un espectáculo integral que incluye a "Hotel de inmigrantes" y se presenta acompañado por los integrantes del Ballet del Mercosur.
Según el bailarín, la puesta resalta los momentos más importantes de la vida del político ruso, considerado como un hombre que luchó por la inclusión en su país, un personaje que desde hace años Maximiliano Guerra deseaba interpretar: “Iván el Terrible es un personaje que me fascinó desde la adolescencia. Siempre quise encontrarle un lado humano a alguien que era recordado como un asesino sanguinario”, explicó el bailarín y además manifestó que “no era posible que alguien que había logrado el apoyo de todas las 'Rusias', que había realizado una obra social, no tuviera también un costado humano. Es el personaje ideal para interpretar, con un abanico de sensaciones, la felicidad, el amor, el dolor, la violencia y la locura (...) Fue el único zar que consiguió el apoyo de su pueblo y la unidad de toda Rusia. Queremos que se lo reconozca como 'precursor de la democracia'”.
De esta manera, Guerra cuenta la historia y expresa con el cuerpo cada una de las sensaciones que describe, para demostrar lo que todo el mundo sabe: que es un eximio bailarín, pero también un gran actor.
Homenaje a los abuelos
“Iván el Terrible” tendrá como prólogo el espectáculo “Hotel de inmigrantes”, también interpretado por Guerra, que es una puesta milonguera que se centra en la vida de aquellos que llegaron a Buenos Aires en busca de la tierra prometida. Separada de los clásicos relatos que sitúan a los recién llegados en un conventillo ruidoso y desprolijo, este pasaje hace foco, como lo dice su título, en los hoteles de inmigrantes. Como sostuvo el bailarín, se trata de “una suerte de homenaje a nuestros abuelos”.
De todos modos, la puesta -que cuenta con música original a cargo del compositor Daniel García e incluye fragmentos de los clásicos Sergéi Rachmaninov y Niccolò Paganini- se centra principalmente en la segunda parte (la historia de Iván), aunque hay un punto que las une: “Son la comedia y la tragedia, si se quiere. Iván es una pieza muy dramática, aunque no está estructurada. Evidentemente hay partes que son como escenas, pero no lo pensé así, sino que simplemente se le plantea al público dónde empieza y dónde termina. Y éste tiene que estar muy concentrado para seguirla, no porque sea difícil sino porque se goza de esa forma. "Hotel de inmigrantes", en cambio, es un ballet con candombes, tangos, milongas, flamenco y folklore. Un homenaje a nuestros abuelos, donde quisimos contar historias de compañerismo y de solidaridad, todas cosas que pasaban en ese lugar al que llegaban los inmigrantes con tantas ilusiones, y que todavía existe”, dijo Guerra.
Hacerla popular
Maximiliano Guerra es uno de los pioneros -junto a Julio Bocca- en sacar la danza del ghetto y llevarla a otros ámbitos y públicos: “No quiero ni pretendo ser un artista de elite”, afirmó en más de una oportunidad. Desde esa militancia intentó ubicar al ballet más cerca de un público heterogéneo y, en cierta medida, lo logró: “Hemos logrado instalar a la danza en un lugar de interés común, sin clasificaciones. Pasa desde hace tiempo, lo percibo desde que volví de Inglaterra, a los 21 años cuando empecé a ser reconocido por el almacenero o el taxista. Igual, en ese momento veía que estaba todo muy acartonado, muy metido en el teatro. Me daba cuenta de que la gente no sabía que la danza era placentera, que ver un ballet es tan lindo como mirar un cuadro; no se trata de saber un montón, sino de sentarse a disfrutarlo”, expresó Guerra.
Cuestionado en particular acerca de cómo recibió el público a "Iván el Terrible" -que estrenó en enero en el teatro Auditorium de Mar del Plata, y desde mayo está presentando en todo el país- el bailarín dijo: “Estamos satisfechos con el compromiso que el público tuvo con la obra. La repercusión fue muy buena y la gente terminaba las funciones aplaudiendo de pie. Sentimos que la gente se lleva en el corazón, la mente y la memoria la historia que le hiciste vivir con vos, lo que les contaste y les transmitiste en ese momento de fantasía, en la oscuridad de la sala y cuando pueden subir al escenario a vivir, reír y llorar con vos. Eso es lo que la gente se lleva…”.
La gira, una vez que se complete en el país, también prevé extenderse a algunos países de Latinoamérica, porque como explicó Guerra: “Nos encanta la experiencia de ir a un pueblo y armar la puesta, por ejemplo, en un estadio de básquetbol y sentar las bases para volver a ir un año después. Tengo el compromiso de dar mi arte a todos por igual”.
Contar con el alma
Guerra baila, actúa, brilla y en su actuar da luz a los integrantes de la compañía El Mercosur, que formó hace doce años para dar espacio a bailarines talentosos que no tenían dónde llevar a cabo su profesión. También confiesa que preparar esta puesta no fue tarea fácil. El armado de una coreografía tiene para él como base contar todo como un cuento. Como explicó: “Lo que pongo va en función de ese contar, y va para todos los bailarines de la compañía. Entonces lo que hago es buscar formas y fórmulas que tengan que ver con representar a los personajes importantes del ballet y darles la característica diferencial que cada uno tenga. Esa es la parte fantástica de la creación”. De esta manera Maximiliano Guerra traduce su arte, ese que tiene que ver con utilizar el cuerpo como palabras.
La historia de Iván
Iván fue coronado con apenas tres años de edad, al morir su padre, en 1533, pero sometido a todo tipo de violencia. Cuando tomó el poder como Iván IV de Rusia, en 1547, decidió vengarse e implantó un régimen de terror contra las clases altas de su país. Hasta 1584, logró unir a toda Rusia y conquistó Siberia. En agradecimiento al apoyo recibido por su pueblo impartió medidas de participación popular, entre ellas la alfabetización.
Anastasia fue su primera esposa, escogida entre 700 hijas de nobles, quienes para ser consideradas en la elección debieron trasladarse a Moscú. Su matrimonio duró trece años y ella murió envenenada. Después pasaron por su vida otras cinco mujeres. “Iván me inquietó mucho antes de mi llegada a Rusia por primera vez. Desde muy chico me llamó la atención este personaje, apodado como el Terrible pero también como el Zar de los zares. Su gobierno se dio con apoyo del pueblo y no es posible entender que haya permanecido tanto tiempo en el poder sin un sostén genuino. ¡Era un demócrata en el 1500, cuando el feudalismo estaba en su plenitud!”, contó Guerra.
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