Homer el Mero Mero: del infierno a la gira mundial, la Resurrección del rapero neuquino
Después de tocar fondo, el artista nacido en Cutral Co brilla en los escenarios con sus nuevas canciones. El 30 de octubre vuelve a casa antes de partir a Europa.
Nuestro. Es fácil reconocerse en el hombre que habla del otro lado de la pantalla: la forma de pronunciar las palabras, las cicatrices que lleva en la piel. Es de acá, nacido en Cutral Co, neuquino, criado entre el barrio y la estepa, a viento y gomera, con memoria de pueblada. Es un hijo, un hermano o nosotros mismos. También es fácil mirarse en lo que no se llega a ver: un tipo curtido en varias batallas, que no titubea en reconocer las derrotas ni asumir los demonios que supo frecuentar. El lugar desde donde habla no se consigue sin apretar los puños y levantarse.
En diciembre de 2024, la carrera del rapero neuquino Homer el Mero Mero parecía terminada. Se había desplomado en el ring de Párense de Manos 2, el megaevento organizado por Luquitas Rodríguez, que convoca y llega a cientos de miles de personas. Un knockout limpio y sin oponentes: derrotado por las huellas de sus propias oscuridades. “Mi rival es tan fuerte que nubla mi mente, yo soy su peor enemigo”, dice en una de sus barras. Pero, aun cuando los odiadores seriales, tan a gusto con estos tiempos, lo pateaban en el piso, recogió el guante, se hizo cargo y les dijo a sus seguidores que se tomaría un tiempo para recuperarse.
“Han sido tiempos complicados: descender a los infiernos, subir a los cielos, porque sé que hay gente que me espera en ambos lugares, ja, pero tendrán que seguir esperando”, dice en su sencillo Resurrección.
Un día, por fin, la pausa terminó y Argentina recuperó a uno de sus más implacables raperos: en Homer no hay cotillón ni ficción, es real y ese peso de lo verdadero se desliza con facilidad.
En marzo de este año comenzó el Resurrección Tour, una gira internacional que lo llevó por Paraguay, Uruguay, México, Ecuador, Colombia, Perú, Chile, Bolivia y la mayoría de las provincias argentinas. Con más de 40 plazas recorridas, la gira encuentra su punto y aparte este 30 de octubre, en el Círculo Italiano de Cipolletti, antes de concluir con seis shows en España.
Una base para tomar impulso
—Mi público, mi familia, mi equipo de trabajo fueron el sostén para salir adelante, enfrentar los males y poder seguir luchando por lo nuestro. Me siento muy agradecido y muy orgulloso de eso. Ahora tengo ganas de devolverles el amor que ellos me dan.
No es fácil despegar de los infiernos, sobre todo cuando no son turismo, sino parte del engranaje social que los poderes y la sociedad miran de reojo y luego fingen sorpresa y alarma. Homer necesitó una base humana y amorosa donde hacer pie para volver a tomar impulso. Ahora parece llevarla encima, como una virgencita colgando del cuello, como un mantra protector. Se lo ve luminoso, ríe con una risa más distendida y está entero: en ese mismo sentido van sus palabras.
—¿Cuánto de refugio hay para vos en la música?
—La música es mi sostén, es lo único que sé hacer, a lo que realmente me dediqué en la vida. Cuando me metí en esto, en el rap, en el freestyle, lo hice sin freno y sin pausa, dedicándole mucho tiempo. Los días que no estoy escribiendo, me estoy nutriendo de algunas otras cosas que después las vuelvo en el papel. Apoyándome en diferentes artistas, colegas, aprendiendo. Tengo varios referentes en el tango, en el rock. Bueno, siempre poder hacer música es un desahogo, es mi psicólogo.
Homer no renuncia a la esquina aunque no es un pibe. Conoce desde adentro los pasillos, sabe el peso del cemento.
—¿Cuáles son los infiernos que atraviesa nuestro pueblo?
—Yo creo que el desempleo es un infierno grande, la pobreza que existe en este país, pero sé que hay mucha gente luchando día a día por poder salir adelante y confío mucho en el de arriba de que se va a solucionar.
—¿Qué lugar ocupa Dios en tus días?
—Dios es todo. Yo creo que gracias a Dios estoy donde estoy y me mantengo en vida porque él también lo quiso. Todo pasa por Dios. Todas las cosas que nos pasan en la vida nuestra día a día pasan por él.
—¿Qué le pasa al público con tus canciones, pensás que se pueden ver ahí?
—Creo que la gente se identifica con mis letras porque muchas de esas personas sienten y pasan lo que pasa uno en cada momento. Eso hace que muchas veces me brinden su cariño y apoyo desde un lugar muy genuino. Los veo concentrados durante los shows, totalmente enfocados, atentos a lo que digo, a lo que cuento. Más que saltando están rapeando los temas conmigo. Es un público muy especial, muy fiel. Me siento muy afortunado.
De vuelta a casa
Hace poco más de dos años, Homer hizo historia en el Ruca Che, cuando lo llenó a tope, de barrio y de barro, como nunca antes lo había hecho un pibe neuquino. Estaban sus amigos: se trajo a medio Cutral Co a montarse en sus barras. Homer mueve, en gran parte, porque es bueno, pero también porque es espejo y una suerte de faro para un guacherío que espera llegar a algún lado. Para él implicó un hito: de la plaza al estadio donde su mamá venía a ver a los ídolos latinos. Ahora regresa con la calma de haber trascendido esa frontera que nadie le exigía más que él: la de llegar. Y las otras.
—¿Cómo te preparás para este nuevo show en casa?
—Estoy muy contento, con muchas ganas ya. El público de la Patagonia es siempre muy especial para mí. Faltan pocos días para volver a romper ahí, encontrar gente conocida, los amigos y al público nuevo que siempre se acerca.
—¿Qué hay en el Resurrección Tour?
—Es un show muy amplio, muy lindo para dar: muchas canciones nuevas y las de siempre. Viene siendo intenso. La del Valle es la última fecha acá en el país. Queda alguna fecha más, pero fuera del tour. Es uno de los más importantes que hice en mi carrera. Tiene algo de renovación, de empezar otra vez. Estuvimos afuera: en México, en Colombia, en Ecuador, Uruguay, Paraguay y también en casi todas las provincias de Argentina. Poder cerrarlo acá en casa es hermoso. Vorterix fue una fiesta tremenda y ahora toca festejar con la gente patagónica.
—¿Cómo te impacta que tu música haya salido del país y que sea recibida así? ¿Cómo se dimensiona eso?
—La verdad que uno siempre trata de apuntar a poder salir adelante. Mi objetivo desde que me dedico a esto es ayudar a mi familia, ser el sostén de mi familia, tengo mis hijos también: siempre quise poder darles un futuro con la música. Pero la realidad después superó todo: nunca me imaginé que mi música iba a trascender tanto, que iba a cruzar las fronteras, que iba a conocer otros países. Que iba a encontrarme gente con mis canciones tatuadas o con algún dibujo mío, que canten mis letras en los lugares como en México, Ecuador, Colombia, España. Es algo indescriptible y me siento muy orgulloso de eso y con ganas de seguir luchando, porque si llegamos hasta acá, quién sabe hasta dónde podamos llegar con un poco más de esfuerzo.
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