Por qué se llama Vaca Muerta la zona de Neuquén que se convirtió en el epicentro de gas y petróleo de Argentina

El nombre Vaca Muerta proviene de la Sierra de Vaca Muerta, una cadena montañosa en la provincia de Neuquén. Pero, ¿por qué lo bautizaron así?

Desde hace años, el nombre de Vaca Muerta está asociado a la producción de petróleo y gas. Sin embargo, pocos saben de dónde proviene este término. La realidad es que no fue una denominación elegida por una empresa ni surgió con el desarrollo de la explotación energética.

Este reservorio de recursos de hidrocarburos se ubica en la Cuenca Neuquina, que comprende gran parte de Neuquén y sectores de Río Negro, La Pampa y Mendoza. Su superficie aproximada es de 30.000 kilómetros cuadrados. Actualmente, es el epicentro de la actividad hidrocarburífera en Argentina, al concentrar la mayor cantidad de equipos de perforación activos en el país.

A qué se debe el nombre de Vaca Muerta: las hipótesis

Vaca Muerta debe su nombre a las montañas que se asemejan a una vaca recostada.

Su origen se encuentra en la geología y en la historia del territorio.

Existen distintas explicaciones populares sobre por qué esta formación sedimentaria se llama así. Una de las versiones sostiene que Weaver tomó el nombre del lugar donde encontró la formación: la sierra de Vaca Muerta. Si bien no está documentado, se cree que la cadena montañosa llevaba ese nombre porque el perfil de las montañas se asemeja a una vaca recostada.

Otra hipótesis relaciona la denominación con el fuerte olor a gas y petróleo que emanaba de las piedras, lo que hacía recordar a un animal en descomposición. También se menciona la posibilidad de que un esqueleto de vaca haya sido usado como punto de referencia por los pobladores locales, lo que habría motivado el nombre de la zona.

El error de llamarlo yacimiento

Una de las confusiones más comunes es referirse a Vaca Muerta como un yacimiento. En términos geológicos, se trata de una formación sedimentaria depositada en un antiguo mar durante el Jurásico, hace aproximadamente entre 145 y 163 millones de años.

Está compuesta, entre otras rocas, por margas bituminosas, que contienen minerales arcillosos, carbonatos y abundante materia orgánica. A lo largo de millones de años, esa materia orgánica experimentó transformaciones por efecto de la presión y la temperatura, dando origen a hidrocarburos.

Vaca Muerta es el principal motor de la industria energética argentina.

Su particularidad es que el petróleo y el gas permanecen atrapados en rocas de baja permeabilidad. Por eso, para extraerlos comercialmente se necesitan técnicas como la perforación horizontal y la fractura hidráulica, que permiten facilitar el flujo de los hidrocarburos hacia los pozos.

De los estudios geológicos al motor energético del país

El descubrimiento científico en Vaca Muerta no significó que sus recursos pudieran explotarse de inmediato. Durante décadas, las limitaciones tecnológicas y económicas dificultaron el desarrollo comercial de los hidrocarburos no convencionales.

La situación comenzó a cambiar cuando los avances técnicos hicieron posible aprovechar esos recursos a gran escala. En junio de 2010, YPF perforó en Loma La Lata el primer pozo de shale que marcó el inicio de esta nueva etapa productiva en el país. Desde entonces, Vaca Muerta se convirtió en uno de los principales motores de la industria energética argentina.

Un descubrimiento que tiene casi 100 años

La historia de Vaca Muerta comienza en 1931 de la mano del estadounidense Charles Weaver, doctor en Geología y Paleontología, quien describió formalmente esta formación, que se destaca por la presencia de rocas sedimentarias con una elevada concentración de materia orgánica.

Quince años después, en 1946, el geólogo Pablo Groeber profundizó las investigaciones en el noroeste de Zapala y reconoció la importancia de los fósiles encontrados en esas rocas. Entre ellos había ammonites, moluscos marinos extintos que permitieron establecer la antigüedad de los sedimentos.

Los estudios ayudaron a comprender la evolución geológica de la cuenca y a diferenciar los estratos correspondientes al Jurásico de aquellos vinculados con el Cretácico. Así, una formación que inicialmente despertaba interés científico comenzó a ocupar un lugar relevante en el conocimiento del subsuelo argentino.

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