Se trata de un emprendimiento familiar reconocido. Mientras ponía en condiciones para devolver el local, evitó el robo de la camioneta de su vecino.
Mauro Klimisch sufrió dos robos en una semana y decidió el cierre definitivo. Dice que no baja la persiana porque se fundió, sino porque ya no soporta vivir con miedo. "Me dejaron sin nada: material, emocional y psicológicamente", aseguró mientras se encarga de ordenar el local de calle Independencia 326 que dejará de alquilar para entregarlo al dueño.
"Lo material, a esta altura, ya te entregás. Lo que no soportas más es despertarte a las tres o cuatro de la mañana para mirar las cámaras y ver si otra vez te están robando", manifestó cargado de lágrimas.
Ragout Gourmet es un emprendimiento gastronómico familiar que durante seis años construyó a fuerza de jornadas de trabajo que empezaban a las seis de la mañana y terminaban pasada la medianoche. Sin embargo, cuando se encontraba en expansión comenzó a sufrir la inseguridad.
Hace un año, LM Neuquén contó la historia del violento robo que sufrió su local de calle Independencia. Los delincuentes rompieron la vidriera de blindex y se llevaron maquinaria industrial, una computadora, un teléfono celular, dinero en efectivo y herramientas de trabajo. Las pérdidas superaban entonces los seis millones de pesos.
Era junio de 2025. Hacía pocos días en Belgrano 239 había abierto otro local con su esposa, donde trabajaban a la par, y colaboraban también con su hijo. Los clientes y clientas de la casa sabían que todos los panificados que se comían en Ragout eran caseros.
En ese momento, Mauro prometía seguir adelante pese al robo, pero terminó cerrando el nuevo local quedándose con el de Independencia. Hoy reconoce que ya no puede. Después de tres robos en menos de un año —dos de ellos en apenas una semana— decidió bajar la persiana definitivamente.
"No cierro porque me fundí. Cierro porque me dejaron sin nada", resumió.
"Nos robaron el lunes a la madrugada y nos volvieron a robar el sábado a la noche. Ahí decidí cerrar definitivamente. En un año me robaron tres veces", contó indignado.
El primer robo ocurrió mientras Mauro estaba fuera de Neuquén realizando un evento gastronómico. "A las seis de la mañana me llamó un compañero para decirme que habían reventado el frente del local", recuerda.
Los delincuentesse llevaron una computadora, teléfonos, maquinaria, toda la bebida alcohólica y distintos elementos de trabajo. "Veníamos reponiéndonos de todo lo anterior. Solo cambiar otra vez el blindex cuesta una fortuna", lamentó.
No llegaron a recuperarse. Durante los festejos por un triunfo de la Selección Argentina, volvieron. "Reventaron otra vez el frente y se llevaron lo poco que había quedado: mixers industriales, elementos de panificación... ahí dije basta".
Lo que más duele, asegura, ya no tiene precio. "El daño económico existe, pero el psicológico es mucho peor." Cuenta que hace meses dejó de dormir tranquilo.
"Vivís pendiente del teléfono. Te despertás de madrugada para mirar las cámaras. Ya no descansás nunca." Su enojo no está dirigido solamente contra quienes le robaron.
"Estoy muy enojado con el sistema. Sobrevivimos a la pandemia, sobrevivimos a todos los gobiernos, siempre poniéndole el hombro. Pero esto ya es insostenible. Este país es muy cruel con el que emprende." Recalcó que durante seis años trabajó junto a su familia y también generó empleo. "Somos tres integrantes de la familia y llegamos a tener tres empleados. Nunca dejamos de trabajar."
Mientras habla, Mauro no enumera pérdidas materiales. Habla de personas. Recuerda que durante años regalaban pan a quienes lo necesitaban. Que incluso fueron padrinos de un comedor del oeste neuquino. Que frente al local funciona una clínica donde se atienden pacientes oncológicos y que muchos de ellos terminaron generando un vínculo diario.
"Cada cliente que entró por esa puerta terminó siendo un amigo", recalcó y agregó que por eso mismo agradeció el apoyo de toda la clientela que le hizo llegar mensajes de afecto después de haber sido robados.
Por eso dice que la imagen que más lo golpeó no fue encontrar el local vacío, "sino verme parado en la puerta, mirando todo roto y sin nada. Después de tantos años de trabajo, es muy cruel".
Mientras desarmaba el local para devolverlo al propietario, creyó que lo peor ya había pasado, pero volvió a encontrarse con la inseguridad: "El vecino tiene una Amarok. Eran las seis de la tarde y veo un tipo desatornillándole la caja para robarle la lona".
Le gritó y el hombre salió corriendo. "Independencia 326 es tierra de nadie. Hay muchas personas en situación de calle que te estudian durante el día y a la noche te revientan el local". Dice que eso también cambió su forma de mirar la ciudad. "Hoy desconfío de todo el mundo".
La bronca de Mauro también apunta contra el panorama optimista de las cifras del ministerio de Seguridad, donde destacan, según estadísticas nacionales, que los delitos contra la propiedad disminuyeron cerca de un 30% en Neuquén. El comerciante asegura que su realidad es otra. "Es una mentira. Yo no veo esa baja. Estoy vaciando mi local porque me robaron tres veces en un año y tengo que estar pendiente de que no le roben la camioneta al vecino. Así no se puede vivir", sostuvo.
La decisión está tomada. Ahora deberá pintar el local y devolverlo. "Es el único país donde necesitás plata hasta para fundirte", ironizó. Cuando entregue las llaves, no abrirá otro comercio. Tampoco sabe qué hará.
"El día de mañana saldré a buscar trabajo", aseguró. Además, se rió al pronunciar una frase como si pasar de empresario a empleado fuese un alivio. "Extraño la paz mental de ser empleado", dijo porque, asegura, el problema ya dejó de ser el dinero. "Lo que perdí fue la tranquilidad. Tengo un hijo de diez años. Somos una familia de trabajo y de valores. No quiero vivir mirando las cámaras toda la noche para ver si otra vez me están robando".
Para Mauro, la persiana de Ragout no baja porque el negocio haya dejado de funcionar. Baja porque, después de seis años de esfuerzo, sintió que el miedo de un próximo robo terminó ganándole al proyecto de toda una familia.