La teoría es que la acusada tuvo la intención de dañarlo pero no de asesinarlo, hecho que ocurrió de forma accidental. El crimen surgió en un contexto de extrema violencia y vulnerabilidad.
En medio de una situación de violencia, que comenzó con una discusión de pareja en el barrio Villa Ceferino, Lucas Méndez, de 31 años, murió producto de una herida cráneo cefálica presuntamente provocada por su pareja con el mango de un destornillador.
El Ministerio Público Fiscal confirmó a LM Neuquén que la mujer quedó detenida y, en una audiencia realizada el martes al mediodía, fue acusada por el delito de homicidio preterintencional. Es decir, la acusada tuvo intención de dañarlo pero no de asesinarlo, hecho que ocurrió de forma accidental.
La hipótesis de la Fiscalía es que M.B.C le provocó la muerte de manera violenta mediante la utilización de un objeto contundente en un escenario de extrema violencia y con una fuerza desmedida que lo golpeó y le provocó múltiples lesiones en el cráneo y un extenso hematoma intercraneal.
La madre de Lucas encontró a su hijo tendido en el suelo y le preguntó a su nuera "¿Qué hiciste?" y la acusada respondió: “Si, lo apuñalé gila”.
Sin embargo, tampoco se descarta que haya incidido una condición médica previa en el fatal desenlace. Esa teoría fue desarrollada por la defensa de la acusada, que se opuso a la formulación de cargos, con el argumento de que Lucas fue atacado y golpeado en la cabeza con un cortacadenas por un vecino, diez días antes del crimen.
“Un destornillador no es un elemento de tamaño suficiente o contundente con el dolo que refiere el MPF. Además el informe preliminar de la autopsia no tiene en cuenta la preexistencia de un golpe en la cabeza y en las filmaciones refleja que le pega en el mismo lugar donde estaba la herida”, explicó la defensa.
El violento episodio quedó registrado en nueve videos del teléfono celular del hermano de la víctima, una prueba que resultó contundente para determinar cómo fue la pelea y la mecánica del crimen.
El conflicto que culminó con el crimen de Lucas Méndez de 31 años tuvo lugar el domingo 21 de junio a las 20:30, cuando M.B.C llegó a la vivienda de su pareja, en el inmueble que compartía con su suegra, María de los Ángeles Méndez y su cuñada, Milagros Méndez. La mujer llegó visiblemente alcoholizada, después de compartir una celebración por el día del padre.
La acusada comenzó una discusión que rápidamente pasó al plano físico, lo que provocó la intervención de Ángeles, la madre de Lucas, para separar a la pareja. Luego, expulsó a su nuera de la vivienda, mientras retenía a su hijo en una habitación de la casa.
“La acusada le gritó a su suegra que era una embrollera, una maricona, que se iba a llevar a su hijo. A raíz de la violencia del episodio, la familia decide llamar a la Policía”, indicó Cinthya Tobares, funcionaria del MPF.
El llamado de alerta por un episodio de violencia, provocó la llegada del personal de la Comisaría Tercera a la calle Rawson al 1500 del barrio Villa Ceferino. Sin embargo, la acusada logró esconderse detrás de un vehículo para evitar la intervención de los agentes. Una hora después, cerca de las 21:30, la acusada volvió a la vivienda de su pareja, exigiendo que Lucas salga.
“La acusada volvió a insultar a Ángeles y Lucas saltó el paredón para salir al exterior de la vivienda. Allí comienza una pelea física entre caídas, golpes de puño, empujones, patadas en el suelo. Hasta que la acusada sacó un destornillador de su mochila y le propinó un golpe con el mango, lo que provocó su desvanecimiento”, explicó Tobares.
Un nuevo llamado al comando policial advirtió sobre la presencia de un cuerpo tendido en la vía pública, frente a la vivienda de la familia Méndez. El hombre fue trasladado de urgencia por el SIEN al Hospital Castro Rendón, donde recibió asistencia médica y maniobras de reanimación pero a las 4:30 am se constató su fallecimiento.
Los estudios complementarios reflejaron una extensa hemorragia subdural con compromiso ventricular, que pese a las medidas terapéuticas implementadas, presentó un deterioro progresivo que derivó en su muerte. El golpe recibido concluye que Lucas sufrió un severo traumatismo craneal encefálico con afectación del tronco encefálico y hematomas subdurales.
La dinámica de la agresión fue establecida por los videos registrados con el teléfono celular, el acta de detención de la Comisaría Tercera y los testimonios de testigos directos e indirectos del hecho, donde incluye el relato de familiares de Lucas, vecinos y amigos de la pareja.
Cristian Ruiz, hermano de la víctima y testigo presencial, declaró: “Llegó exigiendo que Lucas saliera para pelear, después llegó la policía y se fue a comprar milanesas. Después volvió y continuó peleando, primero golpeó a Lucas con el mango del destornillador y ahí cayó al suelo”.
El relato fue coincidente con la declaración de Estela Maris, quien declaró: “Escuché gritos de la casa vecina y salí de mi vivienda, vi a María Méndez decirle a la mujer que lo dejara tranquilo. La mujer regresó y le pegó un manotazo a Lucas y cayó al suelo, donde nunca más se paró”. Y aclaró que no pudo observar el objeto que tenía en la mano al momento de la agresión.
El hermano de la víctima explicó que era usual que Lucas y su cuñada tengan objetos punzantes entre sus pertenencias para defenderse en situaciones de conflicto. El Ministerio Público Fiscal relató que la mochila de la acusada fue secuestrada con dos destornilladores en su interior, uno de 17 cm y otro de 19 cm, junto a un cuchillo mantequero, elementos que fortalecen la teoría del hermano, de portar elementos para defensa personal y también refleja la frecuencia de las agresiones.
El crimen de Lucas surge en un contexto de conflictos familiares, violencia extrema y vulnerabilidad económica atravesada por situaciones de consumo problemático. El día del crimen comenzó con una discusión que escaló rápidamente hasta el golpe presuntamente mortal.
Pero según el relato de la familia Méndez, la violencia era moneda corriente en el vínculo de la pareja, incluso la acusada golpeó a su cuñada, momentos antes de llegar al domicilio y posterior escena del crimen.
Además, la víctima fatal y la acusada mantenían un vínculo de pareja desde hacía 15 años y tuvieron dos hijos, los cuales fueron dados en adopción, lo que refleja la extrema vulnerabilidad y fragilidad económica que atravesaban.