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Está repleto de nutrientes: hierro, calcio, fósforo y vitamina C. Desde cuando lo comían los incas y cómo es mejor consumirlo para aprovechar sus beneficios.
Los incas consumían ya hace unos 10 mil años un alimento básico que se puede consumir de muchas formas, sea en puré, fritura, al horno, hervido o en ensaladas, y además es el mejor acompañamiento para todas las comidas. Se trata de un alimento muy popular y económico, pero que no siempre tiene la prensa que merece: la papa.
En los últimos años, con la cultura del cuerpo dominando la modernidad, la papa se transformó en un alimento desechado de las dietas por quienes buscan tener una alimentación baja en calorías, pero es un tubérculo que no deberíamos dejar de consumir para llevar una dieta equilibrada.
Es rica, muy económica en relación a otros alimentos, incluso a verduras y hortalizas de mucho mayor valor, tiene mil variantes para hacerla (el pastel de papa es uno de los preferidos de los argentinos, ni hablar de las papas fritas para acompañar unas milanesas) y una cantidad de beneficios que la defienden como un superalimento.
El nombre científico de la papa es Solanum tuberosum, una especie herbácea perteneciente al género Solanum de la familia de las solanáceas. Es originaria de la región que comprende el altiplano de los Andes centrales, que en la actualidad se ubica en los Andes del sur del Perú y el extremo noroeste de Bolivia.
Su primer cultivo no tiene una fecha determinada ya que ocurrió hace miles de años, pero los historiadores lo sitúan entre los años 8000 y 5000 a.C. La papa fue utilizada por los antiguos incas, que las consumían habitualmente antes de la llegada de Cristóbal Colón a América a fines del siglo XV.
Pese a la creencia popular de esos tiempos, que señala a la papa como un alimento de alto contenido calórico y de grasa, las papas frescas son virtualmente libres de grasa y colesterol, mientras que el contenido de proteína en el tubérculo es bajo y tiene un excelente valor biológico, comparable a la del huevo, otro alimento que superó una etapa de muy mala prensa y hoy domina muchas dietas.
Una papa de tamaño mediano aporta el 26% del requerimiento diario de cobre, el 17 al 18% potasio, fósforo, hierro; y entre el 5 al 13% zinc, magnesio, y manganeso, y hasta el 50% vitamina C.
Entre los numerosos beneficios que tiene la papa para la salud se destacan:
Según destaca la licenciada Aracelly Bravo, docente de Nutrición y Dietética de Perú, “lo recomendable es consumir las papas hervidas en agua o guiso u horneadas”. “Así puede alimentarnos correctamente, saciarnos, ayudarnos a controlar los índices de glucosa y evitar picos en los momentos de apetito”, señaló.
La especialista resaltó que “los otros métodos de cocción de la papa, como la fritura, aplican temperaturas muy altas que transforman la estructura del alimento y, al cocinarse en aceite, se eleva demasiado su valor energético, además de mezclarse con las grasas, debido a que sus almidones absorben el aceite y constituye una combinación que no es recomendable consumir frecuentemente”.
El almidón es uno de estos hidratos de carbono complejos que tienen los tubérculos, las legumbres y los cereales. Pero si se enfrían antes de consumirlos, sus beneficios se multiplican.
“Al refrigerarlo, el almidón se vuelve resistente a la digestión, llegando entero al colon, y es más recomendable, ya que no se transforma en glucosa, sino en fibra, el alimento favorito de las bacterias que pueblan la microbiota intestinal”, explicó la nutricionista española Alba Coll.