Con su característica acidez, esta salsa tradicional argentina le suma sabor al asado. La receta y cómo prepararla.
El secreto de un buen asado no está solo en la calidad de la carne o el tiempo de cocción, sino que también pasa por saber hacer un buen chimichurri. Además de sumarle sabor, esta salsa clásica de la parrilla argentina ayuda a que los distintos cortes recuperen sus jugos. Su acidez, además, aporta frescura y equilibra los sabores tostados.
Otra de sus ventajas es que se prepara muy fácilmente y lleva productos económicos. Su secreto está en el picado cuidadoso de los ingredientes y en dejarlo reposar para que encuentre un equilibrio. De hecho, un chimichurri recién mezclado suele ser más intenso, especialmente por el ajo y el vinagre. Pero con el asentamiento, los sabores se combinan y le dan otro tono.
Para preparar esta receta en casa, serán necesarios los siguientes productos, con sus respectivas proporciones:
El orégano seco suma aroma, mientras que una pizca de ají molido da un picor leve. El aceite aporta cuerpo y el vinagre, acidez. La proporción de tres cucharadas de aceite por una de vinagre ofrece un punto de partida equilibrado, pero siempre es posible corregirla después de probar la mezcla.
El perejil debe lavarse y secarse muy bien antes de picarlo. Si conserva demasiada agua, la salsa puede quedar diluida. Tres cucharadas de perejil fresco picado son suficientes para lograr una preparación aromática, siempre que el corte sea fino, pero no tan intenso como para convertir las hojas en una pasta. Mantener algo de textura ayuda a que la hierba se perciba en cada cucharada.
Por su lado, un diente de ajo picado finamente distribuye su sabor con mayor uniformidad que trozos grandes. Para un resultado equilibrado, alcanza con cortarlo en piezas pequeñas, sin machacarlo hasta volverlo puré.
Si se prepara con anticipación, conviene guardarlo tapado en la heladera y sacarlo un rato antes de servir para que no llegue demasiado frío a la mesa.