Garbanzos, tahini, limón y ajo: cómo lograr un hummus bien cremoso en la procesadora, y qué hacer si no conseguís pasta de sésamo.
Cuatrocientos gramos de garbanzos cocidos, un poco de tahini, limón, ajo y comino alcanzan para un bol de hummus para cuatro. Se hace en la procesadora en menos de diez minutos y sirve para casi todo: para mojar pan pita o bastones de verdura, para untar una tostada o como base de un bowl. Con los días más largos y las primeras juntadas al aire libre, además, es de esas preparaciones que se llevan bien en un tupper.
La diferencia entre un hummus correcto y uno muy cremoso no está en los ingredientes sino en el orden. Primero se bate el tahini con el limón, hasta que se aclara y se espesa. Recién después van los garbanzos.
Se puede hacer en casa con una taza de semillas de sésamo, dos o tres cucharadas de aceite neutro (girasol, por ejemplo) y una pizca de sal.
Si usás garbanzos de lata o frasco, hervilos cinco minutos con una cucharadita de bicarbonato, enjuagalos y sacales la piel frotándolos entre las manos. Lleva un rato, pero el resultado es otro hummus. Y el agua bien fría ayuda a que la mezcla quede más aireada.
En un recipiente hermético, en la heladera, aguanta entre tres y cinco días. Al sacarlo suele estar más firme: un poco de agua o de limón y una buena revuelta lo dejan como recién hecho.
Va con pan pita tostado, bastones de zanahoria, pepino o apio, aceitunas o ensaladas frescas. Para tomar, un blanco liviano, una cerveza suave o agua con gas y limón.