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Por Fabián Cares - Especial
Los colores mágicos de la naturaleza encuentran sus mejores espejos en las montañas, en las cristalinas aguas de los lagos y en las milenarias araucarias que se recortan hacia los cuatro horizontes de este hermoso rincón neuquino.
Los turistas que visitan Villa Pehuenia con la expectativa de vivir una experiencia única de turismo y aventura llegan en familia o en grupo. Lo hacen por una jornada o, extasiados por el encanto de la villa, se quedan dos o más días. Algunos deciden vivir el contacto con la naturaleza en su máxima expresión y armar un campamento a orillas de las montañas o de los lagos Aluminé y Moquehue.
En estos días es frecuente ver repletos los campings habilitados y aquellos que no cuentan con el permiso oficial pero que brindan servicios y comodidades que satisfacen a los turistas.
Los campings ofrecen un paisaje multicolor formado por las carpas y es una fija que en cada una haya una mesa donde se comparten desayunos, almuerzos, meriendas y cenas. Las guitarreadas o las canciones del momento suenan en los equipos musicales y una infinidad de juegos encienden la alegría de todos.
"Algo distinto a lo cotidiano y una experiencia muy buena y que solo se puede vivir de forma particular. En la vida de camping se calibran y nivelan las edades, los grandes son niños y los niños se transforman en grandes", reflexionó el pastor Nelson Burgoa, de la Iglesia de Dios de Mariano Moreno, que llegó con miembros de la institución a disfrutar de la tranquilidad y hermosura de Villa Pehuenia.
"La risa de los niños y las charlas de los grandes en un clima de armonía pintan el mejor paisaje de la vida en medio del paisaje natural en todo su esplendor", señaló el pastor Nelson Burgoa.
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