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La Mañana

La triste historia de la tortuga deforme por la basura

Con sus 30 años, el animal sigue viviendo en un acuario, lejos de las amenazas que encontraría por la presencia humana en su hábitat natural.

Misuri
Aún no se llamaba Cacahuete. Por aquel entonces era una cría de jicotea elegante de Misuri, Estados Unidos, un tipo de tortuga también conocido como galápago de Florida, y como buen animal semiacuático paseaba por la zona remansada de un río.
Sin embargo, algo estaba a punto de pasar. Un incidente que no tendría vuelta atrás y que la convertiría en un espécimen particular.
En su merodear habitual, se enredó en uno de esos plásticos que sirven para mantener seis latas juntas.
Quedó encajada en uno de los aros de plásticos que sirve para mantener juntas seis latas.
Los años pasaron y ella creció.
Pero no de la forma habitual. Como si tuviera un corsé, su cuerpo tuvo que adaptarse al plástico.
Así, para los nueve años tenía forma de reloj de arena, de maní o cacahuete con cáscara.
Las tortugas no son particularmente veloces, pero aquellas condiciones la hacían aún más vulnerable a los depredadores.
Por suerte, alguien la encontró y la llevó al zoo de San Luis, una ciudad portuaria construida a lo largo de la orilla oeste del río Mississipi. Era 1993.
Los veterinarios la bautizaron Peanut (cacahuete o maní, en español) y le quitaron la faja.