{# #} {# #}
Manipulación de tarjetas, uso político del MPN, y amenazas para garantizar el silencio. El testimonio de una excolaboradora que vio todo desde adentro.
Una mujer de 32 años decidió contar en el juicio por estafa con planes sociales lo que vivió durante años dentro de un sistema que -según su declaración- transformó la ayuda social en una maquinaria de favores, punteros y desvío de fondos públicos. Como arrepentida y sobreseída, en la sexta jornada del juicio, pidió que su nombre y rostro no se hagan públicos por temor a represalias. El relato explosivo fue incorporado al expediente judicial que investiga una red de corrupción en la entrega de ayudas estatales.
“Empecé porque me ofrecieron un plan, una ayuda. Me separé del padre de mi hija, no tenía ingresos fijos y me contactaron para hacer asistencia todos los viernes. Lo tomé como un trabajo mientas mi mamá me cuidaba a mi hija que tenía dos años”, relató la mujer, quien se mostró muy nerviosa durante la declaración.
También, el nerviosismo vino por otra cosa que pasó en la sala: cuando estalló el escándalo de los planes sociales en 2023, su abogado era el imputado Alfredo Cury, quien no pudo hacer preguntas que afectaran el secreto profesional. Esto, por la relación que mantuvo con quien era su clienta, y que ahora tenía que interrogarla desde otro lugar.
En 2017, comenzó a trabajar con Noelia Albornoz, una puntera política de Centenario que respondía a Pablo Sanz. En ese momento, no le conocía el apellido, y hasta lo tenia agendado, y como todos conocían, como "Pablo de Provincia". Necesitaba el trabajo, de lo que sea, pero pronto ese empleo se convirtió en una estructura de favores personales, uso político y control absoluto. Eran como "una familia" de la que quedaron atrapados, y con el mismo abogado, al menos en los primeros meses del escándalo: Cury.
Según su declaración, sostuvo que comenzó a hacer tareas en el grupo de lo que era el exlíder Hécor "Zapallito" Molina, a través de un plan social de entre $4.000 y $6.000. "Era en la sede de Zapallito Molina, en una casa con garaje y una mesa larga donde había gente y estaba Noelia Albornoz, que dijo que me iba a llamar para trabajar", recordó.
Además, contó que se llevaba muy bien con Noelia, y que se contaban temas personales, algo que empezó a forjar una amistad. También hacían otras cosas, y reconoció que comenzó a militar en política, con el MPN, en ayudar a comedores, actividades infantiles y recolectar ropa para indigentes.
Pero esa época de los planes de los cheques y el dinero en efectivo, quedó atrás con la bancarización de planes sociales por parte del BPN. Luego, durante la pandemia, pasó a usar tarjeta de débito.
Más adelante, formó parte del equipo de la dirección de Planes sociales, a cargo de Ricardo Soiza, de control de cheques y recibos, y fue derivada al área donde se manipulaban tarjetas de débito de beneficiarios. No era una relación laboral, de un contrato eventual, sino que cumplía tareas "bajo programa" hasta que obtuvo finalmente firmó un contrato esperado, con el paso de los años. Era otro sueldo, porque en esa época ya cobraba 49.000 pesos. Pero eso iba a durar poco, en le medio del escándalo.
La mujer ya conocía a Noelia Albornoz, incluso a los imputados Isabel Montoya y a Sanz, con quien compartió algunos momentos y una amistad, más allá de la relación laboral como jefe. "Le iba a hacer las compras a la mujer y a Pablo hasta le tapaba temas personales", dijo.
"Yo trabajé en el área de Omar Rodríguez Quesada. En recepción trabajaba en el control de los recibos. Estuve un tiempo hasta que una de las secretarias de Pablo se va, Carolina Cuello, y Florencia. Yo hacía tareas personales, como hacerles las compras a él y a la mujer y hacerle favores", dijo.
Pero fue en el transcurso de 2021 donde comenzaron los problemas, cuando le pidieron que haga extracciones con tarjetas de débito. “Me daban hasta 13 tarjetas por mes con los PIN pegados. Iba al cajero, sacaba todo el dinero y lo entregaba en la oficina. No podía dejar ni 20 pesos”, dijo y ahí fue donde comenzó a sospechar si lo que hacía era legal y si podría perjudicarla.
Contó que la plata se dividía, una parte iba en una caja azul que terminaba en la oficina de Ricardo Soiza, en el primer piso de un edificio en calle Rivadavia, y otra parte en sobres para punteros políticos del MPN. Mencionó que los sobres con dinero estaban etiquetados con nombres, y que los entregaba a figuras como Esther Villalobos (a quien recuerda porque siempre irrumpía en la oficina de manera intempestiva y violenta), Noelia Albornoz, o al abogado Alfredo Cury, entre otros.
"Los cheques, los empleados los endosaban y se los entregaban entre ellos. Recuerdo a Villalobos era una persona violenta y amenazaba", sostuvo.
A esa altura, la testigo empezó a pensar en su renuncia, a partir de un hecho que le generó miedo. "Decidí irme porque en uno de los meses que iba a ser extracciones, voy caminando por la calle Rivadavia, ingreso y saco dinero. En ese momento me sentí observada. Cuando salí del cajero había un hombre filmándome. Yo tenía la obligación de entregar todo el dinero. Estaba muy asustada en ese momento en la oficina, estaba mal y le dije que estaba angustiada", sostuvo.
Indicó que estaba muy nerviosa y que contó esa situación de que alguien la siguió hasta el cajero, pero que Pablo Sanz, no le dio importancia. Ella dio que pensó que podría tratarse de la propia Policía y que la estaban investigando. “Pablo era muy exigente. Tenías que rendirle al cien por cien", sostuvo, y aseguró que había una relación de maltrato personal.
A esta altura, a la testigo le pidieron que no vaya más al cajero, según su declaración, por una orden que habría bajado Luciano Palma a Tomás Siegenthaler. La orden era no ir más a los cajeros, porque había una causa.
En ese contexto, relató que sintió un fuerte apriete para no hablar y que incluso le ofrecieron “protección” para que no declarara. Afirmó que Cury, hoy imputado, les pidió actuar como una familia y seguir sus instrucciones. “Nos dijeron que éramos un núcleo, que íbamos a salir de esto juntos. Yo quería contar mi historia y no me dejaron”, expresó.
Su testimonio detalló además cómo algunos funcionarios y punteros políticos controlaban las certificaciones negativas, armaban planillas de “voto seguro” y operaban en oficinas paralelas del MPN. Todo esto ocurría en la oficina de la dirección de Planes Sociales, en la calle Rivadavia 47.
La mujer fue despedida formalmente en 2022 por Abel Di Luca, según la resolución 0459/2022 del Ministerio de Desarrollo Social. Desde entonces, intenta colaborar con la Justicia, aunque con temor por su seguridad.
La testigo contó que el día en el que se produjeron los allanamientos, tanto Cury como Sanz fueron hasta su casa para avisarles de ea maniobra y que le dijeron que "saquen todo", e incluso, su teléfono celular donde había registros de los chats por WhatsApp donde se organizaban las rondas de extracciones en los cajeros de Neuquén y Alta Barda
Dijo que el día de los allanamientos en su casa, los reunieron en el restorán El Faraón, donde el hijo de Ricardo Soiza les dio de comer y los contuvo. Todos estaban nerviosos y no se sabía lo que iba a pasar con ellos. En el camino quedaron varias cosas sin comprender. En el teléfono celular que se llevó la Policía del Neuquén, supuestamente había una grabación oculta que le hizo la testigo a Sanz, durante una conversación privada. No se sabe si ese contenido será mostrado en el juicio.
La investigación aún no aclaró qué se hizo con esas grabaciones. “Nunca me quedé con un peso”, aseguró. Pero lo que vio y lo que vivió, dijo, le cambió la vida.