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Santiago Polito Belmonte, un profesor y exponente de la cultura neuquina

Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y director del Departamento de Política Educacional. Integró la Convención Constituyente para la Carta Orgánica Municipal.
Por VICKY CHÁVEZ

Neuquén > Santiago Polito Belmonte nació en Capital Federal. Su padre fue Pascual Polito, que nació en el barrio Parque Chacabuco en el año 1900, hijo de Victoria Guaragna y de José Polito, inmigrantes italianos de la Calabria albanesa. De la unión nacieron nueve hijos, de los cuales el único varón fue Pascual. Su madre fue Carmen Belmonte, nacida en Concordia, Entre Ríos. Hija de José Belmonte y de Virginia Cavalo, italianos de Cosensa. Pascual aprendió de muy chico a dibujar, y trabajaba en la recordada compañía  teatral de Arata, en los años ´20. Un día, Pascual acompañó a un amigo a la casa de la familia Belmonte y allí conoció a Carmen. Se casaron en 1926 y de esta unión nacieron cuatro hijos: el entrevistado y luego  Carlos, Virginia y Eduardo.
Santiago Polito (el apellido Polito es de origen griego) realizó sus estudios primarios hasta tercer grado en la Escuela Ponciano Vivanco, del barrio de Mataderos. A los diez años quiso ser sacerdote, por lo que ingresó al Preseminario en San Isidro, donde completaría la escuela primaria.
Hizo el colegio secundario en el Seminario del Clero Secular de la Arquidiócesis de Buenos Aires, en Villa Devoto. Posteriormente realizó tres años de Filosofía en los años 1945, 46 y 47. En 1947 dejó el seminario. Tenía veinte años.
En 1949 realizó el Servicio Militar en Aeronáutica en Mendoza. De ese período atesora un sinfín de anécdotas.
En el año 1951 ingresó al banco Hipotecario Nacional en el que se jubilaría en 1987. Allí conoció a Mercedes Josefina Leyes, con quien se casó en 1955. En 1970 nació su hijo Hernán Eduardo, psicólogo, quien les dio dos nietos: Joaquín y Mateo.
 
La carrera de Historia
Mientras trabajaba en el banco comenzó a cursar la carrera de Abogacía en la Universidad de la Plata. Todos los días, al salir del trabajo, se iba en tren a cursar. Tuvo el honor de contar como profesor al afamado historiador José María Rosa en la cátedra de Historia Constitucional. En 1964 ingresó a Filosofía y Letras en la UBA. Allí se dio otro lujo: fue su profesor José Luis Romero. Dejó la carrera en 1966 y la retomó en  1968, para convertirse, en 1973, en ayudante de don Jorge Pérez Amuchástegui en la materia Introducción a la Historia. En abril de 1976 fue dejado cesante de la cátedra.
 
Su arribo a la zona
Comenzó su periplo por diferentes provincias argentinas hasta que en el año 1981 vino a Neuquén. Comenzó a dictar clases en la cátedra de Metodología y Técnica de la Investigación, para luego ingresar a la Facultad de Ciencias de la Educación de la que llegaría a ser decano.
Luego de su jubilación del banco, en 1987, siguió ejerciendo la docencia por concurso en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), en la Universidad de Flores (Uflo)  y en la Universidad Católica de Salta (Ucasal).
 
Su vasto currículum
Imposible resumir la infinidad de cursos y conferencias dictadas, libros, artículos y trabajos escritos. Un ejemplo de esto es su libro “Las formas del Martín Fierro, la estrofa hernandiana”, en donde investiga en otro campo como la literatura, la lengua castellana. Además de historiador, Polito Belmonte ha incursionado en la poesía: su obra “Comarcas aquí en el Sur”, editada en 1991  por el Fondo Editorial Neuquino, así lo atestigua. Por otro lado, la cifra de libros acumulados en su biblioteca es sumamente elocuente: seis mil quinientos títulos.
Don Santiago es un profesor que vuelca en cada clase, en cada conferencia sus vastos conocimientos, no sólo de historia universal sino de cultura en general. Aún continúa deleitando a sus alumnos en cada clase de historia. Un ilustre personaje que mucho aportó para la cultura y la historia regional.

Sus compañeros convencionales

Neuquén > Fiel a su estilo, Polito Belmonte realizó una singular descripción de cada uno de los convencionales.
 Mirta Elena Domene: Rodeada de pseudo ateos/ en el bloque radical,/ Domene es tradicional/ creyente (cual los hebreos)/. Casi les dijo: Jodeos!!/ cuando se votó el preambúlo./ Según lo que yo calculo/ Dios es Fuente de Razón/ y es Justo: la votación/ los pateó bien en el c…
Alicia Gillone: Por poco, si la dejamos/, la Carta (Dios nos asista!!)/ en un Plan Sanitarista/ se convierte. Y lo proclamo/ porque hizo un desparramo/ con la mujer, la salud,/ salud mental (su inquietud)./ la niñez, la ancianidad,/ (perdón), la tercera edad…/ las metió con amplitud.
Emilia Beatriz Grizzi: Insigne vecinalista/ (del Barrio Palermo Chico)/ aunque yo no la critico/ eso sí, Dios nos asista!!!/ porque tiene sus aristas/ en su rol convencional/ y ve un complot fantasmal/ desde la mafia política;/ Quieren dejarle raquítica/ a la Junta Vecinal.
Mario Eduardo Lértora: Este joven radical/ saltó del Hipotecario/ al juego parlamentario/ y no le ha ido tan mal…/ En él, es tradicional/ perseguir a las mujeres…/ Y con esos menesteres/ anduvo revoloteando/ su facha linda mostrando/ (sea eso lo que fuere).
Leticia Norma Maidana: Buena moza, circunspecta,/ su nombre dice: Alegría/ pero guarda!! Que es bravía/ cuando una maldad detecta./ Me refiero a la Arquitecta/ que ahora se nos convierte/ en diputada del Frente/. Igual la felicitamos/ y asimismo le deseamos/ que la acompañe la suerte.
Rodolfo Gabriel Medrano: Prócer, como su apellido,/ a este jurista notable/ no hay que dejarlo que hable/ porque se manda el envido/ y te recorte el ejido…/ Con su tijera en la mano/ no deja artículo sano,/ ni coma que se resista./ Por su afán juridicista/ lo bautizamos Ulpiano.
Horacio Rodolfo Quiroga: Detrás de su pulcra pinta/ de señorito francés,/ el Pechi Quiroga es/ un campeón para la finta/ mas desarrolla la cinta/ del discurso partidario/ escondiendo en el armario/ un propósito evidente:/ Sueña con ser Intendente…/ ¿No será por el erario?
Raúl Esteban Radonich: Más caliente que un gallego/ con apellido croata,/ su alma eslava se desata/ porque en todo pone fuego./ La política no es juego/ sino esfuerzo sostenido/ para salvar del olvido/ la memoria de la gente./ Casi el único creyente/ entre tantos descreídos.
Enrique Mario Ranucci: Convencional y galeno/ este tordo minucioso/ con su decir criterioso/ al bla bla le puso freno:/ ¿Lo breve dos veces bueno?/ Un motivo personal/ lo llevó a la capital/ Entonces estuvo ausente/ y muy lamentablemente/ se perdió la Gran Final.
José Camilo Ruiz: Geronte y de ingeniería/ (de los que matan callando)/ se la pasó peloteando/ como en el tenis. Venía/ con toda su picardía/ arrugando el entrecejo/ pero es piola desde lejos,/ y fíjense en lo que hablo:/ El diablo sabe por diablo/ pero más sabe por viejo.
Héctor Ricardo Villar:  A este señor tan pelado/ pero también tan peludo/ lo denominan El Mudo/ y otras veces El Callado./ Orador calificado/ con oficio lenguaraz,/ es político capaz,/ muy dialéctico y retórico./ Como Balbín, el histórico, nunca se calla. Jamás!
Humberto Francisco Zambón: Don Humberto presidió/ la número Comi seis,/ llamada la Ten/ (la del Control de Gestión)/ Hablo del profe Zambón:/ por su espíritu preciso, minucioso en el enciso,/ en el punto y en la coma,/ le otorgamos un diploma/ por lo sólido y macizo.

Convención Municipal Constituyente para la Carta Orgánica

Santiago Polito Belmonte ejerció la tarea de prosecretario de coordinación. Al recordar el aniversario número 15 de la sanción del documento, estas fueron sus palabras.
 
 “El miércoles 31 de marzo de este año 2010 se cumplieron 15 años de la sesión de clausura de la Convención Constituyente que sancionó la actual Carta Orgánica del Municipio de la ciudad de Neuquén.
Fueron 120 días de intercambio de opiniones, no exentos de polémicas discusiones, sin que faltara en ellas algún circunstancial exabrupto, amistosamente superado de inmediato. Y decimos amistosamente, habida cuenta de que la tónica general de esos cuatro meses de estudio, configuró una convención que hoy recordamos gratamente, durante la cual, veinticinco convencionales, vecinos que en muchos casos al inicio de las deliberaciones apenas si se conocían, pertenecientes a cuatro agrupaciones políticas: nueve del MPN; seis de la UCR; seis del Frente Grande y cuatro del PJ. Más allá de las lógicas discrepancias en algunos detalles, actuaron como veinticinco amigos unidos en el declarado propósito de elaborar un cuerpo legal básico, que tuviera en cuenta las ilusiones y las esperanzas de los habitantes de la ciudad de Neuquén no sólo en esos momentos sino en los siguientes años.
En este punto no podemos menos que recordar la afirmación que formuló Aristóteles luego de analizar las constituciones de las Polis griegas, concluyendo en que la circunstancia de que Atenas fuera Atenas, Corinto fuera Corinto y Tebas fuera Tebas, no radicaba en las diferencias  textuales  de sus respectivas constituciones, sino en el hecho de que quienes las habían elaborado habían tenido muy en cuenta en cada Polis, que la inmensa mayoría de sus habitantes, sin necesidad de ponerse previamente de acuerdo, coincidían en que había cosas que eran justas mientras que otras eran injustas; que algunas actitudes eran agradables y otras en cambio eran inaceptables; vale decir que conforme al ethos, (la costumbre ciudadana) de cada Polis, algunas serían bien vistas y otras eran inadmisibles para la convivencia armónica.
Muchos de los veinticinco convencionales elegidos en 1994, no habíamos tenido trato personal previo a la convención, pero desde hace quince años, seguimos cultivando la amistad que anudamos en sus sesiones, durante las cuales intercambiamos ideas y propuestas, no sin arduas y prolongadas polémicas, afectos que hoy se patentizan en la alegría que trasuntamos cada vez que en nuestra vida diaria nos encontramos circunstancialmente.
No es casual entonces que más del noventa por ciento (95%) de los artículos finalmente sancionados para la Carta Orgánica hayan sido aprobados por unanimidad, lo cual pone de manifiesto que, más allá de las comprensibles diferencias partidarias, todos nos sentíamos representantes no sólo de los miles de compañeros y/o correligionarios que nos habían votado, sino de todos los habitantes de Neuquén, pasados, presentes y futuros.
Consecuentemente, resulta evidente que, incluso el mínimo porcentaje de las pocas normas que registraron sendos proyectos por mayoría y por minoría, todas fueron pensadas y elegidas con visión de futuro y hoy a quince años de distancia continúan vigentes, aun cuando, a la fecha, tal como suele acontecer con todas las realizaciones humanas, haya algún enfoque perfectible, digno de ser revisado y corregido oportunamente según convenga a la cambiante realidad del momento.
Muchos de aquellos veinticinco convencionales continuaron militando políticamente y varios de ellos siguen en carrera. Lo deseable hubiera sido poder recordarlos puntualmente a cada uno, con sus intervenciones más destacadas conforme a su personalidad, incluidas las décimas que alguien les dedicó en su momento, pero ese propósito excedería los límites de estas simples líneas recordatorias.
Más relevante nos parece el poner de manifiesto que durante los cuatro meses de sesiones, la tónica imperante fue la solidaridad demostrada para compartir los conocimientos especializados, ya que de continuo, respecto a muchos y variados temas, los asesores y especialistas que actuaban en cada uno de los bloques partidarios, estuvieron permanentemente dispuestos a compartir sus conocimientos especializados para ilustrar  a todos los convencionales en su conjunto.
La imposibilidad de mencionar puntualmente a todos los que se destacaron en el desarrollo de las deliberaciones, cada cual con su carga intelectual, ideológica y emotiva, no es óbice para que recordemos con elogio a todos los empleados contratados para las distintas tareas propias de esa convención, por el cumplimiento cabal y en término con el que se desempeñaron facilitando al trabajo de convencionales y asesores. Todo se deslizó como sobre rieles y sin demoras molestas, merced también a la relevante tarea de la Presidencia, ejercida por el ingeniero Rodolfo Laffitte, con amplitud de conocimientos, certera celeridad y ecuanimidad hacia todos los miembros de cada bloque partidario.
En suma, como venimos diciendo, una convención memorable por muchos aspectos, digna de ser recordada como ejemplo por el respeto evidenciado hacia todas las opiniones expresadas en su transcurso las que, sin lugar a dudas, registraron siempre la búsqueda del bien común hacia las generaciones que, desde entonces, dan vida a esta maravillosa y especial ciudad de Neuquén”.