Los testimonios giraron sobre el mensaje de texto y la kinesióloga
Lilia Cárdenas, empleada de la familia Soria, dijo que luego del hecho, Freydoz la abrazó y le dijo que había arruinado la vida de sus hijos y que no lo había querido hacer.
General Roca > En el juicio que se desarrolla por el homicidio del gobernador Carlos Soria existen hechos y situaciones que comienzan a repetirse a través de distintos testimonios. Susana Freydoz era celosa al punto de pensar sólo en ello todo el día y de controlar todo lo que hacía su esposo. También durante la audiencia que se realizó ayer el tema de la kinesiológa, de nombre Paula, y el mensaje de texto “a pesar de todo, te sigo extrañando”, que había sido enviado desde el celular de Soria días antes de las Fiestas, fueron dos hechos sobre los que hablaron las amigas de la imputada.
Además, surgieron otros elementos de la causa que sostienen que Susana Freydoz estaba muy angustiada desde meses antes de la tragedia, y cada vez más atormentada por sus celos.
Lilia Cárdenas fue la empleada doméstica de la familia de Carlos Soria durante los últimos 18 años. Su testimonio ante el tribunal fue relativamente breve. Como empleada que conoció más que nadie la intimidad de un matrimonio y de una familia, Cárdenas, por momentos con lágrimas en los ojos, reveló que el último año advirtió que Freydoz no estaba bien; estaba nerviosa, consumía remedios -pastillas color rosado- que sacaba de la caja de fármacos de Soria, y vino blanco, a veces en cantidad, aunque aclaró que nunca la vio alcoholizada o no pudiendo desplazarse por efecto de esas bebidas.
Relevó al tribunal que en algún momento supo que Carlos Soria habría querido internar a Freydoz debido a su estado y dijo que habló con uno de los hijos del matrimonio para decirle que su madre no estaba bien. “A veces, la veía caminar, ir y venir por el pasillo de la casa, abría puertas”, dijo y también expresó que discutían seguido. Incluso, contó que en algunas oportunidades, Soria llegaba de viaje, la saludaba a ella y no la saludaba a Freydoz.
Dolor
“Me dolió mucho. (yo) los quería a los dos y me sentí un dolor muy grande al ver esto”, declaró la mujer casi al borde del llanto.
Cuando ocurrió el hecho, ella fue a Allen, a la casa de la hermana de Freydoz y estuvo una semana acompañándola. Contó que cuando la vio, se abrazaron y Freydoz le dijo que les había arruinado la vida a sus hijos, que no sabía qué había pasado y que no lo había querido hacer.
Relató que salía todas las mañanas y regresaba sobre las 13 para encargarse de la comida de su marido. Y agregó que en abril del año pasado, cuando cumplió 60 años, ella le dijo que ese no era el mejor año de su vida; le encargó que le hiciera la comida para su esposo y ella se fue sola a la chacra. Cárdenas se preocupó y llamó a Martín Soria para decirle que no había visto bien a su mamá y que se había ido sola a la chacra.
Amigos
También declararon Edgardo Peacock y su esposa, Elsa Romagnolli, ambos amigos de la pareja de Carlos Soria y Susana Freydoz, y las amigas de la imputada Stella Maris Bonet y Elena Pereyra de Muller. Peacock y Romagnolli se conocían desde muy jóvenes con Soria y Freydoz, y en los últimos años compartían varias cenas juntos. Peacock dijo que Freydoz lo perseguía mucho a su esposo y que Soria estaba cansado de los ataques y persecución constante de parte de su esposa.
Ante una pregunta de uno de los jueces, Peacock expresó que Freydoz nunca elogió ni aprobó la labor y la gestión de su esposo. Sobre lo que pasó esa noche, el testigo estimó que han discutido y que se disparó el arma: “No debe haber querido pegarle un tiro; me resultó siempre muy lejano creer que Susana pueda llegar a pegarle un tiro. Aún no lo puedo creer”, expresó.
Mensaje de texto
Las dos parejas, Peacock y Romagnoli y Soria y Freydoz compartieron una reunión la noche del 22 de diciembre pasado, apenas unos días antes de la tragedia. Las discusiones en la pareja no faltaron esa noche y Freydoz se refirió en forma irónica hacia su esposo como “papi” o “papito”. En un momento, Freydoz indicó a Romagnolli que la acompañara a otro sector de la vivienda de la chacra donde, pocos días después, se produciría el dramático hecho.
Romagnolli contó que en esa charla a solas, Freydoz le mostró el teléfono celular de Soria y el mensaje de texto que decía “a pesar de todo, te sigo extrañando”. La testigo dijo que no pudo ver quién era el destinatario del mensaje de Soria y agregó que en ese momento, Freydoz le dijo “cómo querés que disfrute con esto”. Indicó que desde hacía un tiempo, Freydoz se refería a una kinesióloga de nombre Paula, mucho más joven que ella, y también le contó que había hablado con la directora de Adanil (Asociación de ayuda al niño lisiado), para reprocharle por qué tenía a esa persona, por la kinesiológa, trabajando en esa institución.
Afirmó, como coincidieron las otras dos amigas de Freydoz, Muller y Bonet, que no estaba entre sus planes separarse de Soria, a pesar que las tres se lo habían sugerido.
También coincidieron varios testimonios en que si bien siempre fue celosa, en el último año o año y medio, Freydoz se obsesionó aún más por los celos hacia su esposo.
Agregó que ella lo cuidaba mucho, sobre todo en las comidas debido a las operaciones cardíacas que tuvo Soria como así también en su apariencia física.
Bonet describió que su amiga estaba muy triste, nerviosa y angustiada el último tiempo. Ella pasó la noche de Navidad con el matrimonio Soria. La noche del 31 había quedado en pasarlo con ellos, pero el día 30 de diciembre llamó a Freydoz y le dijo que no iba a ir a la chacra. Freydoz la invitó y quedaron para que Bonet fuera el domingo primero de enero al mediodía a la chacra.
Muller dijo que su amiga era “tremendamente celosa” y que llegó un momento que tenía celos de cualquier mujer. Agregó que la vio en alguna oportunidad revisando el teléfono de Soria y que andaba con una lista de números, extraídos del celular de su esposo, para chequear a quién correspondían.
Una noche, relató Muller, hizo una guardia a pedido de Freydoz en inmediaciones del domicilio de la kinesióloga de nombre Paula para ver si Soria llegaba al sitio. A los pocos minutos, contó, Freydoz la llamó para decirle que su esposo había llegado a su casa. Fue en ese momento, relató la testigo, que le dijo que Freydoz que no podía seguir con ese estado. En otra oportunidad acompañó a la acusada hasta Cervantes donde Soria tenía previsto participar de un acto político. Cuando llegaron, la propia testigo constató que Soria, en efecto, estaba en medio de un acto político. Muller indicó que, en alguna ocasión, Freydoz expresó que si encontraba a la kinesiológa y a su esposo juntos, los reventaría a los dos.


