Cuando el éxito nos parece una cuestión de suerte

El síndrome del impostor lleva a muchos a dudar de sus capacidades.

Londres.- Aunque parezca mentira, hay mucha gente que, a pesar de que se encuentra en una buena posición, ya sea económica, social o profesional, y goza del reconocimiento de los demás, considera no estar a la altura de las circunstancias. Es más, cree que lo que ha conseguido no es más que una sucesión de golpes de suerte.

Esto es lo que desde la psicología se considera el síndrome del impostor, un trastorno más habitual de lo que se cree, según los especialistas, y que lleva a depreciar las capacidades personales.
"Millones de mujeres y hombres en todo el mundo, desde exitosos directivos de empresas, hasta brillantes estudiantes o actrices, como Kate Winslet, están secretamente preocupados por no ser tan capaces como todos creen", aseguró la doctora Valerie Young, quien explicó que siete de cada 10 personas han sufrido este síndrome alguna vez en la vida.

Talento: Está devaluado en estas personas que creen que todo se lo deben a la buena fortuna.

Aida Baida Gil, asesora profesional y autora del libro Cómo superar el síndrome del impostor, explica que quienes lo sufren "tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; tienen la sensación de ser impostores, un fraude". Parte de su publicación se basa en su propia experiencia.

Según Baida Gil, es más común este tipo de trastornos en personas que se mueven en contextos donde la competencia es muy alta.

Además, explica, se da en dos niveles diferenciados: uno que desaparece con el tiempo y la experiencia, y que es propio de cuando nos sentimos inseguros ante un nuevo reto o puesto de trabajo; y otro más grave, que se perpetúa y empeora con el tiempo.

"Asumís que tu éxito es cuestión de suerte y nunca lo atribuís a tu inteligencia o al hecho de que hayas tenido que trabajar muy duro para lograrlo", explica.

Entre las causas, hay algunas que tienen principal relevancia, entre ellas, la percepción de conceptos como "éxito", "trabajo" y "competencia" que cada uno tiene.

"Las personas que sufren el síndrome son muy exigentes consigo mismas y tienen una lista de requisitos prácticamente imposibles de llevar a cabo".

A estos altos estándares se suman las dinámicas familiares durante la infancia, donde por ejemplo se establecen diferencias entre hermanos o hay exceso de presión.

El profesor de psicología Evaristo Fernández liga el síndrome al llamado pesimismo defensivo: "Son personas que se consideran sobreestimadas y les preocupa que los demás puedan descubrir en cualquier momento que no son tan inteligentes como parecen", explica, y asegura que esto tiene repercusiones en la carrera profesional de quienes lo sufren ya que aumenta sus niveles de estrés, entre otras cosas.

El exceso de autoestima tampoco es sano

El que tiene la autoestima alta se siente seguro de sí mismo.
No tiene necesidad de estar demostrando nada ni necesita el reconocimiento de los demás. No cuestiona su valor personal y no se compara con los demás. Tomando esto como parámetro, quienes demuestran una excesiva autoestima, en realidad, no gozan de tal cosa. Este tipo de personas suelen considerarse perfectas, por lo que jamás aprenderán de sus errores. Al volverse más rígidos tampoco permitirán que alguien les señale un equívoco, y dado que su seguridad está basada en una falsa imagen de sí mismos, su estado de ánimo es fluctuante.

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