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La Mañana Argentina

La grieta y los discursos binarios de muerte

Un repaso por la historia de los discursos políticos que incitan a la violencia y niegan el derecho de existir a otras corrientes de pensamiento.

Yo, desde hace algunos años me dedico a investigar y escribir sobre la violencia política en la Argentina reciente. Lo hago en primer lugar, porque soy un sobreviviente de esa etapa, que viví con 17/18 años, y muchos de los chicos que conocí están muertos, o padecieron la cárcel y la tortura. No soy un pacifista a ultranza, entiendo que hay circunstancias y momentos de la historia, donde la violencia política tiene su razón de ser. Pero, mi generación pagó un costo muy duro en sangre. Y no quisiera que mis hijos o mis nietos pasen por la misma experiencia.

Por vivencia personal, e investigación histórica, tengo bastante claro, como son los mecanismos sociológicos y psicológicos, que pueden llevar a un joven a tomar un arma, y sentir el “hoy me convierto en San Martin”, como mensajeó la chica del conurbano Brenda Uriarte.

Estudié como surgieron los comandos civiles pertenecientes a las “mejores” familias de San Isidro y Barrio Norte. Incluso conocí un par de ellos, sobre quienes escribí varias notas. Tengo amigos unos años mas viejos que yo, que se iniciaron en Tacuara en los años 60, poniendo bombas en las sinagogas. Tengo amigos que pasaron por todas las etapas de la guerrilla en los 70, algunos que emanan sabiduría, y otros que no han evolucionado nada y lucran de su pasado “heroico”. No me considero con autoridad moral, ni científica, para dar respuestas terminantes. Solo intento romper con los discursos comúnmente aceptados, y forzar la reflexión.

Como dijo el Papa Francisco “ los actos de violencia son precedidos por palabras de violencia” . Y las palabras de violencia nacen de los discursos políticos binarios. Nosotros somos los buenos, y todo lo nuestro esta inspirado en los sentimientos mas excelsos. Los otros son los malos, y todo lo que dicen o hacen es absolutamente negativo y censurable.

Esta mecánica induce a las partes a no reconocer ningún error propio , porque eso es “mostrar debilidad o desunión ante el enemigo”. Y a no reconocer ninguna razón en el otro, porque mostraría debilidad ideológica y es “darle aire al enemigo”. El otro ingresa en la categoría de enemigo, y, al enemigo se lo combate. Vemos en el texto que rápido llegue a la palabra combate. Y el combate civilizado es por la prensa, en la justicia, en las elecciones, porque las enormes mayorías son gente de paz. Pero, minorías iluminadas y redentoras siempre hay, y si se les prepara el caldo de cultivo con los discursos, puede aparecer una Brenda y sus copitos intentando un magnicidio.

El negocio político de la grieta

El 4 de octubre Francisco envió una nota al obispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández, a raíz de la iniciativa que tomo, de reunir en un acto académico a dirigentes de todos los sectores políticos. Decía Francisco en su nota: “a veces estas pequeñas ‘treguas' impiden que sigan avanzando la violencia y los enfrentamientos. Eso nunca hace bien a un país y termina lastimando sobre todo a los que más sufren. Hay mucho por hacer en Argentina, para que todos puedan vivir de la dignidad del trabajo y para que no haya ciudadanos de segunda. Pero nada importante ni estable se logrará con la polarización agresiva”.

Francisco en la encíclica Fratelli Tutti escribió: “Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte. La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación. En esta pugna de intereses que nos enfrenta a todos contra todos, donde vencer pasa a ser sinónimo de destruir”

Esta claro que las grietas no son patrimonio argentino. Aunque aquí el fenómeno peronismo-antiperonismo va a cumplir pronto 80 años. También, es justo reconocer, que esa confrontación tuvo un largo periodo de tregua, diría de 1970 al 2008 por hacer un trazo grueso. Sin embargo en la ultima década la polarización resultó y resulta rentable electoralmente para ambos lados.

La viga en el ojo propio

Como deje en claro, denuncie y advertí sobre los discursos de odio de la nueva derecha, hace dos años atrás; y como devolución recibí agresiones en las redes de ese sector. Advierto esto, porque lo que voy a exponer a continuación, va a motivar la indignación de muchos que están de este lado de la grieta. Lado en el cual estoy sentado, cada vez mas incómodamente.

Muchachos no es cierto que ellos son el odio y nosotros somos el amor. No es cierto que todo lo que hicimos y hacemos nosotros es genial y todo lo que hace el adversario es parte de un pensamiento dictatorial, nazi, etcétera.

Son demasiados los temas sobre los cuales reflexionar y debería escribir varios capítulos. Hablaré de algunas experiencias vinculadas al palabrerío de violencia que también existe de este lado de la grieta.

Comenzaré por lo que vimos en las redes luego del atentado contra Cristina. La repetición de las palabras guerra civil. Por ejemplo un conocido twitero K escribió: “Son conscientes que si ese disparo salía del arma, acá no quedaba piedra sobre piedra? si la bala salía estaríamos quemándolo todo, este país estaría terminado, sumergido en la violencia más cruda.” Otro imaginó : “En un universo paralelo donde la bala salió de la pistola, hoy en Argentina empieza una guerra civil cuyo final es imposible prever.” Estos discursos de guerra se acompañaban de un video de Perón en 1968, diciendo “me arrepiento de no haber fusilado a todos los militares sublevados en 1955”, dicho en oportunidad y contexto, que no era el mismo del ultimo Perón de 1973 pregonando que “para un argentino, no hay nada mejor que otro argentino”.

El pasado 25 de septiembre publique una nota sobre el asesinato de Rucci. Y, en un grupo de WhatsApp donde hay mas de cien integrantes, alguien me respondió con una foto de las Traviatta y la frase “fue un acto de justicia”. Para quienes no saben, en el 73 las galletitas Traviatta se publicitaban como “las de los 23 agujeritos” ; 23 balazos le pegaron a Rucci. Lo llamativo, es que en el grupo de wasap, varios apoyaron al de la Traviatta y nadie dijo “paren que eso es un discurso de odio”. En Facebook vi la misma discusión, donde Anibal Rucci (hijo de Jose Rucci) hizo una defensa de su padre, y le respondieron “tu homónimo era un facho HDP y bien muerto esta”, incluso sin reparar que estaban diciéndole eso a un hijo que perdió su padre.

Si vamos más atrás, podemos recordar la consigna “Cobos traidor, a vos te va a pasar, lo que le pasó a Vandor” . No sé si todos saben que le pasó a Vandor ( lo mismo que a Rucci). Incluso en un momento, se lo cantaron a Hugo Moyano, cuando en 2015 coqueteaba con Macri. También alguien muy reconocido dijo “aquí se tendrían que morir un 30% de HDP que votan a Macri”. O ese clise de colgarle a cualquiera que no nos gusta, el rotulo de colaborador con la dictadura, desde una agente de transito, al Papa Francisco. O la insistente comparación de Macri y Larreta con Videla . Videla, muchachos, carga sobre sus espaldas 30 mil desaparecidos. Macri es (para mi gusto) un tipo de pocas luces, que cree en el neoliberalismo, y su política económica nos llevó a la ruina. Pero, compararlo con una asesino múltiple como Videla es un exceso innecesario, sobre todo considerando que una mayoría del país lo voto para ser presidente constitucional".

Bueno, hasta aquí mi intento de romper con los discursos predominantes y llamar a la reflexión. Suficiente para recibir una catarata de indignados de ambos lados. Pero qué sé yo, alguien lo tiene que decir.

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