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Villa Florencia: un barrio con 100 años de historia

Sus fundadores fueron Enrique Nordenstrom y Florencia Ochagavía. Se asentaron sobre quintas y chacras. Su prolífica descendencia y recordados vecinos continuaron la obra iniciada por ellos.

Por Vicky Chávez

Neuquén > El libro “Historias de Villa Florencia” es una compilación de documentos y testimonios de los vecinos de este barrio, de sus vidas como constructoras de lo pequeño, de lo no hegemónico, de lo solidario sin gesta, de lo pobre digno y un escenario que intenta rescatar recuerdos atesorados en la memoria para que no caigan en el olvido.
Al observar el entorno en donde está emplazada la capital de la provincia neuquina, no podemos dejar de rememorar los sueños de aquellos hombres que entre 1903 y 1904 imaginaron y llevaron a cabo el traslado de la capital territorial. Alojado en una carpa en donde hoy se encuentra el Palacio Municipal, Carlos Bouquet Roldán trazaba un plano de la ciudad.
Podemos afirmar y aseverar que Neuquén ha sido siempre tierra de migraciones permanentes, fenómeno que desde comienzos del siglo XX se ha mantenido constante.
 
La historia
En la  conmemoración del 106 aniversario de la ciudad de Neuquén, la Municipalidad y el Centro de Estudios de Historia Regional de la Universidad Nacional del Comahue decidieron lanzar el concurso "Historia de los barrios neuquinos". Este escrito es una síntesis del trabajo ganador del primer premio, “Historias de Villa Florencia, un barrio con nombre de mujer”, a cargo de la Sociedad Vecinal del barrio y Biblioteca Popular Hugo M. Berbel.
Esta encomiable tarea de la recopilación de documentos y testimonios fue llevada a cabo por Ada Cristina Marquat, y la segunda parte por profesionales de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Neuquén y personal de la Biblioteca Popular Hugo M. Berbel. Las señoras Andrea Cobos y Susana Cinquegrani y la Comisión Directiva (Presidente: Miguel Ángel Savone, Vicepresidente: Marta Silva, Tesorera: Olga Jaccod y Secretario: Lucio Mansilla. Recopilación: Colección de fotos gentileza de Luis Lugones).
Sociedad Vecinal del barrio Villa Florencia (2003-2007) Presidente: Ángel R. Painenao. Vicepresidente: José T. Sides. Secretaria. Beatriz San Martín. Tesorero: Claudio A. Painenao. Vocal José L. Aguayo. Vocal: Teresa Parra. Miembros que participaron de la gestión: Daniel Rivera. Sonia Gómez. María Bases. Isolina Rojas. Jorge Urrutia. Pablo Jara. Omar Navarrete. Honorio Pino. Bella Sáez. Edmundo Sepúlveda. Alejandro Sastre y Juan Gómez.
 
Lo barrial
La etimología de la palabra barrio hace alusión a un espacio situado “afueras de la ciudad”. Pero más acá de las definiciones, sabemos que todo barrio es un sector en que se divide un pueblo o ciudad, determinado por factores humanos o comerciales, espontáneos o acorde con las estructuras económicas y sociales dominantes.
Villa Florencia nace a partir del loteo de la quinta 39, ubicada en las afueras de la ciudad, loteo al que se arriba debido al estado de improductividad en el que se encontraba. Pero un barrio va más allá de lo urbanístico, también se manifiesta en los valores que los vecinos consideran relevantes y con los que se identifican. Por tanto, el sentido de pertenencia, el arraigo, aflora como una fuerte característica, según manifestaron vecinos que en diferentes momentos fueron ocupando el espacio.
 
Quintas y chacras de la Confluencia
Podemos inferir que Neuquén se fue formando a partir del loteo de quintas y chacras. La división fue conformando el ejido urbano y dejando atrás, de a poco, la antigua condición de chacra.
Por caso, Villa Florencia se erige en el espacio que fuera de la mencionada quinta 39 y de las 23, 24 y 40, y también de las chacras 88, 89 y 100.
Estas tierras eran vendidas por la Compañía Nueva España, a la sazón la mayor administradora de tierras. Los datos que a continuación se detallan son síntesis del material obsequiado por la Comisión Vecinal del barrio Villa Florencia.
La Quinta 39 era propiedad de Enrique Nordenstrom. Su loteo, iniciado en la década del '20, es el comienzo del barrio. Nordenstrom lo llamó Villa debido a que era un solar chico, ocho manzanas que recordaban a los pequeños poblados españoles, y Florencia porque así se llamaba su esposa. Los compradores de los lotes venían del interior del territorio nacional del Neuquén y de Río Negro, de la Provincia de Buenos Aires y de Chile, trabajadores de la tierra y de la construcción que levantaron sus casas con paredes de adobe y techos de chapas. Las calles no tenían nombre. Hoy comprende las calles Fray Luis Beltrán, Daniel Gatica, Lanín y Leguizamón. Uno de los antiguos pobladores, José Tralamán, dijo: "Antes, Villa Florencia llegaba hasta la calle Palacio y Coronel Uriburu, hoy pertenecientes al barrio La Sirena".
De 1940 a 1960 se continuó con el loteo del barrio y la llegada de nuevos vecinos.
 
Límites actuales
Las calles que establecen los límites del barrio son: por el norte, Juan Julián Lastra; al sur, La Plata y San Rafael; al este, Onésimo Leguizamón, y al oeste, Ignacio Rivas. Vecino a Villa Florencia estaba Villa Carro, nacida del loteo la chacra 100 efectuado entre los años 1969 y 1970, operación que estuvo a cargo de la Inmobiliaria Seleme. Hoy, ese sector es conocido con el nombre que recibiera el loteo: Amulén.
 
El germen del barrio
Un pionero de estas tierras fue Enrique Nordenstrom. Nació en la Capital Federal el 9 de noviembre de 1851. Hijo de Eulogio Carlos, descendiente de noruegos, y de Damiana Sosa, nativa de Corrientes. De muy joven recorrió la provincia de Buenos Aires desempeñándose como maestro. En 1881 conoció a Florencia Ochagavía, se casaron y tuvieron catorce hijos. En 1902 arribaron a Neuquén, juntamente con la llegada del ferrocarril y antes de que se trasladara la Capital. Le entregaron dos solares en las quintas 24 y 39, y el gobierno nacional les dio el título de propiedad en 1912.
 
Las tareas municipales
Por su capacidad demostrada, Enrique fue designado presidente del Consejo Municipal, cargo ad honorem que ocupó desde el 29 de mayo de 1909 hasta el 12 de abril de 1911.
Uno de sus hijos, Enrique Ignacio, por elección popular fue elegido presidente del Consejo Municipal el 15 de febrero de 1928, cargo al que renunció al año siguiente.
En mayo de 1950, otro de sus hijos, Ismael, fue elegido para ocupar el mismo cargo hasta 1952.
 
El trabajo en el correo
Muchos de los integrantes de esta numerosa familia estuvieron ligados al Correo. Se desempeñaron como telegrafistas, mensajeros y hasta carteros. Algunos, incluso, llegaron a conocer los secretos del alfabeto Morse.
Héctor recordaba que su papá y su tío Ismael se sentaban en las cabeceras de la gran mesa y se comunicaban en Morse para que los chicos no se enteraran qué decían.
 
La labor de Florencia Ochagavía
Generalmente, el rol de la mujer de antaño se mantenía en la esfera de lo privado. Había nacido en Tandil el 7 de noviembre de 1859, en donde conoció a su futuro esposo y con quien comenzó un romance que duró toda la vida. Sus nietas recordaron el amor que se tenían y cómo se trataban, lo que quedó plasmado en la carta que Enrique le dedicara al cumplir las Bodas de Oro en 1936.
Florencia participaba de una sociedad de beneficencia, formada por damas que juntaban ropa para los más necesitados.
Los vecinos la recuerdan como una mujer dedicada a su familia, muy instruida, sencilla y campechana. Tejía al crochet, hacía carpetas, recorría la quinta con la azada y el rastrillo, regaba o cosechaba los frutos de su trabajo, cuidaba de las pasturas para los animales, vacas y caballos.
Lamentablemente, en 1938 sufrió un ataque que la dejó hemipléjica. Fue cuidada por sus hijas y vecinas del barrio. Algunas de ellas fueron Isabel Chabela Castro, quien trabajó cuando tenía 12 años; Benita Galaz, cuyo padre trabajaba en las aras de la familia Nordenstrom y su mamá, Elealda Leiva, trabajaba en las tareas domésticas y también en el cuidado de Florencia.
En 1941 enviudó  y quedó al cuidado de su hija Emma y de su yerno, José Pedro Moré.
En 1949 se fueron a vivir los tres a Tandil, cumpliendo el anhelo de volver a su pueblo. En 1958 falleció a los 99 años.
Su casa, “La Florencia”, fue loteada. En 1949 se comenzaron a vender los terrenos, como así también los de la quinta 39. El poder para realizar todos los trámites recayó en José Pedro Moré y luego en su hijo Rodolfo Moré.
Esto dio lugar a que se sumaran nuevos vecinos: Zúñiga, Torres, Balboa, Ibáñez, Vásquez, Castro, Ferrari, Muñoz, Galaz, Castillo, Parada, Mora, García, Tralamán, Durán, Sepúlveda y  Troncoso.
 
El patriarca de Neuquén
Enrique fue una persona muy querida por todos los vecinos de Neuquén. Estuvo cincuenta años al servicio del Estado, en gran parte sin cobrar sueldo. Falleció un 1 de mayo de 1941.
Por su rectitud, solidaridad,  desinterés y amor por los demás se lo llamó “El Patriarca de Neuquén”.
 
Geografía y paisaje del barrio
El trabajo que narra la historia del barrio está plagado de testimonios de los vecinos:
-“Cuando llegamos todo esto era campo, puro médanos y monte”.
-“Teníamos que salir por todo esto que eran medanales hasta la costa, al fondo de la calle Río Negro a buscar leña para calefaccionarnos, era una isla y ahí había mucha leña de sauce y cargábamos y llevábamos todo al hombro”.
-“La calle Beltrán estaba abierta y corría paralelo un desagüe que descargaba las aguas de las chacras y sobre la calle Cháneton había un puente de fierro para cruzarlo”.
-“El arroyo Durán, el verdadero, pasaba por la calle La Plata y Chaneton, cruzaba la calle Lanín y salía a Don Bosco, en barrio Nuevo”.
-“No teníamos luz, el primer foco o farol estaba en la Ruta 22 y Lainez”.
-“La canilla de agua estaba, primero, en donde está el colegio Don Bosco, después la corrieron a Beltrán y Cháneton, donde estaba el puente de fierro”.
Los relatos continúan en el libro, en el que cada familia da cuenta de cómo fue abriendo canales y surcos para regar sus quintas.
Tierra, monte, médanos, yuyos y agua era el paisaje del barrio que empezaba a formarse, y con esos elementos se hacían los adobes para levantar las casas.
Es un barrio construido con esfuerzo propio, donde la tierra valía 0,20 centavos el metro y se pagaba $ 1,50 moneda nacional por mes.
Hoy el barrio tiene otro aspecto, ya no existe el desagüe de la calle Luis Beltrán, ni el puente de “fierro” de la calle Cháneton. Se rellenó y tapó desde el Polo Club (hoy Portal de la Patagonia) hasta la calle Leguizamón. Tampoco tenemos el Arroyo Durán ni los desvíos que construyeran los antiguos vecinos. Además, desde el año 2002 las calles están asfaltadas.
Villa Florencia cumple 100 años de vida. Su impronta, sus recuerdos y su historia la hacen merecedora de esta primera entrega. Es lo que nos legaron Enrique Nordenstrom y Florencia Ochagavía.