La genealogía genética forense, el método que logró identificar a una víctima del 11-S casi 25 años después
A un cuarto de siglo del peor atentado en la historia de Estados Unidos, los forenses hallaron la clave científica para resolver el misterio que aún envuelve a más de mil desaparecidos.
A casi 25 años de los atentados del 11 de septiembre, la ciudad de Nueva York logró identificar a una víctima del World Trade Center mediante un método que no existía cuando ocurrió el ataque: la genealogía genética forense, una técnica que combina análisis de ADN con la reconstrucción de árboles familiares para encontrar coincidencias cuando no hay muestras de referencia directa de los familiares. La víctima identificada era una mujer adulta cuya familia pidió que su nombre no se difundiera públicamente.
Con esta nueva identificación, el número de víctimas formalmente reconocidas por las autoridades llegó a 1.654. El atentado dejó cerca de 3.000 muertos en total, lo que significa que todavía quedan casi 1.100 víctimas sin identificar, el equivalente a cerca del 40% del total de personas que murieron en el ataque.
"Estoy encantado de poder decir que aplicamos nuevos métodos a los esfuerzos de identificación del World Trade Center y que tenemos una nueva identificación por primera vez en 25 años con estas nuevas técnicas, la genealogía genética forense", declaró el médico forense jefe de Nueva York, Jason Graham, en declaraciones recogidas por ABC News.
El detective Gregory Paduano señaló que, cuando ocurrieron los ataques, esta tecnología todavía no existía y que su uso abre nuevas posibilidades para avanzar en las identificaciones pendientes.
Genealogía genética forense: cómo funciona y cuántos casos podría resolver
La genealogía genética forense ya fue utilizada con éxito en investigaciones criminales y en expedientes de personas no identificadas en Estados Unidos. Ahora se aplica por primera vez a los restos vinculados al atentado contra las Torres Gemelas.
El método trabaja con perfiles de ADN que no coinciden con las muestras de referencia entregadas por los familiares de las víctimas y construye árboles genealógicos a partir de bases de datos públicas para encontrar parientes lejanos que permitan llegar a una identificación.
La antropóloga forense Jennifer Odien, integrante de la Oficina del Médico Forense de Nueva York, aclaró que la técnica no puede aplicarse de manera automática a todos los casos pendientes.
El trabajo actual se concentra en perfiles específicos donde el método tiene mayores probabilidades de éxito: hay 47 perfiles que podrían resultar aptos para nuevas identificaciones por esta vía, una cifra que representa una porción menor dentro del total de víctimas sin reconocimiento oficial, pero que abre una puerta concreta después de años sin avances.
Graham subrayó que el atentado contra el World Trade Center constituyó "el mayor asesinato masivo en la historia de Estados Unidos" y que incorporar innovaciones científicas a la tarea de identificación permite sostener el compromiso asumido con las familias de las víctimas, muchas de las cuales llevan casi un cuarto de siglo esperando una confirmación oficial sobre el destino de sus seres queridos.
A casi 25 años del 11 de septiembre
El 11 de septiembre de 2001 amaneció para los Estados Unidos como un día más y anocheció como el más trágico de su historia moderna. A las 8.46, un Boeing de American Airlines, secuestrado por cinco terroristas, impactó entre los pisos 93 y 99 de la torre norte del World Trade Center, centro neurálgico financiero y comercial de los Estados Unidos.
El pánico comenzó a reinar en NYC y a expandirse por todo el país. Y mientras el resto del planeta se pellizcaba para saber si lo que veía en televisión era cierto o un invento de Hollywood, a las 9.37 un tercer avión —también de American Airlines— se estrelló contra el ala oeste del Pentágono, donde funciona el Departamento de Defensa norteamericano.
A las 10.03 una cuarta aeronave comercial, en este caso de United Airlines, cayó en un campo en Pensilvania, aunque esto se debió a una puja entre los pasajeros y quienes tripulaban el avión, sus secuestradores (esto se confirmó tras hallar e investigar la caja negra) que evitó que el choque fuese contra su verdadero objetivo: la Casa Blanca.
Mientras, las torres ardían y muchísima gente no tenía escapatoria. Estaban encerrados en un verdadero infierno en la torre y muchos elegían tirarse al vacío desde los ventanales sabiendo que no podrían ser rescatados ni lograrían bajar por ninguna escalera o ascensor.
Entre la desesperación de los atrapados, la de los bomberos, policías y voluntarios que arriesgaban y daban su vida por rescatar gente que estaba en el WTC, un minuto antes de las 10, la torre Sur, la que recibió el impacto del segundo avión, se desplomó sin más, agregando a la escena el dramatismo propio de un film que no tendrá final feliz. Ese hecho fue la sentencia de que más temprano que tarde también colapsaría la otra torre, la Norte, y eso ocurrió 29 minutos después.
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